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"(Elegía paternal) Este que traigo ahora con mis papeles es un libro recio y sombrío, como un redoble de tambores enlutados. -Eugenio D'Ors, Grandeza y…

(Fragmentos) Introducción I Levantaré la losa de una tumba; e, internándome en ella, encenderé en el fondo el pensamiento, que alumbrará la sociedad inmensa. Dadme una lira y vamos: la de hierro, la más pesada y negra; ésa, la de apoyarse en las rodillas, y sostenerse con la mano trémula, Mientras la azota el viento temeroso que silba en las tormentas, y, al golpe del granizo restallando, sus acordes difunde en las tinieblas; La de cantar, sentado entre las ruinas, como el ave agorera; la que, arrojada al fondo del abismo, del fondo del abismo nos contesta. Al desgranarse las […]

El pie del niño aún no sabe que es pie, y quiere ser mariposa o manzana. Pero luego los vidrios y las piedras, las calles, las escaleras, y los caminos de la tierra dura van enseñando al pie que no puede volar, que no puede ser fruto redondo en una rama. El pie del niño entonces fue derrotado, cayó en la batalla, fue prisionero, condenado a vivir en un zapato. Poco a poco sin luz fue conociendo el mundo a su manera, sin conocer el otro pie, encerrado, explorando la vida como un ciego. Aquellas suaves uñas de cuarzo, de […]

Mi vida, enferma de fastidio, gusta de irse a guarecer año por año a la casa vetusta de los nobles abuelos como a refugio en que en la paz divina de las cosas de antaño sólo se oye la voz de la madrina que se repone del acceso de asma para seguir hablando de sus muertos y narrar, al amparo del crepúsculo, la aparición del familiar fantasma. A veces, en los ámbitos desiertos de los viejos salones, cuando dialogas con la voz anciana, se oye también, sonora maravilla, tu clara voz, como la campanilla de las litúrgicas elevaciones. Yo te […]

"A Edith Zippericg y Antoni Mari. Fuera inútil ahora preguntarnos por qué el estío nos reunió entre sus manos claras como cabellos que trenzaran un…

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, a quien, aunque nunca he visto con fe profunda venero: heme postrado de hinojos ante tu altar esplendente, alzando a Ti de mis ojos la mirada reverente; humilde el suelo besando, dándome golpes de pecho, con cilicios macerando mis piernas de trecho en trecho; cubierto de cardenales de faz ancha y purpurina, que me sacan los ramales de esta dura disciplina; con el rostro macilento por causa de ayuno tanto, y entrecortado el acento por el más amargo llanto; suplicándote, Señor, por la sangre que vertiste para ser el Redentor del mundo que […]

Guarda mi corazón el balanceo de las altas palmeras, que un aire azul agita en la noche benigna. Siento en mí sus raíces nutrirse de mi sangre y que sus altos troncos, ingrávidos, insomnes, llevan las cicatrices, las marcas cenicientas de mi alma, que un día tatuaron los dioses. En las copas se mecen frutos siempre dorados y un sol rojizo y tibio dialoga con sus ramas, en las que trinan pájaros diáfanos: unos tienen alas turquesa y otros son negros, con los ojos chispeantes de verde musgo. Oh sí, por el jardín de Colva, aún siguen paseándose las serpientes […]

Por algún raro hueco destila la locura su belleza. No sólo la belleza del deseo, la del amor y las intensidades más escondidas y soñadas, sino esa otra belleza de lo incierto, esa locura del bien inasible, esa perplejidad ante lo estúpido de que la vida sea real y no los sueños. Esas mujeres astilladas, firmes en su profunda convicción de errar y de amar el error. Esas artistas del autoengaño, como Emily Brönte, esas poetas del salvaje viento, del irisado sol, de la segura e imprevisible tempestad del alma. No son muchas acaso, pero son. Y su golpe de […]