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Valladolid, de lágrimas sois valle, Y no quiero deciros quién las llora, Valle de Josafat, sin que en vos hora, Cuanto más día de jüicio se halle. Pisado he vuestros muros calle a calle, Donde el engaño con la corte mora, Y cortesano sucio os hallo ahora, Siendo villano un tiempo de buen talle. Todos sois Condes, no sin nuestro daño; Dígalo el andaluz, que en un infierno Debajo de una tabla escrita posa. No encuentra al de Buendía en todo el año; Al de Chinchón sí ahora, y el invierno Al de Niebla, al de Nieva, al de Lodosa.

Cuando salí de collores fue en una jaquita baya, por un sendero entre mayas arropás de cundiamores. Adiós, malezas y flores de la barranca del río, y mis noches del bohío, y aquella apacible calma, y los viejos de mi alma, y los hermanitos míos. ¡Qué pena la que sentía, cuando hacia atrás yo miraba, y una casa se alejaba, y esa casa era la mía! La última vez que volvía los ojos, vi el blanco vuelo de aquel maternal pañuelo empapado con el zumo del dolor. Mas allá, humo esfumándose en el cielo. La campestre floración era triste, opaca, […]

Ni la vieja gloria de los maravillosos imperios se ha salvado. Ni el orgullo de las catedrales, ni siquiera el remanso de la fe en los monasterios compiten con esa otra arquitectura de cerros y nubes en el Valle de Oaxaca. El tiempo gasta la dura piedra y se desmorona la realidad. El viento no dice palabra, pero los follajes de los grandes árboles parecen conversar aún con las nubes. En estas tierras es evidente que solo los sueños perduran.

I El peso del silencio El valle que se aleja de sí mismo a galope Hoy vine a ver esta distancia que se fuga escondida tras el oro del día Qué hermoso espejo el sol para el valle extendido Vaga el pensamiento al ras de los potreros Desciende el alma culebrita a la canción del valle Un sonido de grillos ecos pájaros rasga la piel del aire Árboles que se agrupan como pájaros Palomas cuyas alas descienden hasta el mar La reunión de los pinos El rancho que compró la lejanía La claridad envuelve la mirada indecisa de la lluvia […]

(Para George Odlum) Una palada de mirlos salió disparada desde el borde de la carretera y la memoria trinó retrocediendo más allá de la estremecida apisonadora que asfaltaba el camino este amanecer a través de Roseau hasta la fábrica de azúcar, que rugió al detenerse, y del eco cada vez más amplio de la caña, cuando solían cultivarla en este dulce valle; entonces, desde las flechas de las cañas, salieron disparados los mirlos, andanada tras andanada de acólitos, convirtiendo todos los días en domingo tras la huelga. Ahora no hay luz en la fábrica abandonada. Las vagonetas se oxidan sobre […]

Albert Samain diría Vallejo dice Gerardo Diego enmudecido dirá mañana y por una sola vez Piedra de estupor y madera dulce de establo querido amigo hermano en la persecución gemela de los sombreros desprendidos por la velocidad de los astros Piedra de estupor y madera noble de establo constituyen tu temeraria materia prima anterior a los decretos del péndulo y a la creación secular de las golondrinas Naciste en un cementerio de palabras una noche en que los esqueletos de todos los verbos intransitivos proclamaban la huelga del te quiero para siempre siempre siempre una noche en que la luna […]

Hay algo de inexacto en los recuerdos: una línea difusa que es de sombra, de error favorecido. Y si la vida en algo está cifrada, es en esos recuerdos precisamente desvaídos, quizás remodelados por el tiempo con un arte que implica ficción, pues verdadera no puede ser la vida recordada. Y sin embargo a ese engaño debemos lo que al fin será la vida cierta, y a ese engaño debemos ya lo mismo que a la vida.

"....................abre .................la a ...............viola su cerradura ................de aire y .........de agua ... besa la b ....bebiéndole la médula ..................................cela ..............................la c ..................................cela .............................su celada ......defiende…

Vals

Pablo Neruda · 2025

Yo toco el odio como pecho diurno, yo sin cesar, de ropa en ropa vengo durmiendo lejos. No soy, no sirvo, no conozco a nadie, no tengo armas de mar ni de madera, no vivo en esta casa. De noche y agua está mi boca llena. La duradera luna determina lo que no tengo. Lo que tengo está en medio de las olas. Un rayo de agua, un día para mí: un fondo férreo. No hay contramar, no hay escudo, no hay traje, no hay especial solución insondable, ni párpado vicioso. Vivo de pronto y otras veces sigo. Toco de […]

Cayó una hoja y dos y tres. Por la luna nadaba un pez. El agua duerme una hora y el mar blanco duerme cien. La dama estaba muerta en la rama. La monja cantaba dentro de la toronja. La niña iba por el pino a la piña. Y el pino buscaba la plumilla del trino. Pero el ruiseñor lloraba sus heridas alrededor. Y yo también porque cayó una hoja y dos y tres. Y una cabeza de cristal y un violín de papel y la nieve podría con el mundo si la nieve durmiera un mes, y las ramas luchaban […]

Para que los pasos no me lloren, para que las palabras no me sangren: canto. Para tu rostro fronterizo del alma que me ha nacido entre las manos: canto. Para decir qe me has crecido clara en los huesos más amargos de la voz: canto. Para que nadie diga: ¡tierra mía!, con toda la decisión de la nostalgia: canto. Por lo que no debe morir, tu pueblo: canto. Me lanzo a caminar sobre mi voz para decirte: tú, interrogación de frutas y mariposas silvestres, no perderás el paso en los andamios de mi grito, porque hay un maya alfarero en […]

Vámonos patria a caminar, yo te acompaño. Yo bajaré los abismos que me digas. Yo beberé tus cálices amargos. Yo me quedaré ciego para que tengas ojos. Yo me quedaré sin voz para que tú cantes. Yo he de morir para que tú no mueras, para que emerja tu rostro flameando al horizonte de cada flor que nazca de mis huesos. Tiene que ser así, indiscutiblemente. Ya me cansé de llevar tus lágrimas conmigo. Ahora quiero caminar contigo, relampagueante. Acompañarte en tu jornada, porque soy un hombre del pueblo, nacido en octubre para la faz del mundo. Ay, patria, a […]