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¿Qué tendrá la hija del sepulturero que con asco la miran los mozos, que las mozas la miran con miedo? Cuando llega el domingo a la plaza y está el bailoteo como el Sol de alegre, vivo como el fuego, no parece sino que una nube se atraviesa delante del cielo; no parece sino que se anuncia, que se acerca, que pasa un entierro… Una ola de opacos rumores sustituye al febril charloteo, se cambian miradas que expresan recelos, el ritmo del baile se torna más lento y hasta los repiques alegres y secos de las castañuelas callan un momento… […]

Desde Rijmenam lanzo pensamientos, lazos por el espacio; y, mira, flotan sueltos se tornan aros y ¿qué?, ¿dónde?; no vuelven a mí. Estoy sentado aquí y pienso ¿dónde están mis aros, dónde mis lazos? Y presumo que mis pensamientos muy allá lejos preguntan ¿qué? ¿dónde?: es Fa Claes en Rijmenam.

De noche, bajo el cielo desolado, pienso en tu amor y pienso en tu abandono, y miro, en mi interior, deshecho el trono que te alcé como a un ídolo sagrado. Al ver mi porvenir despedazado por tu infidelidad, crece mi encono; mas, como sé que sufres, te perdono. ¡Oh!… ¡Tú, jamás me hubieras perdonado! Mis lágrimas, en trémulo derroche, ruedan al fin.. y al punto, en inaudito arranque, a Dios elevo mi reproche. Pero se pierde, entre el negror mi grito y sólo escucho, en medio de la noche, del silencio el monólogo infinito.

¿Son de Tolú, o son de Puertorrico, Ilustre y hermosísima María, O son de las montañas de Bujía La fiera mona y el disforme mico? Gracioso está el balcón, yo os certifico; Desnudadle de hoy más de celosía. Goce Cuenca una y otra monería, Den a unos de cola, a otros de hocico. Un papagayo os dejaré, señora (Pues ya tan mal se corresponde a ruegos Y a cartas de señoras principales), Que os repita el parlero cada hora Como es ya mejor Cuenca para ciegos, Habiéndose de ver fierezas tales.

¿Vos sois Valladolid? ¿Vos sois el valle De olor? ¡Oh fragrantísima ironía! A rosa oléis, y sois de Alejandría, Que pide al cuerpo más que puede dalle. Serenísimas damas de buen talle, No os andéis cocheando todo el día, Que en dos mulas mejores que la mía Se pasea el estiércol por la calle. Los que en esquinas vuestros corazones Asáis por quien, alguna noche clara, Os vertió el pebre y os mechó sin clavos, ¿Pasáis por tal que sirvan los balcones, Los días a los ojos de la cara, Las noches a los ojos de los rabos?