Recuerda que la lluvia cayó porque yo quise y porque tú quisiste me miraste al espejo y me encontraste hermosa de verde y gabardina. Recuerda que lloraste cogido de mi mano y yo llené de besos tu infancia despoblada. Recuerda que la noche llegó porque yo quise. Y te miré a los ojos, y te besé las manos, y preparé tu ropa y el plato de naranjas. Pero tuviste miedo. Un miedo huraño y torvo. Un miedo con relojes. Recuerda que fue cierto.
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12,749 poemasAzul es mi color, después de todo el rojo sólo era otro disfraz. Pijamas, camisetas, guantes, gorros…, si había que escoger, yo siempre rojo, sabía que mi hermana era el azul. ¿Cuándo empecé a creer que me gustaba, que no había una posibilidad siquiera de cambiar esa elección? ¿cuándo empecé a intuir que mi destino era rojo también y sin remedio? Y ¿cuándo finalmente descubrí que era sólo una farsa, una función de teatro con un único actor? Azul es mi color y así lo siento. Azul fue mi color todo este tiempo, que ya bajé el telón, de un […]
Lo he leído, pienso, lo imagino; existió el amor en otro tiempo .' Será sin valor mi testimonio . Rubén Bonifaz Nuño Recuerdo que el…
I En esta Cárcel donde los hombres me trajeron, en donde la injusticia de una ley nos encierra: he pensado en tumbas en donde se pudrieron magistrados y jueces que hoy son polvo en la tierra. Magistrados y jueces y verdugos serviles que imitando, simiescos, la Justicia Suprema castraron sus instintos y sus signos viriles por jugar al axioma, a la norma, al dilema. Quisieron sobre el polvo que pisaron, villanos, ayudar al Demonio que sanciona a los muertos por mandato divino y en vez de ser humanos enredaron la urdimbre de todos los entuertos. Creyeron ser la mano de […]
Una brisa intermitente alivia los húmedos días de Junio. El vecindario entra y sale de los cafés y los turistas abren la boca ante las maravillas. Nosotros, los habitantes de este mundo, recorremos las calles esperando encontrar, quizás, un hombre o una mujer con quienes hablar de cosa distinta al dinero o engrosamos las filas de unos aficionados a las danzas folklóricas. Mientras bailamos, tomados de las manos, olvidamos el color de nuestra piel, las lejanas costumbres, nuestro redondo cuerpo y la lengua imperial. Caemos en un paraíso que trae, hombro a hombro, una bella marroquí, un negro de Guadalupe. […]
-Amada pastora mía, tus descuidos me maltratan, tus desdenes me fatigan, tus sinrazones me matan. A la noche me aborreces y quiéresme a la mañana; ya te ofendo a medio día, ya por la tarde me llamas; agora dices que quieres, y luego que te burlabas, ya ríes mis tibias obras, ya lloras por mis palabras. Cuando te dan pena celos estás más contenta y cantas; y cuando estoy más seguro parece que te desgracias. A mi amigo me maldices y a mi enemigo me alabas; si no te veo me buscas, y si te busco te enfadas. Partíme una […]
Yo, aquí, entre las torturadas guitarras, entre otros ciegos convocados, ciegos vecinos de los vasos constantes, pobres locos amarillos que aturden la noche elemental. Qué sitio de mudos muros, de muerte decorada en la soledad y en las pastillas. Qué desierto de niños con asco y ecos. Qué tren de luces heridas, qué perra pronunciación de los bordes. Qué ruido.
A Cherinto No te engañe el dorado vaso ni, de la puesta al bebedero sabrosa miel, cebado; dentro al pecho ligero, Cherinto, no traspases el postrero asensio; ten dudosa la mano liberal, que esa azucena, esa purpúrea rosa, que el sentido enajena, tocada, pasa al alma y la envenena. Retira el pie; que asconde sierpe mortal el prado, aunque florido los ojos roba; adonde aplace más, metido el peligroso lazo está, y tendido. Pasó tu primavera; ya la madura edad te pide el fruto de gloria verdadera; ¡ay! pon del cieno bruto los pasos en lugar firme y enjuto, antes […]
Escucho aún tu plácida quejumbre, gigante río. ¡Límpida guirnalda tu sien orne y del médano la falda ciñas con aparente mansedumbre! Del sol hermoso la divina lumbre retrátese en tu linfa de esmeralda y en ti se vea tinta de oro y gualda del Citlatépetl la nevada cumbre. De tus riberas el papayo rico la poma ostente en nido de verdura del tordo herida por el rojo pico y mézcanse tus palmas en la altura blandamente agitando el abanico que al dulce Tlacotalpan da frescura.
Como el primer poema Quebrando El blanco de la página y la vida Tantos años atrás, Como el primer amor Que por completo Fue pasto del olvido y se mantiene Tan sólo en un rincón de la memoria, Como el primer amigo, Como el primer regalo, Como el primer encuentro Con el rumor del mar, Así quisiera Volver a hallar momentos De goce inesperado, de esa mágica luz Que llega al corazón Y sin remedio, Cuando menos lo esperas, te deslumbra.
Escribir el instante que no es poco. Inventarlo, intentarlo con palabras indóciles. Acomodar los signos en desacuerdo con el día. Saber un poco más o un poco menos. Y adivinar que mañana habrá otro borrador indescifrable.
"Como una moneda te apretaré entre mis manos y todas las puertas cederán y lo veré todo y la sorpresa no quemará mi lengua y…