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1962

Victor Botas · 2025

Dialogar mal que bien cada mañana con Cicerón y César. Descubrir el amor bajo la sacra especie del junco más flexible y la melena al viento mientras las olas mueren en la playa y es una fuga el tiempo, trepidante de twist quisiera ser y quiéreme muy fuerte amor. Tener sólo presente -sin memoria ni fábula: perfecto- como una joya inquieta entre las manos. (Allá fuera las calles de Madrid se cubrían de silenciosa nieve y yo enterraba el año y estos ojos en aquellos contrarios que no lo parecían de tan así que eran.) Ser yo mismo y no […]

I Ya no es mágico el mundo. Te han dejado. Ya no compartirás la clara luna ni los lentos jardines. Ya no hay una luna que no sea espejo del pasado, cristal de soledad, sol de agonías. Adiós las mutuas manos y las sienes que acercaba el amor. Hoy sólo tienes la fiel memoria y los desiertos días. Nadie pierde (repites vanamente) sino lo que no tiene y no ha tenido nunca, pero no basta ser valiente para aprender el arte del olvido. Un símbolo, una rosa, te desgarra y te puede matar una guitarra. II Ya no seré feliz. […]

"Cuando dejamos estas ciudades Que parecen bellas y neutras Con sus delgadas columnas Con sus rectas conquistadoras Con sus chimeneas de fe Con sus gigantes…

"Cuando Dios desaparece contigo O cuando Dios se te aparece O cuando la tierra nos siente partir En estos países que se disputan La materia…

Sí. Cuando quiera yo la soltaré. Está presa, aquí arriba, invisible. Yo la veo en su claro castillo de cristal, y la vigilan -cien mil lanzas- los rayos -cien mil rayos- del sol. Pero de noche, cerradas las ventanas para que no la vean -guiñadoras espías- las estrellas, la soltaré. (Apretar un botón.) Caerá toda de arriba a besarme, a envolverme de bendición, de claro, de amor, pura. En el cuarto ella y yo no más, amantes eternos, ella mi iluminadora musa dócil en contra de secretos en masa de la noche -afuera- descifraremos formas leves, signos, perseguidos en mares […]

Un hombre sale al patio trasero de su casa (ahí no llega nunca el duro viento del otoño) tiene en sus manos una pequeña copa de aguardiente y se mesa con cariño el cabello aquí las canas del hambre aquí las de aquel día en que fue héroe entre miles de héroes aquí las huellas del asco las señales de quien tocó con dedos jóvenes la grandeza las del temor la de la inmensa alegría las del todopoderoso conocimiento En el fondo del cielo luce una estrella que él llama esperanza el hombre alza su copa y bebe.

¡Oh hijo de los dos Hisam! el más generoso de los hombres, el mejor pasto para quien lo anda buscando. ¡cuando entra en el combate, blandiendo su lanza, tiñe su extremo de pusísimo rojo! Decidle: ¡Oh el e más preclaro linaje de todos los humanos de noble estirpe por sus padres y abuelos! Has sido generoso conmigo y no has consentido en mi injusticia: por ello has de ser siempre alabado. Si acampo, me cubres con tus dones, y si parto, me das el viático para el camino.

Mientras que acaso piensa tu tristeza en la patria distante y sientes frío al mirar donde estás, y el desvarío de la fiebre conmueve tu cabeza, yo soñando en tu amor y en tu belleza, amor jamás por mi desgracia mío de la profundidad de mi alma, envío a la pena un saludo de terneza. Si cuando va mi pensamiento errante a buscarte en parejas de otro mundo con la nostalgia se encontrara a solas sobre las aguas de la mar gigante entre el cielo purísimo y profundo y el vaivén infinito de las olas.

A ti vengo ¡oh al-Hakam! doliente por Abu-l-Majsi. ¡Dios riegue su tumba de lluvia perenne! Yo vivía en la abundancia, amparada en su bondad, hoy me refugio en la tuya ¡oh al-Hakam! Tú eres el guía al que toda la gente sigue y al que todas las naciones dieron las llaves del poder. Nada temo si tú eres el escudo en el que me protejo; ningún mal podrá afligirme. ¡Continúa cubierto de una gloria que hace someterse a árabes y no árabes!

Lo que me quita en fuego, me da en nieve La mano que tus ojos me recata; Y no es menos rigor con el que mata, Ni menos llamas su blancura mueve. La vista frescos los incendios bebe, Y volcán por las venas los dilata; Con miedo atento a la blancura trata El pecho amante, que la siente aleve. Si de tus ojos el ardor tirano Le pasas por tu mano por templarle, Es gran piedad del corazón humano; Mas no de ti, que puede al ocultarle, Pues es de nieve, derretir tu mano, Si ya tu mano no pretende […]

Andrés, aunque te quitas la boina cuando paso y me llamas «señor», distanciándote un poco. reprobándome -veo- que no lleve corbata, que trate falsamente de ser un tú cualquiera, que cambie los papeles -tú por tú, tú barato-, que no sea el que exiges -el amo respetable que te descansaría-, y me tiendes tu mano floja, rara, asusta como un triste estropajo de esclavo milenario, no somos dos extraños. Tus penas yo las sufro. Mas no puedo aliviarte de las tuyas dictando qué es lo justo y lo injusto. No sé si tienes hijos. No conozco tu casa, ni tus […]

Bermejazo Platero de las cumbres A cuya luz se espulga la canalla: La ninfa Dafne, que se afufa y calla, Si la quieres gozar, paga y no alumbres. Si quieres ahorrar de pesadumbres, Ojo del Cielo, trata de compralla: En confites gastó Marte la malla, Y la espada en pasteles y en azumbres. Volvióse en bolsa Júpiter severo, Levantóse las faldas la doncella Por recogerle en lluvia de dinero. Astucia fue de alguna Dueña Estrella, Que de Estrella sin Dueña no lo infiero: Febo, pues eres Sol, sírvete de ella.