"Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre aquel que amó, vivió, murió por dentro y un buen día bajó a la calle: entonces comprendió:…
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12,749 poemasAquí estoy, ya dispuesta al sacrificio. Al preludio se abrieron los salones, bandos de aves volaron y pasaron, Los reflejos verdosos de la laguna en los tapices y el ruido de la seda color antiguo, los retratos helados, las paredes salobres, la luz azul de un diamante. El vacío del pasado.
Las horas que gentiles compusieron tal visión para encanto de los ojos, sus tiranos serán cuando destruyan una belleza de suprema gracia: porque el tiempo incansable, en torvo invierno, muda al verano que en su seno arruina; la savia hiela y el follaje esparce y a la hermosura agosta entre la nieve. Si no quedara la estival esencia, en muros de cristal cautivo líquido, la belleza y su fruto morirían sin dejar ni el recuerdo de su forma. Mas la flor destilada, hasta en invierno, su ornato pierde y en perfume vive.
"Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día. Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía, buscando los recodos de sombra, lentamente. A trechos…
Si tus labios en verdad fueran de azúcar y no solamente dulces, hace años que habría muerto… ¡Tú sabes que yo soy diabético!
Pero otro día toco tu mano. Mano tibia. Tu delicada mano silente. A veces cierro mis ojos y toco leve tu mano, leve toque que comprueba su forma, que tienta su estructura, sintiendo bajo la piel alada el duro hueso insobornable, el triste hueso adonde no llega nunca el amor. Oh carne dulce, que sí se empapa del amor hermoso. Es por la piel secreta, secretamente abierta, invisiblemente entreabierta, por donde el calor tibio propaga su voz, su afán dulce; por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias, para rodar por ellas en tu escondida sangre, como otra sangre […]
Si en vez de ojos me hubieran puesto piedras de ríos cristalinos o fragmentos volcánicos o semillas de ojo de venado. Con los húmedos ojos de un molusco me habría conformado para no tener nada con las lágrimas; quizá no contaría codazos ni empellones ni andaría buscándole bolsones de luz a las ciudades. El ánimo que falta para que siempre giren en torno a lo que vuela o se desliza o camina; lo que cuesta aguantar a las personas que viven con neurosis, callándose la gana de decirles que son como cebollas. Lo que cuesta mirar, y sin embargo no […]
A Raúl Luis Cuando un entierro con dos máquinas solas pasa y nadie se fija, yo tiemblo, me estremezco, palpito; siento miedo de ser un hombre. Pero me sobrepongo. Algo muy importante acaba de suceder en el mundo y empiezo a tararear el himno nacional. A estas alturas mi corazón no puede más. Había seguido con la vista el entierro. De pronto echo a correr, me reúno con los que están junto al hoyo, tomo valor yo también para dejar caer el terrón. Ese muerto es para mí el triunfo de la especie, ese muerto anónimo que fue el alma […]
"Salpiqué los rincones de gotas de esperanza, y a la alcándara muda encadené los trinos del pájaro encantado. Sólo allí renacía, allí sólo, en silencio,…
Callar puede ser una música, una melodía diferente, que se borda con hilos de ausencia sobre el revés de un extraño tejido. La imaginación es la verdadera historia del mundo. La luz presiona hacia abajo. La vida se derrama de pronto por un hilo suelto. Callar puede ser una música o también el vacío ya que hablar es taparlo. O callar puede ser tal vez la música del vacío.
Porque escribo estoy así Por Qué escribí porque escribí ′es Toy vivo′, la poesía Terminóo con- migo. huero V a c u o gastado e in-nútil ejer- Cisio: "el adjetivo mata, Matta…!’ Fri-volidad ociosa, tediosa y Esporádica -hasta un cierto punto: ; sobrevivo a una muerte que podría vivirse. Ademáas, la poesía Me abandona a medio día ; cuando escriba, no conduzca no Corra: poesía hay en todas partes Sólo para n o s o t r o s mueren todas las cosas el Sol: bajo nada Nuevo: decadentismo de tercera Mano a mano hemos quedado a o a a […]
No basta que en su cueva se encadene el uno y otro proceloso viento, ni que Neptuno mande a su elemento con el tridente azul que se serene; ni que Amaltea el fértil campo llene de fruta y flor, ni que con nuevo aliento al eco den las aves dulce acento, ni que el arroyo desatado suene. En vano anuncias, verde primavera, tu vuelta de los hombres deseada, triunfante del invierno triste y frío. Muerta Filis, el orbe nada espera, sino niebla espantosa, noche helada, sombras y susto como el pecho mío.