Todos los poemas

Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.

12,749 poemas
Mostrando 12,749 poemas

Cálida ahí donde te toco. Grupa vaporosa. Radiante en cualquiera de sus poros. Cabalgando. Y sobre lo espléndido va lo irrepetible. Y reproduciremos toda vida, y toda melancolía será ahogada con zumo de tus manos. situado el cuerpo hasta las nubes para que llueva enorme, consternado, sobre las pequeñas voces y el medio movimiento. En la pulsable ostentación de ser en dos un solo verbo. Traídos y llevados y atentos. Y ella bien oculta. Máscara de siete ojos. Tendida, vaporosa, suya, mirándose leve sobre la inclinación de su cuello, de su desplazamiento. Regocijada entre los números inexactos de su memoria. […]

“Mi peor enemigo, tú que me amas como una ciega lluvia que al caer escampa, arrecia, escampa. Mi enemigo, yo te corono amante, pueblo y rey. Con una hiedra mis cabellos atas y sabes del lunar que es mi clavel. Cuando el jazmín de su rocío cuelga y huele a flor pisada antes de ayer, con la ronda impaciente de tus pasos bajo tu sombra vengo a florecer. Si no te amara, nunca te odiaría. No te vaya, enemigo, yo a perder. ¿Quién me perdonará? ¿Por quién mis versos caerán de mi tristeza en el papel? Tú, mi enemigo. Yo, […]

No sé qué es lo que ocurre. Los mayores como a un igual me tratan y los jóvenes me miran desconfiados, como si algo les hiciera de golpe distanciarse. Me siento como el viento al penetrar en alguna mansión desconocida. Me observo en el espejo y veo un rostro idéntico al que he hallado tantos años. No creo haber variado de maneras que, mejores o peores, son las mismas. No me explico este cambio repentino. No entiendo a los demás. Pero algo pasa.

"A Francisco Álvarez Velasco Vencido por la erosión, conforme con el triunfo de la edad, qué paradoja, abrirá al azar (desvanecido ya el presagio de…

Ignorando mi vida, golpeado por la luz de las estrellas, como un ciego que extiende, al caminar, las manos en la sombra, todo yo, Cristo mío, todo mi corazón, sin mengua, entero, virginal y encendido, se reclina en la futura vida, como el árbol en la savia se apoya, que le nutre, y le enflora y verdea. Todo mi corazón, ascua de hombre, inútil sin Tu amor, sin Ti vacío, en la noche Te busca, le siento que Te busca, como un ciego, que extiende al caminar las manos llenas de anchura y de alegría.

Tú me ofreces la vida con tu muerte y esa vida sin Ti yo no la quiero; porque lo que yo espero, y desespero, es otra vida en la que pueda verte. Tú crees en mí. Yo a Ti, para creerte, tendría que morirme lo primero; morir en Ti, porque si en Ti no muero no podría encontrarme sin perderte. Que de tanto temer que te he perdido, al cabo, ya no sé qué estoy temiendo: porque de Ti y de mí me siento huido. Mas con tanto dolor, que estoy sintiendo, por ese amor con el que me has […]

Es que hay algo mágico en las palabras. Se me antojan redondas y suaves equivalentes al vuelo de los sueños cadencias voluptuosas -como las olas del mar- Las palabras me son cual gaviotas deslizándose lentas sobre mi rumor de inmensidad. Son la vivencia de lo que siento en este mar que soy de este viajar que me habita deshabitando anhelos… Porque más que voz que palabras son rumor, silencio quizás. Arrullo y queja. Pasos quedos, redondos en este círculo invisible girando lento muy l e n t o en la sutil estancia de las horas. Verano de 1993, Washington D. […]

Mi coño es negro como carbón evaporado. Pero se vuelve azul a la luz de la tele y de la luna. La característica más peculiar que explica su color y su forma es que tiene circulación lenta y estremecida que va navegando hacia la tinta de las venas y se abre al desamparo de mi dormitorio como si comprendiese que un dedo impenetrable, masculino, no pasara por él ni por las sábanas. Sería una esperanza considerar que sobre mi coño solitario aún pueden caber volúmenes remotos o un pañuelo azul que penetrase las dos mitades húmedas y abiertas y así […]

(20 de septiembre de 336 a. de J. C.) A veces pude llamarte Maestro. Olías a barro sudoroso Aquellas tardes ennoblecidas Por el humo del sacrificio. Te pregunté por el destino Y tus ojos chocaron Saltando chispas. Mi mente debe ser Una gran hoguera. Filipo el desgraciado me dijo: ‘Busca hijo mío Un reino igual a ti Porque en Macedonia no cabes’. Yo te digo a ti Oh sabio Un discurso no vale más que una razón. Ya ves en cambio Cien ciudades siempre valdrán Más que una. ¿No reconforta la nueva máscara de esta gira la fijeza de tus […]

Apuntamos aquel cielo que se nos desplomaba, verdinegro. Los que pasaban a lo lejos eran -sombras chinescas en la pantalla del crepúsculo- nuestras sombras en otros mundos. El cielo verdadero estaba, afuera, preso, y se asomaba entre los troncos, viéndonos con su ojo de luna, huero. Una estrella, la única, temblaba sin luz en nuestras almas. Y, si cerrábamos los ojos oíamos, platónicos, como un zumbar de abejas la música de las esferas.

Tú te llamabas Carmen y era hermoso decir una a una tus letras, desnudarlas, mirarte en cada una como si fuesen ramas distintas de alegría, distintos besos en mi boca reunidos. Era hermoso saberte con un nombre que ya me duele ahora entre los labios, me sangra entre los labios como el moho de una fruta, como algo que yo querría nombrar constantemente y me estuviese amordazando con su olvido, con su apremiante negación de ser, porque es inútil repetir lo que termina en nada. Es posible que ya no puedas tú tener un nombre, encerrar en un nombre tu […]

Le dije a la luz: no quiero que la noche me persiga. Y la luz me contestó: lo imposible, no lo pidas. Quiero que todos me vean porque estoy desconsolada; el amor que era mi vida, la noche siempre lo apaga. Ya no vendrá por la noche, sólo brillará en el día. Es un amor tan pequeño que necesita alegría. Yo puedo quererle siempre, si hace sol o no lo hace. Pero, es un amor tan débil que necesita alumbrarse.