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Lihn sangra demasiado todavía para hablar de Lihn ido Lihn, «defunctus adhuc loquitur», preferible el cuerpo que no hay de su figura, no importa lo del sepelio ni la parábola de la corrupción del sepelio: algo que no más él y yo, cada uno en su U-Bahnc bajo otro Spree irreal, cada féretro en su corteza, cada nadie en su nadie, desaceitado como voy en el chillido de las gaviotas de Berlín sin más allá ni más acá salvo en el sur hacia el oeste Adriana la tristísima, Andrea bajo la llovizna, lo que lo confirma todo: -Ahora Lihn tiene […]

Como en un sueño, cuando todo estaba perdido Zurita me dijo que iba a amainar porque en lo más profundo de la noche había visto una estrella. Entonces acurrucado contra el fondo de tablas del bote me pareció que la luz nuevamente iluminaba mis apagados ojos. Eso bastó. Sentí que el sopor me invadía:

Ahora que somos sombra y paso, mirada y desvío, sermón y pecado. Ahora que el mudo muda por enésima vez de expresión y hecha humo la impasible chimenea. Ahora que quizá rubricarías como hace ya algunos años: Con viva gratitud por el envío de sus bellos poemas . Y yo no soltara el mango de esa sartén aunque harto quemara; y fuera de pronto, siendo apenas un muchacho, un adulto ya, ya un anciano. Un muchacho solamente, Martín, no un poeta. Un muchacho de la ancha base, Martín, de sobrio segundo y de mamá por cocinera. Ahora que me espera […]

No soporto la voz humana, mujer, tapa los gritos del mercado y que no vuelva a nosotros la memoria del hijo que nació de tu vientre. No hay más corona de espinas que los recuerdos que se clavan en la carne y hacen aullar como aullaban en el Gólgota los dos ladrones. Mujer, no te arrodilles más ante tu hijo muerto. Bésame en los labios como nunca hiciste y olvida el nombre maldito de Jesucristo. Así arderá tu cuerpo y del Sabbath quedará tan sólo una lágrima y tu aullido.

"Agua pura corría por el piano. Dulcemente salía del cauce de sus manos. La nostalgia dormía. Y dormía el Ocaso. La Música bebía el agua…

La Grotesca sufre en las piedras de cianuro. Arrojadas al fuego, abatidas por la furia de cerebros desahuciados son el polvo de la bruma. La mansedumbre abraza los cabellos del ángel besa sus alas de ciruela y se recuesta en las costillas del demonio. De tanto en tanto nos vemos como somos desplazando el filo del cuchillo en la crueldad de la madrastra.

Te vi muerta en la luna de un espejo encantado. Has sido en todos tiempos Elena y Margarita. En tu rostro florecen las rosas de Afrodita y en tu seno las blancas magnolias del pecado. Por ti mares de sangre los hombres han llorado. El fuego de tus ojos al sacrilegio incita, y la eterna sonrisa de tu boca maldita de pálidos suicidas el infierno ha poblado. ¡Oh, encanto irresistible de la eterna Lujuria! Tienes cuerpo de Ángel y corazón de Furia, y el áspid, en tus besos, su ponzoña destila… Yo evoco tus amores en medio de mi pena… […]