Todos los poemas

Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.

12,749 poemas
Mostrando 12,749 poemas

Cuando me tienda en la vejez como en un mal cerrado sepulcro maldeciré tu nombre Sólo porque esta noche enajenado y absorto en tu cuerpo he deseado que fueras eterna y no sabía si pegarte o llorar.

A ti vuelvo y en ti buscando aliento; -Isla del sol- o de mí noche de estrellas, si heridas me restañas y alma sellas es techo y heredad, tu sentimiento. Un átomo de amor en las centellas, o la virtud más dulce, yo presiento: diosecillo de luz, mi pensamiento en ti árbol grabó, sus tiernas huellas. Te leo entre anaqueles de la Historia -y aquella bronca paria- en la memoria en la corteza afirma una exicstencia. de los mutables ciclos por escalas que un dios y el tiempo entre sus verdes galas, ¡dio el palpitante origen de su Ciencia…!

"Los sacerdotes egipcios fueron nuestros últimos testigos; perduró la leyenda por boca de Platón. Nueve anillos de agua y nueve de tierra, y de anillo…

Puerto Rico, Patria mía, la de los blancos almenares, la de los verdes palmares, la de la extensa bahía: ¡Qué hermosa estás en las brumas del mar que tu playa azota, como una blanca gaviota dormida entre las espumas! En vano, patria, sin calma, muy lejos de ti suspiro: yo siempre, siempre te miro con los ojos de mi alma: En vano me trajo Dios a un suelo extraño y distante: en vano está el mar de adelante interpuesto entre los dos: En vano se alzan los montes con su manto de neblina: en vano pardas colinas me cierran los […]

Cebolla, luminosa redoma, pétalo a pétalo se formó tu hermosura, escamas de cristal te acrecentaron y en el secreto de la tierra oscura se redondeó tu vientre de rocío. Bajo la tierra fue el milagro y cuando apareció tu torpe tallo verde, y nacieron tus hojas como espadas en el huerto, la tierra acumuló su poderío mostrando tu desnuda transparencia, y como en Afrodita el mar remoto duplicó la magnolia levantando sus senos, la tierra así te hizo, cebolla, clara como un planeta, y destinada a relucir, constelación constante, redonda rosa de agua, sobre la mesa de las pobres gentes. […]

Las ruedas rechinan en la curva de los rieles Implacablemente. Pero yo salvé de mi naufragio Los elementos más cotidianos. Mi cuarto resume el pasado de todas las casas que habité. En la noche En el duro corazón de la ciudad Me siento protegido. Desde el jardín del convento Viene el trinar de la coruja. Dulce como arrullo de paloma. Sé que mañana cuando despierte Oiré el martillo del herrero Golpear animoso su canción de certidumbres.

Alegráos con las flores que embriagan, las que están en nuestras manos. Que sean puestos ya los collares de flores. Nuestras flores del tiempo de lluvia, fragantes flores, abren ya sus corolas. Por allí anda el ave, parlotea y canta, viene a conocer la casa del dios. Sólo con nuestras flores nos alegramos. Sólo con nuestros cantos perece vuestra tristeza. Oh señores, con esto, vuestro disgusto de disipa. Las inventa el dador de la vida, las ha hecho descender el inventor de sí mismo, flores placenteras, con ellas vuestro disgusto se disipa.