Tú (cuyo ilustre, entre una y otra almena De la Imperial Ciudad, patrio edificio Al Tajo mira en su húmido ejercicio Pintar los campos y dorar la arena), Descuelga de aquel lauro enhorabuena Aquellas dos (ya mudas en su oficio), Reliquias dulces del gentil Salicio, Heroica lira, pastoral avena. Llégalas, oh clarísimo mancebo, Al docto pecho, a la süave boca, Poniendo ley al mar, freno a los vientos; Sucede en todo al castellano Febo (Que ahora es gloria mucha y tierra poca), En patria, en profesión, en instrumentos.
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12,749 poemas"Este donquijotesco don Miguel de Unamuno, fuerte vasco, lleva el arnés grotesco y el irrisorio casco del buen manchego. Don Miguel camina, jinete de quimérica…
Salí, señor don Pedro, esta mañana A ver un toro que en un Nacimiento Con mi mula estuviera más contento Que alborotando a Córdoba la llana. Romper la tierra he visto en su abesana Mis prójimos con paso menos lento, Que él se entró en la ciudad tan sin aliento, Y aún más, que me dejó en la barbacana. No desherréis vuestro Zagal, que un clavo No ha de valer la causa, si no miente Quien de la cuerda apela para el rabo. Perdonadme el hablar tan cortésmente De quien, ya que no alcalde por lo Bravo, Podrá ser, por […]
¡Criollo, no: ¡Criollazo! Canta en el tono que rasques. Le llaman El Amigazo, Su nombre: ¡PORFIRIO VÁSQUEZ! Escúcheme, por favor, escúcheme aunque no quiera: cómo canta marinera, yo lo creo un trovador. Soy su fiel admirador, lo oí y le di un abrazo; donde él fui pasito a paso por sentir su melodía. Le digo, desde ese día ¡criollo, no: ¡Criollazo…! Es el adjetivo justo que merece un decimista, zapateador, jaranista, compositor de buen gusto. Perdóname si te asusto pero por Dios, no me atasques, que aunque la lengua me masques repetiré que es tan ducho que sin esforzarse mucho […]
Sacro pastor de pueblos, que en florida Edad, pastor, gobiernas tu ganado, Más con el silbo que con el cayado Y más que con el silbo con la vida; Canten otros tu casa esclarecida, Mas tu Palacio, con razón sagrado, Cante Apolo de rayos coronado, No humilde Musa de laurel ceñida. Tienda es gloriosa, donde en lechos de oro Victorïosos duermen los soldados Que ya despertarán a triunfo y palmas; Milagroso sepulcro, mudo coro De muertos vivos, de ángeles callados, Cielo de cuerpos, vestuario de almas.
Al sol peinaba Clori sus cabellos Con peine de marfil, con mano bella; Mas no se parecía el peine en ella Como se obscurecía el sol en ellos. Cogió sus lazos de oro, y al cogellos, Segunda mayor luz descubrió aquella Delante quien el Sol es una estrella Y esfera España de sus rayos bellos. Divinos ojos, que en su dulce Oriente Dan luz al mundo, quitan luz al cielo, Y espera idolatrallos Occidente. Esto Amor solicita con su vuelo, Que en tanto mar será un arpón luciente De la Cerda inmortal mortal anzuelo.
Tres veces de Aquilón el soplo airado Del verde honor privó las verdes plantas, Y al animal de Colcos otras tantas Ilustró Febo su vellón dorado, Después que sigo (el pecho traspasado De aguda flecha) con humildes plantas, (¡Oh bella Clori!) tus pisadas sanctas Por las floridas señas que da el prado. A vista voy (tiñendo los alcores En roja sangre) de tu dulce vuelo, Que el cielo pinta de cient mil colores, Tanto, que ya nos siguen los pastores Por los extraños rastros que en el suelo Dejamos, yo de sangre, tú de flores.
Blanca flor de los claustros, irrisorio capricho de don Juan, me abraso en gana de platicar contigo, bella hermana, en la paz del oscuro locutorio. Mi cabeza en tus senos, el mortuorio recuerdo evocarás de noche arcana en que oíste la voz de la campana, en brazos del sacrílego tenorio. De tus monjiles hábitos, contritos absolución demandan mis delitos; dales la luz de tu inviolada toca a las tinieblas de mi noche oscura y haz llover en mi erótica locura los besos conventuales de tu boca.
¿A dónde estás querube? ¿A dónde estás querube? No te has ido porque tu viento miro en los follajes en el cielo perdido de mi infancia que todavía me mira estremecido ¿A dónde estás? No dices nada aunque el tiempo se alargue en mis papeles sin tu sello sin tu alma sin tus pasos Fantasma no eres ni sombra escurridiza Eres bandera estatua que de bruces mide la tierra de mi parque solo donde la fuente ha tiempo ya no atrae al pájaro sediento de los aires ni a la frágil libélula del río ¿A dónde estás dulce raposa mujer […]
¿A dónde iremos? ¿A dónde iremos donde la muerte no exista? Más, ¿por ésto viviré llorando? Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre. Aún los príncipes a morir vinieron, los bultos funerarios se queman. Que tu corazón se enderece: aquí nadie vivirá para siempre.
¡Cómo se van las horas, y tras ellas los días y los floridos años de nuestra frágil vida! La vejez luego viene, del amor enemiga, y entre fúnebres sombras la muerte se avecina, que escuálida y temblando, fea, informe, amarilla, nos aterra, y apaga nuestros fuegos y dichas. El cuerpo se entorpece, los ayes nos fatigan, nos huyen los placeres y deja la alegría. Si esto, pues, nos aguarda, ¿para qué, mi Dorila, son los floridos años de nuestra frágil vida? Para juegos y bailes y cantares y risas nos los dieron los cielos, las Gracias los destinan. Ven ¡ay! […]
"En vano, Elisa, describir intento el dulce afecto que tu nombre inspira; y aunque Apolo me dé su acorde lira, lo que pienso diré, no…