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Mira volar los zopilotes son horrendos Allí están en la cornisa del otro edificio Mientras sirvo el café las aves negras se han posado en la antena parabólica diríase atalaya Cada uno conserva el equilibrio que es suyo y no del Otro -¿ De quién comen ? Ahora vuelan sin moverse no hacen ruido Son tres los zopilotes ya lo he visto una madre y dos de sus pequeños o una pareja de amantes y su sombra

”como el calor me sofocaba dije basta y me senté de cara a la ventana para refrescar mi cabeza que tiritaba al igual que una onza de gelatina Con el hilo del sudor hice un collar para apretarme el cuello además las noches eran tristes y rojas tanto que me dediqué a soñar con lo ojos abiertos Sólo veía una carretera polvorienta Eran noches nostálgicas Te dije ahógame y como no había cuerda y el hilo en el cuello era invisible juraste amor eterno me hiciste una escena de celos Luego lloramos en voz baja para no despertar a los […]

Si yo he venido si me he tomado el trabajo de hablar tan torpemente de temblar como un adolescente quiere escribir poemas te acaricio en la boca el aire es oscuro en este cuarto enrarecido Si has venido -también- a ocuparte en mi sueño sin dormir a un lado sobre una cama desierta Si yo he venido en ternura en amor mío y este nuevo para mí es el lugar de siempre y siempre como un limbo de pájaro en el aire y tú has llegado nunca y nada es cierto

Este es el poema de las dos cabezas Sol Cuello Cortado descansa sobre la hierba Cabeza Soberbia partió a los Australes Sol Cuello Cortado dejó que un insecto revoloteara en sus labios y durmió un instante Cabeza Soberbia cansada del viaje haló de los pies a su amante Estuvieron parloteando un largo rato Una tormenta siguió a la otra mas estas cabezas tenían mucho de que hablar Sol Cuello Cortado saltó sobre la nieve y posó sus labios sobre la boca tumefacta que hervía sobre un hervidero de palabras Se contaron sus vidas Esto era todo lo que tenían que […]

He vuelto de nuevo al buzón -así comienza el día así termina- como un rito sagrado opio corazón abrí la caja del apartamento 11-B En el fondo una tarjeta: “Reparamos neveras torres calentadores artefactos eléctricos” primorosamente en letra gótica -Así comienza el día así termina-

Qué escogencia la mía tan difícil Si un perro es la barcina de mi casa la misada que decía, gata cuando todo era claro a mi entender qué terca vivir en el pasado En aquellos que he amado están atrás mis padres recordándome que no, que no son ellos Y yo vuelvo y los abrazo a mis soñados fantasmas: son mis dueños Si veo llover es la lluvia de Turmero No puedo evitarlo está en el aire todo el pueblo No es un goce ir a una fiesta no disfruto con el baile Es muy triste ya lo sé es […]

Nadie juega montura de palma. Ni dan siquiera de beber a las bestias. Ni así tenemos casa. Ni somos. Ni aún seremos parte. Pájaro de árbol, jamás. Ni pasto nuevo. Rajadura donde filtra tu voz haciendo daño. De qué lugar o infierno esa palabra a morir. Y no poseo rincón, sitio de la tierra, reloj para esa hora, ni así donde guardarme. Cómo no volver. Volver mientras tachamos o estarnos en pie sobre el roto de marzo.

Nada por más me arrancará de mi sitio. Igual fulgor me escupió de muerte cuando reía mi madre y todos. La paz es un minuto. Cierro las ventanas, las puertas antiguas de mi casa. Es un minuto. Tú, ellos, de las palabras, de los labios a las palabras recias. Lento, prolongado, insistente. No alcanzo más que golpear. En este sitio. La palabra a golpes desprendida. Volcada de revés. La calma es un minuto.

Aquí, en la Normandie fui inmensamente infeliz A la sombra de las vacas tomé un coche -vagaré por estos mundos tan extraños tan profundos- Sentí miedo por los verdes diluvios los cisnes en los lagos un camino serpenteante -Lloraba en los brazos de la Francia impenetrable- Nunca más veré este cielo ni estas vacas de tersas orejas Les dije: adieu rumien hermosas también sus dulces sueños del prado al establo En el bosque miré al cielo donde Dios habita mudo imperturbable – Dios es bueno- Las vacas mugían locas de miedo Quise acariciar la pelambre de sus pechos susurrar a […]

Si te invitan a viajar y aceptas, aceptas la razón de quien te halaga. Serás eso que desean, en cualquier parte: poeta o poetastro, algo representas para ellos. Entre un viaje y otro, distraes la conciencia de tu gran fracaso. O no fracaso, no, la angustia adolescente, ¿quién soy? que no ha cesado. ¡Acepta las invitaciones a viajar! ¡La vida es un viaje! Y cuando todo acabe, labrada tu soledad pacientemente, si alguien te preguntase como Pessoa a Alvaro de Campos: -¿Amaste? (qué inútil todo) entenderías que si alguna razón de la existencia hubiese, la habrías desdeñado. Nota : En […]

“ Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos .” Italo Calvino Escribir sobre el amor los ojos calmos de Verona -poesía eres tú- Imaginar una ciudad invisible como ella reflexionar sobre la muerte y la fotografía Ser fiel y atento a todo lo que en ella se niega suspicazmente tácita y oblicua recordar -sobre todo- que aquello que se ama no existe