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No en bronces, que caducan, mortal mano, Oh católico Sol de los Bazanes (Que ya entre gloriosos capitanes Eres deidad armada, Marte humano), Esculpirá tus hechos, sino en vano, Cuando descubrir quiera tus afanes Y los bien reportados tafetanes Del turco, del inglés, del lusitano. El un mar de tus velas coronado, De tus remos el otro encanecido, Tablas serán de cosas tan extrañas. De la inmortalidad el no cansado Pincel las logre, y sean tus hazañas Alma del tiempo, espada del olvido.

Fuensanta: las finezas del Amado, las finezas más finas, han de ser para ti menguada cosa, porque el honor a ti resulta honrado. La corona de espinas, llevándola por ti, es suave rosa que perfuma la frente del Amado. El madero pesado en que me crucifico por tu amor no pesa más, Fuensanta, que el arbusto en que canta tu amigo el ruiseñor y que con una mano arranca fácilmente el leñador. Por ti el estar enfermo es estar sano; nada son para ti todos los cuentos que en la remota infancia divierten al mortal; porque hueles mejor que la […]

DOLORA A Elmira Era muy niña María, todavía, cuando me dijo una vez: -Oye, ¿por qué se sonríen las flores tan dulcemente, cuando las besa el ambiente sobre su aromada tez? -Ya lo sabrás más delante niña amante, le contesté yo, y una mañana, la niña pura y hermosa, al entreabrir una rosa me dijo: -¡Ya sé por qué es! Y la graciosa criatura blanca y pura se ruborizó y después, ligera como las aves que cruzan por la campiña, corrió hacia el bosque la niña diciendo: -¡Ya sé por qué es!- y yo la seguí jadeante, palpitante de ternura […]

A Manuel Altolaguirre El gañán ve encender la candela del cielo, al amanecer. Llega a la besana y empieza a devanar el ovillo de la tierra. De vez en cuando canta. Yunto. Yunto. Al abrir el surco, la tierra se besa y se queda quieta. Yunto. Yunto. El gañán sigue devanando su madeja, pero nunca se acaba. De vez en cuando canta. Yunto. Yunto. ¡Pero nunca se acaba!

Camino sobre el río. La luz del sol alumbra suavemente. Mecida por un haz de extrañas flores, lianas, peces y algas, voy bogando. Una fuerza me empuja y no lo sé. Un marino de cobre me contempla desnudo. Mecido por un haz de extrañas flores, voy bogando entre peces, lianas y algas. Estamos, lado a lado, mirando hacia la orilla. Unas mujeres hablan. Otras mujeres cantan. Tú y yo, marino, nos dejamos llevar, nos dejamos llevar. Camino sobre el río. Caminas sobre el río. Aquellos ojos nos señalan, sus pupilas desprenden el fuego más profundo. Una fuerza me empuja y […]

Mi piel nunca será cercada frontera ni apacible galaxia ni éxodo de golondrinas… Será flama que asciende, desciende y asfixie tu piel en llamaradas. Nuestras danzantes lenguas rojas cuerpo abajo rodarán hasta sucumbir a voraces caricias.

Ayer miré unos ojos africanos en una linda empleada de una tienda. era ojos de noche y de leyenda eran ojos de trágicos arcanos.. . Eran ojos tan negros, tan gitanos, vagabundos y enfermos, ojos serios que encierran cierto encanto de misterios y cierta caridad con los hermanos— Ayer miré unos ojos de leyenda en una linda empleada de una tienda ojos de huríes, débiles, huraños. Quiero que me devuelva la mirada que tiene su pupila aprisionada con el lazo sutil de sus pestañas.

Aquí, contigo, en ti sobre tu cuerpo escribo, trazo increíbles garabatos con la vara del recuerdo. Con las sílabas de mi carne describo descabellados actos aprendidos de memoria a flor de calle y apenas alcanzo a descubrir el infierno que arde en tu boca.