Si pudiera de golpe arrinconar olvidos y semanas junto a los nidos de agua de mi secreta cáscara. Si lograra arrojar en las islas neutrales las cenizas que muerden el árbol y las lágrimas, y pudiera dejar que una ecuación rotunda insertase su atmósfera de pétalo en cada pabellón desamparado; empapada de estrenos sobre un licor tardío bebería las notas de un festival de espigas y de vuelos. Pero apenas soy sangre que retumba en los muros de la piel cotidiana, y en mis hombros fatales amamanto a una araña de sal que desvaría. Mención de Honor Georges Zanun Editores, […]
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12,749 poemasCómo voy a creer / dijo el fulano que el mundo se quedó sin utopías cómo voy a creer que la esperanza es un olvido o que el placer una tristeza cómo voy a creer / dijo el fulano que el universo es una ruina aunque lo sea o que la muerte es el silencio aunque lo sea cómo voy a creer que el horizonte es la frontera que el mar es nadie que la noche es nada cómo voy a creer / dijo el fulano que tu cuerpo / mengana no es algo más de lo que palpo o […]
"Si en vez de las estúpidas panteras y los férreos estúpidos leones, encerrasen dos flacos mocetones en esa frágil cárcel de las fieras, no habrían…
…unos niños volaban con sus vacas y sus caballos y sus corderos en medio de la tarde… Enrique Fierro Vaca azul sobre los edificios platinados adiós sus ojos pardos locos de contento; al ritmo su aleteo alerta a las aves del paraíso. Una vaca en el aire es como el paso de una geisha. Vemos ahora como desaparecen sus mandíbulas rojas. Hace rato era sólo una mancha de tinta sobre el lienzo inventario en la memoria de papel. Hoy que se pierde rumiante en la espesura parece un avión gordo de cartón regalo sorpresa para los habitantes del cielo.
De tu pueblo a tu hacienda te llevabas la cabellera en libertad y el pecho guardado por cien místicas aldabas. Metías en el coche los canarios, la máquina de Singer, la maceta, la canasta del pan… Y en el otoño te ibas rezando leguas de rosarios. René, el gigante perro del pastor, en un galope como si nadara, te escoltaba, buscándote la cara. Y detrás del René blanco y gigante en aquel mapamundi de ilusión cabalgaba sin brida el estudiante. René hacía tres veces el camino yendo y viniendo desde ti hasta mí, ladrando porque no y porque si. René, […]
Mónica se acuesta en mi cama habla por el celular recorriendo macros con su interlocutora mientras yo miro sus pechos Se acomoda el cabello mojado juega con los auriculares del walkman perfuma mis sábanas para que su Duende me excite por la noche Mónica tiene pirañas en los ojos un aliento ligeramente fuerte Pide que me voltee para abrochar su brassier Yo impávido miro la danza del camello los hombres somos todos pervertidos Mónica tiene un escorpión entre las piernas que hiere malamente pero yo estoy a salvo de ella y de todos los demonios con cara de cocodrilo porque […]
Es verdad -ya lo sabes-, no me entrego. No soy la luz en este claroscuro… Verte desnuda asombra: No es tan duro verte asomada a la pasión del juego. Mas para cuando veas ue no llego a la penetración, puntual, seguro, demuestra lo que sabes: del apuro sácame. ¡No ambiciones tanto fuego! Pasamos de estos líos tan carnales porque el sexo mejor no se origina en las respuestas sobrias y totales. Y para no estropearnos el pecado, hoy permite que agolpe en tu vagina la culpa de un placer tan consumado. 30/I/99
Vaivén de la ternura, que llega o se retira como el sueño en un niño, manejando distancias que se acortan o alargan sin cambiar de medida. El encuentro y la separación usan el mismo espacio, que despierta a veces hacia un lado y a veces hacia el otro, como un hombre en su lecho, compartido o a solas. La ternura disuelve esa línea ilusoria que divide las aguas de la separación y del encuentro. Cerca y lejos no existen. Los crea la ternura como el mar crea la playa con el borde inasible de sus sabias mareas.
Vaivén de la ternura, que llega o se retira como el sueño en un niño, manejando distancias que se acortan o alargan sin cambiar de…
me llamas con humedad me humedeces con llamas tu cama es una plantación de palmeras olla silbadora el vértigo mío vértigo viejo como tu espíritu vértigo tu espíritu viejo tú
PERO volvieron. (Pedro se llamaba.) Valdivia, el capitán intruso, cortó mi tierra con la espada entre ladrones: “Esto es tuyo, esto es tuyo, Valdés, Montero, esto es tuyo, Inés, este sitio es el cabildo”. Dividieron mi patria como si fuera un asno muerto. “Llévate este trozo de luna y arboleda, devórate este río con crepúsculo”, mientras la gran cordillera elevaba bronce y blancura. Asomó Arauco. Adobes, torres, calles, el silencioso dueño de casa levantó sonriendo. Trabajó con las manos empapadas por su agua y su barro, trajo la greda y vertió el agua andina: pero no pudo ser esclavo. Entonces […]
a Francisco Kröpfl abandonas tus fuerzas en busca de nada instigado por una pasión curtido por un desaliento ay dios quién pudiera decir algo de nuestra propia imagen luz o sombra espesa y dura escasa maravilla lejana certidumbre