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No sos mío no estás en mi vida a mi lado no comés en mi mesa ni reís ni cantás ni vivís para mí somos ajenos tú y yo misma y mi casa sos un extraño huésped que no busca no quiere más que una cama a veces. Qué puedo hacer cedértela. Pero yo vivo sola.

¡Bella forma gentil, idolatrada; no animes de tu cuerpo la escultura con el fuego de un alma enamorada! ¡Forma ideal, de lo ideal pagano! pues que la forma es sólo tu hermosura, y no es divino en ti sino lo humano. Mi alma que a los sentidos se avasalla, a ti se rinde con delirio insano; y este amor desbordado que en mí estalla, vivirá de sí mismo y tu belleza. No muestres, pues, de tu alma la bajeza; yo amaré por los dos. Tú, besa y calla.

Yo te digo: «Alma mía, tú saliste con vestido nupcial de la plomiza eternidad, como saldría una ala del nimbus que se eriza de rayos; y una mañana has de volver al metálico nimbus, llevando, entre tus velos virginales, mi ánima impoluta y mi cuerpo sin males». Mas mi labio, que osa decir palabras de inmortalidad, se ha de pudrir en la húmeda tiniebla de la fosa. Mi corazón te dice: «Rosa intacta, vas dibujada en mí con un dibujo incólume, e irradias en mi sombra como un diamante en un raso de lujo». Mi corazón olvida que engendrará al […]

"Por diez centavos lo compré en la esquina y vendiómelo un ángel desgarbado; cuando a sacarle punta lo ponía lo vi como un cañón pequeño…

Nacimos entre polvo y cenizas. Aprendimos a llorar el mismo día. No sé tu nombre, nunca te he visto; sin embargo me miras, me miras desde el fondo de mi corazón en que guardas tus semillas. Sabes mi nombre, desde los balcones de mi alma lo gritas. Andas por mi pensamiento, habitas mis entrañas, andas a tientas, buscas mi voz, hasta que quedas en las hojas, latiendo. Tu voz acude como nube lenta todas las noches; me creces por dentro como un árbol de luz y riegas hojas de fuego sobre mis manos, ¡otoño de lumbre, eterno! ¿Nacimos el mismo […]

"Es una tarde mustia y desabrida de un otoño sin frutos, en la tierra estéril y raída donde la sombra de un centauro yerra. Por…

Por secarme una lágrima me saqué un ojo por persignarme me arañé el corazón por cortarme una uña me quité la mano por seguir una sirena me enredé con una medusa Al final del día conocí a un demonio blanco suave y triste que quería sacarme de este cielo para llevarme a su infierno

Te hubiera dado el mundo, muchacho que surgiste al caer de la luz por tu Conquero, tras la colina ocre, entre pinos antiguos de perenne alegría. Eras emanación del mar cercano? Eras el mar aún más que las aguas henchidas con su aliento, encauzadas en río sobre tu tierra abierta, bajo el inmenso cielo con nubes que se orlaban de rotos resplandores. Eras el mar aún más tras de las pobres telas que ocultaban tu cuerpo; eras forma primera, eras fuerza inconsciente de su propia hermosura. Y tus labios, de bisel tan terso, eran la vida misma, como una ardiente […]