Vas creciendo sombra a sombra abril se desvanece en tus cabellos papeles sin sueño habitan en los parques el día negro es una estrella acuática…
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12,749 poemasVAS Y VIENES ceñida a tus humores buenos a tus orillas fértiles al agua que te extravía la sangre por mi fiebre esas tardes que forjo y deshilvano tu sombra numerosa en los espejos que a ciegas recorrimos Sobre el fuego que improvisa mi lengua te descubro asida al maderamen que abarcara mi pecho y hoy te arroja a esta arena de furia incandescente y me hermana con tus labios salinos y tus pezones fieros que marcan territorio más allá de esta voz que te aspira y exige de vuelta a la retina en la que expandes tu imagen de […]
VAS Y VIENES ceñida a tus humores buenos a tus orillas fértiles al agua que te extravía la sangre por mi fiebre esas tardes que…
Amiga la calle del sol tempranero se transforma de pronto en atajo bordeado de muros vegetales el rascacielos de la visión despiadada de un acantilado de poder los colectivos pasan raudos como benignos rinocerontes y en un remoto bastidor de cielo las nubes son sencillamente nubes la muchacha cargada de paquetes es una hormiga demasiado obvia y en consecuencia la descarto pero el lisiado de noble rostro ése sí avanza como un cangrejo la monjita joven de mejillas ardientes crece como un hongo sin permiso el hollín va siendo lentamente rocío y el olor a petróleo se convierte en jazmín […]
A LAS tierras sin nombres y sin números bajaba el viento desde otros dominios, traía la lluvia hilos celestes, y el dios de los altares impregnados devolvía las flores y las vidas. En la fertilidad crecía el tiempo. El jacarandá elevaba espuma hecha de resplandores transmarinos, la araucaria de lanzas erizadas era la magnitud contra la nieve, el primordial árbol caoba desde su copa destilaba sangre, y al Sur de los alerces, el árbol trueno, el árbol rojo, el árbol de la espina, el árbol madre, el ceibo bermellón, el árbol caucho, eran volumen terrenal, sonido, eran territoriales existencias. Un […]
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29 de marzo Qué tristeza el gris vencido de tus ojos, cuando callas la ironía del fuego. Sólo entonces soy culpable del aire. Sucede cuando te miro. Todo queda lejos y abandonado a la hondura sin límites de lo intransferible. Qué extraña luz el tiempo.
Las cosas viejas, tristes, desteñidas, sin voz y sin color, saben secretos de las épocas muertas, de las vidas que ya nadie conserva en la memoria, y a veces a los hombres, cuando inquietos las miran y las palpan, con extrañas voces de agonizante dicen, paso, casi al oído, alguna rara historia que tiene oscuridad de telarañas, són de laúd, y suavidad de raso. ¡Colores de anticuada miniatura, hoy, de algún mueble en el cajón, dormida; cincelado puñal; carta borrosa, tabla en que se deshace la pintura por el tiempo y el polvo ennegrecida; histórico blasón, donde se pierde la […]
Césped infante cubre tu llanura a tornaluz tal vez rubio de paja que ahí donde la luz se resquebraja en bosque limitado se inaugura. Alfombra tierna, dime ¿de qué hondura nació la sangre que en tu piel trabaja, para que germinaras con ventaja y más seda se hiciera tu envoltura? Sutileza del aire con que roza tu ligero vellón en desaliño, quizá en algún lugar selva tortuosa, quizá en algún lugar prado lampiño. A mis dientes corderos suelto ansiosa para que trisquen en tu césped niño.
En la fecha Solo de ti, lleno de ti, esta tarde a las 7, el ciudadano de tu ausencia se palpaba la cara, la voz, los papelitos, deveras comprobando que tus ruidos andaban por sus huesos y en general te habías ido. Golpeó puertas, teléfonos. La gran ciudad estaba equivocada sin tu pelo, señora, y él sentía tirones detrás del corazón. A lo mejor era el tabaco, de todos modos yo soy otro: un pedazo de ti, alguien a quien castigan puertas, ruidos, teléfonos, y, andá a saber por qué, toda la parentela de la muerte.
Ven; yo vivo de tu dibujo y de tu perfumada melodía, soñé en la estrella a que con un canto se podría llegar -te vi aparecer y no pude asirte, a turbadora distancia te llevaba el canto y era mucha lejanía y poco tu aliento para alcanzar a tiempo un fulgor de mi corazón -el que ahora estalla ahogado por alguna lluvia compasiva. Ven, sin embargo; deja que mi mano imprima inolvidable fuerza a tu olvido, acércate a mirar mi sombra en la pared, ven una vez; quiero cumplir mis deseos de adiós.
Ven a mí. Desátame las manos. /que llevo atadas con unas cuerdas de nudos minuciosos/ Seré para ti, lo que nadie Corazón y latido Anzuelo y pez Reflejo y espejo Desierto y mar Seré más Te lo prometo Seré todas las cosas que tú quieras El sol y la luna Las duras piedras Tal vez una laguna Seré rayo Seré centella El perdón de los pecados La resurrección de los muertos /por amor/ por culpa de la blandura de espíritu y la gloria en una vida perdurable en tu recuerdo Amén.