Mientras Corinto, en lágrimas deshecho, La sangre de su pecho vierte en vano, Vende Lice a un decrépito indïano Por cient escudos la mitad del lecho. ¿Quién, pues, se maravilla deste hecho, Sabiendo que halla ya paso más llano, La bolsa abierta, el rico pelicano, Que el pelícano pobre, abierto el pecho? Interés, ojos de oro como gato, Y gato de doblones, no Amor ciego, Que leña y plumas gasta, cient arpones Le flechó de la aljaba de un talego. ¿Qué Tremecén no desmantela un trato, Arrimándole al trato cient cañones?
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12,749 poemas¡Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Más no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante por las aguas. ¡Circe, noble diosa de los hermosos cabellos! Mi destino es cruel. Como iba resuelto a perderme, las sirenas no cantaron para mí.
A Claudio Rodríguez, recordando el día en que, con un cigarrillo temblándole en los labios, me dijo, en el Drugstore de Fuencarral, «a esta gente hay que ganarla». Aun cuando tejí mi armadura de acero el terror en mis ojos muertos. Aun cuando con mano blanca y nula hice de silencio tus orines y la nieve cae aún sobre mi cuerpo pese a ello se impone un silencio aún más hondo a los clavos que habían horadado mi cráneo: aun cuando sean huesos quizá lo que no tiembla aun cuando el musgo concluye mi pecho el terror remueve las cuencas […]
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Golpea el mar el casco del navío que me aleja de ti, patria adorada. Es medianoche; el cielo está sombrío; negra la inmensidad alborotada. Desde la yerta proa, la mirada hundo en las grandes sombras del vacío; mis húmedas pupilas no ven nada. Qué ardiente el aire; el corazón qué frío. Y pienso, oh patria, en tu aflicción, y pienso en que ya no he de verte. Y un gemido profundo exhalo entre el negror inmenso. Un marino despierta… se incorpora… aguza en las tinieblas el oído y oigo que dice a media voz ¿Quién llora?
¡Desgraciado Almirante! Tu pobre América, tu india virgen y hermosa de sangre cálida, la perla de tus sueños, es una histérica de convulsivos nervios y frente pálida. Un desastroso espirítu posee tu tierra: donde la tribu unida blandió sus mazas, hoy se enciende entre hermanos perpetua guerra, se hieren y destrozan las mismas razas. Al ídolo de piedra reemplaza ahora el ídolo de carne que se entroniza, y cada día alumbra la blanca aurora en los campos fraternos sangre y ceniza. Desdeñando a los reyes nos dimos leyes al son de los cañones y los clarines, y hoy al favor […]
"bajo un amplio cielo gris Charles Baudelaire Bebo los latidos de la ceniza En el velorio de los sueños Roto póstumo Deshaciendo oráculos Destruyendo arcos…
¡Oh excelso muro, oh torres coronadas De honor, de majestad, de gallardía! ¡Oh gran río, gran rey de Andalucía, De arenas nobles, ya que no doradas! ¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas, Que privilegia el cielo y dora el día! ¡Oh siempre glorïosa patria mía, Tanto por plumas cuanto por espadas! Si entre aquellas rüinas y despojos Que enriquece Genil y Dauro baña Tu memoria no fue alimento mío, Nunca merezcan mis ausentes ojos Ver tu muro, tus torres y tu río, Tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!
Tú me ofreces la vida con tu muerte y esa vida sin Ti yo no la quiero; porque lo que yo espero, y desespero, es otra vida en la que pueda verte. Tú crees en mí. Yo a Ti, para creerte, tendría que morirme lo primero; morir en Ti, porque si en Ti no muero no podría encontrarme sin perderte. Que de tanto temer que te he perdido, al cabo, ya no sé qué estoy temiendo: porque de Ti y de mí me siento huido. Mas con tanto dolor, que estoy sintiendo, por ese amor con el que me has […]
¿Quién es aquel Caballero herido por tantas partes, que está de expirar tan cerca, y no le socorre nadie? «Jesús Nazareno» dice aquel rétulo notable. ¡Ay Dios, que tan dulce nombre no promete muerte infame! Después del nombre y la patria, Rey dice más adelante, pues si es rey, ¿cuándo de espinas han usado coronarse? Dos cetros tiene en las manos, mas nunca he visto que claven a los reyes en los cetros los vasallos desleales. Unos dicen que si es Rey, de la cruz descienda y baje; y otros, que salvando a muchos, a sí no puede salvarse. De […]
a cuántos metros del bosque de las aceras y formas de estrella el sueño ha llevado su arco la tapia y sus colores la red del transcurrir el diminuto acero del recuerdo
Tras vos un Alquimista va corriendo, Dafne, que llaman Sol ¿y vos, tan cruda? Vos os volvéis murciégalo sin duda, Pues vais del Sol y de la luz huyendo. »Él os quiere gozar a lo que entiendo Si os coge en esta selva tosca y ruda, Su aljaba suena, está su bolsa muda, El perro, pues no ladra, está muriendo. »Buhonero de signos y Planetas, Viene haciendo ademanes y figuras Cargado de bochornos y Cometas.» Esto la dije, y en cortezas duras De Laurel se ingirió contra sus tretas, Y en escabeche el Sol se quedó a oscuras.