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En tiempos de las hadas y de la hechicería… cuando la reina cruel consultaba su espejo… el duende Trasgolisto su sábana extendía y los siete enanitos pasaban en cortejo… »Cuando la Cenicienta perdía su zapato… cuando Caperucita visitaba a la abuela… cuando las botas mágicas calzábase el Gato… y, al par que Jack trepaba, crecía la habichuela…» La niña, ya impaciente, con la historia termina, colgándose amorosa del cuello de la madre: «Pero, Caperucita, ¿no tuvo padre? ¿Por qué la Cenicienta se queda en la cocina? ¿Y cómo a vivir sola no se va Blancanieves? ¡No cuentes, madre mía, historias […]

Jamás son cinco letras imposibles (y un acento) un vestido indecente para cualquier hora del día un sonido para siempre inacabado. Jamás verá jamás cumplir su sueño (de durar eternamente) Porque todo, absolutamente todo, tiene freno. Nada existe sin su término. Jamás se morirá también como cualquiera.

Qué fácil sería para esta mosca, con cinco centímetros de vuelo razonable, hallar la salida. Pude percibirla hace tiempo, cuando me distrajo el zumbido de su vuelo torpe. Desde aquel momento la miro, y no hace otra cosa que achatarse los ojos, con todo su peso, contra el vidrio duro que no comprende. En vano le abrí la ventana y traté de guiarla con la mano; no lo sabe, sigue combatiendo contra el aire inmóvil, intraspasable. Casi con placer, he sentido que me voy muriendo; que mis asuntos no marchan muy bien, pero marchan; y que al fin y al […]

Siesta del verde, ahogo de luz húmeda y baja, ruidos que se escurren entre la maleza, oscuro laurel. En el huerto, piescos y nisos, sus huesos rojos, el tacto, hojas que vibran. Vi la casa y el deterioro de la casa. Tomé de ella la piedra de afilar que estaba sobre el mármol antes de irme.

la familia resiste en la cuerda floja no ya en la duda ni en la variación del miedo no en la lágrima ni en el temblor de los hombros hundidos su tibieza ha alcanzado el pudor el hermoso rostro de quienes claudican para luego reconfortarse en el olvido nunca fue en vano la espera el regreso a casa arderá en la frente pero será leve

Nuestras relaciones… Esta simbiosis que somos. Vos sabés lo que buscaba: belleza que no se engorde, amor que no se aburguese. Por otra parte vos: querías tener amor con alguien por lo que fui hecho. Yo no hice nada para enamorarte. Todavía chorrean sangre mis renuncias.

Desplegó el mantel y dispuso doce platos, doce copas de vino, doce tenedores, doce cuchillos… y se sentó a esperar, de espaldas a la mesa, la llegada de sus invitados, e imaginó: once troncos erectos sobre once sillas, y sus once cabezas servidas ante sus once platos, y pensó: ‘Es una imagen justa. La boca que alimenta el propio oído, los ojos que buscan su propio reflejo… justo es que estas cabezas cubran los platos de esta cena no compartida’.

Nacimos entre polvo y cenizas. Aprendimos a llorar el mismo día. No sé tu nombre, nunca te he visto; sin embargo me miras, me miras desde el fondo de mi corazón en que guardas tus semillas. Sabes mi nombre, desde los balcones de mi alma lo gritas. Andas por mi pensamiento, habitas mis entrañas, andas a tientas, buscas mi voz, hasta que quedas en las hojas, latiendo. Tu voz acude como nube lenta todas las noches; me creces por dentro como un árbol de luz y riegas hojas de fuego sobre mis manos, ¡otoño de lumbre, eterno! ¿Nacimos el mismo […]

Si cierro la ventana, si la helada penumbra enciendo de esta estancia, el otoño, la quejumbre amarilla de la tarde, la dulce llovizna con que acaso trenza su vals la luz, quedarán a la puerta, seguirán a la puerta, aguardando el discurrir monótono de la eternidad, mientras aquí desfilan mares, islas, ensueños, huyendo de las doce campanadas que saltan del reloj. Mas dónde, sin embargo, la languidez del tiempo esconde su pañuelo. Pues la niebla, que ya empieza a espesarse, va invadiendo también este aposento donde el silencio huele a pergamino y moho (sobre la mesa, se ha desmayado un […]

se sienta a la mesa y escribe «con este poema no tomarás el poder» dice «con estos versos no harás la Revolución» dice «ni con miles de versos harás la Revolución» dice y más: esos versos no han de servirle para que peones maestros hacheros vivan mejor coman mejor o él mismo coma viva mejor ni para enamorar a una le servirán no ganará plata con ellos no entrará al cine gratis con ellos no le darán ropa por ellos no conseguirá tabaco o vino por ellos ni papagayos ni bufandas ni barcos ni toros ni paraguas conseguirá por ellos […]