No: no los otros son mejores el niño atrofiado en el sentido de que no están conscientes los odia sus formas de ajar los odia a todos de irrumpir en la realidad están allí, cicatrizados, nada saben y su brutalidad oh indigestos consiste en lamer hospitales histéricos de hueso esqueletos deflagrados por las calles hambrientas El comportamiento humano en sociedad el niño ha optado por hacer de sí otra cosa y hoy responde a una especie de rapto sepultarlos a todos es el rapto de la lucidez hacerlos humanos en la muerte en ese enrarecimiento que es la muerte devolverlos […]
Todos los poemas
Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.
12,749 poemasNo es necesario que me mandes, perro, el mar se asiste solo. Lo más mísero del pelo contraría la rueda pero ya sabemos tonsurar el destino. Estoy, por eso peligro. ¡Todo me empuja! En la multitud un fósforo presume del futuro penacho. Pero sólo, solo con el perro mirándome. No me ordenes nada, no te obedeceré, y entonces será horrible. Vómito de ojos.
Con horas viejas colocadas en desvanes y perspectivas deshabitadas con silencio de lluvia y azucenas que se tiñen con la tarde las manos acarician la soledad, penetran sus vertientes y producen el vértigo mientras un rayo se desprende. (Afuera los jardinillos tiemblan, demudados). Estremecimiento de armazones de hojarasca, sin ningún galope, y con una suave, dulce violencia delineando la alcoba. No hay ira, sólo la ternura pequeña, íntima, del instante desflorado sin entrar ni a la luz ni a la sombra. De esta manera las manos se desciñen de sí mismas y se sienten de barro, y así puras, han […]
"la muerte se escribe sola una raya negra es una raya blanca el sol es un agujero en el cielo la plenitud del ojo fatigado…
"Cuerpo, soledad, fantasma mío, hoy descubro que existes y eres hermoso. Has alcanzado el esplendor de los antiguos imperios y contemplo pájaros y peces que…
Discípulo de Apeles, si tu pincel hermoso empleas por capricho en este feo rostro, no me pongas ceñudo, con iracundos ojos, en la diestra el estoque de Toledo famoso, y en la siniestra el freno de algún bélico monstruo, ardiente como el rayo, ligero como el soplo; ni en el pecho la insignia que en los siglos gloriosos alentaba a los nuestros, aterraba a los moros; ni cubras este cuerpo con militar adorno, metal de nuestras Indias, color azul y rojo; ni tampoco me pongas, con vanidad de docto, entre libros y planos, entre mapas y globos. Reserva esta pintura […]
Hablar de un peso extraño, acaso de un fantasma que carece de cuerpo y que dispone sus huellas en las cosas sin que nadie lo advierta. Sugerir esa sombra que en la noche va manchándolo todo, y procurar a un tiempo evitar cualquier clima misterioso. La escena es cotidiana: cuando termina el día hay un hombre sentado en la terraza, lo acompañan un cigarro de hoja y una música. la tercera persona y el verano convendrían al tema, y parece preciso a estas alturas que el lector adivine lo que tiene de vulgar y de única esa noche. Intentar ayudarlo […]
¡Qué dulce es querer mucho, pero también qué triste! ¿Por qué esperamos tanto y obtenemos tan poco? ¿Por qué si uno se entrega el otro se resiste? ¿Por qué el amor es ciego, y sordo, y mudo, y loco? Llevamos en el alma la divina tendencia de ofrecer sin reservas nuestros cálidos brazos, y nos quedamos solos, con nuestra propia ausencia, y el corazón sangrante partido en mil pedazos.
Deja los humores extraños del amor en paz porque con ellos yo me entiendo Deja la memoria de mis plazos en la jarra que escondió al recelo Déjame lo inviable y quédate conmigo junto a mis retrasos endebles Déjame encontrar tu beso disidente Deja convivir en mí, los gestos del mohín y del tropiezo Dame un anticipo para tu demora Déjame el afán esporádico del llanto y tus recónditos espasmos de alegría Deja que convoque lo que desdeño de tí Deja que tu sentimiento agreste duerma a mi lado Dame la fracción espontánea de un deseo Déjame los arrebatos del […]
"Me gusta andar de noche las ciudades desiertas, cuando los propios pasos se oyen en el silencio. Sentirse andar, a solas, por entre lo dormido,…
A ti vengo ¡oh al-Hakam! doliente por Abu-l-Majsi. ¡Dios riegue su tumba de lluvia perenne! Yo vivía en la abundancia, amparada en su bondad, hoy me refugio en la tuya ¡oh al-Hakam! Tú eres el guía al que toda la gente sigue y al que todas las naciones dieron las llaves del poder. Nada temo si tú eres el escudo en el que me protejo; ningún mal podrá afligirme. ¡Continúa cubierto de una gloria que hace someterse a árabes y no árabes!
La que escribía como hombre y el que escribía como mujer – se encontraron – en la esquina del sexo y de la duda y se prodigaron, sí, que se prodigaron como si este mundo cruel acabara mañana ellos dados echados desde un cubilete caliente.