Todos los poemas

Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.

12,749 poemas
Mostrando 12,749 poemas

"La canción que me pediste, la compuse y aquí está; cántala bajito y triste: ella duerme (para siempre); la canción la arrullará. Cántala bajito y…

Cuando me maten Todo seguirá igual: Las calles con sus hormigas Los árboles con sus troncos meados Las aves con su pedrada en el costado Los cafés con sus narcisos Los postes con su propaganda Los ríos con sus cadáveres Los libros con su capa de polvo. Pero un día caerán otros Y otros Y otros más Y cuando ya seamos muchos los caídos Alguien dirá que las cosas deben cambiar Y caerá también.

Ese buen amor de manos transparentes y ese gusto tan especial que tenía ese buen amor por robar vino blanco en los supermercados si una planta escapada de la reja o un trofeo de losas cascadas atrás del vidrio deshacía los nudos de corbatas con labios apoyados alrededor del cuello y la audición vibrosa de Nat Cole en castellano perpetuaba los besos en la piel. Buen amor tumultuoso por épocas suicida desordenado y tibio. Buen amor como viene debajo de julio y el agua con el vestido pegado al cuerpo prolongando las venas del otoño en el rostro los hábitos, […]

Te besara en la punta de las pestañas y en los pezones, te turbulentamente besara, mi vergonzosa, en esos muslos de individua blanca, tocara esos pies para otro vuelo más aire que ese aire felino de tu fragancia, te dijera española mía, francesa mía, inglesa, ragazza, nórdica boreal, espuma de la diáspora del Génesis, ¿qué más te dijera por dentro? ¿griega, mi egipcia, romana por el mármol? ¿fenicia, cartaginesa, o loca, locamente andaluza en el arco de morir con todos los pétalos abiertos, tensa la cítara de Dios, en la danza del fornicio? Te oyera aullar, te fuera mordiendo hasta […]

Para Margarita Sánchez Aquí no hay bulla ni miseria, sólo un bosque de árboles mojados y cientos de ardillas correteando vivaces o escarbando una nuez. A lo lejos un puente una interminable fila de automóviles retorna a sus hogares y nubes balando ante un perro pastor y amarillo. ¿Eres tú quien camina en las riberas del Raritan? Recuerdo un río triste y marrón donde las ratas disputan su presa con los perros y aburridos gallinazos espulgándose las plumas bajo el sol. Ni bulla ni miseria. El río fluye educado como en una tarjeta postal y nos habla igual que hace […]

"El canto de los mirlos compuesto en la quietud es como un pensamiento. Por momentos parece crecer para luego concentrarse en su puntual irradiación. Si…

Montañoso, abrumado, indescifrable, rojo como la brasa que se apaga, anda fornido y lento por la vaga soledad de su páramo incansable. El armado testuz levanta. En este antiguo toro de durmiente ira, veo a los hombres rojos del Oeste y a los perdidos hombres de Altamira. Luego pienso que ignora el tiempo humano, cuyo espejo espectral es la memoria. El tiempo no lo toca ni la historia de su decurso, tan variable y vano. Intemporal, innumerable, cero, es el postrer bisonte y el primero.

“Mis mujercitas pensadoras, mustias, que llevan por sombreros dos palomas: un taciturno verso las persigue porque los lirios por su herida aroman. Yo sé la nada pálida que cantan y la estrellada noche que no nombran. Sus versos son relámpagos quebrados y flores arrancadas como bocas. Yo sé, yo supe que se van muriendo pues ya no son las mismas sino sombras de algún querer lejano y maldecido. En sus miradas caen mariposas. Si fueran aves de alegría y frutas, pero ya secas llamas las devoran. ¡Ay! silenciosas, hijas del espanto y del decir más triste que enamora.

Yo, que fuera tu Agar, la esclava, y fuera Jezabel, arrojada a los perros de la noche y, así, fuera María -tan delicada y pura ante tus ojos- y Ruth, con una espiga de fuego entre sus manos y, aún, fuera Judith, rozando esos cabellos de Holofernes, y Salomé, bailando sin descanso; y me tomaras una y otra y cien mil veces, gritando: Oh, Jericó -al golpe clamoroso y tu trompeta no se extinguiera nunca-. Tú, que fueras, en mi profunda cueva del amor, el dolor hecho carne y coito entre los hombres.

Mi ser gris te redime De tu bella cadena de contrastes Mi lenta fuerza gris Mi fluido peso extenso Tu vida que se atrasa Cosechando tus huellas Belleza cuesta arriba Y teje para luego Tu vida y yo cuchicheamos Un escalón abajo de tus ritos Soy la alegría de una luz de un gris Mira de cuánto ocio te descargo Yo digo aquí lo que te sobra Para hacer más lugar en tu memoria La hora desasida que te guardo Es tuya cuando quieras Con mi ser gris te envuelvo toda Borro el tajo brillante donde de un lado y […]

a elizabeth esa mujer que ahora mismito se parece a santa teresa en el revés de un éxtasis/hace dos o tres besos fue mar absorto en el colibrí que vuela por su ojo izquierdo cuando le dan de amar/ y un beso antes todavía/ pisaba el mundo corrigiendo la noche con un pretexto cualquiera/en realidad es una nube a caballo de una mujer/un corazón que avanza en elefante cuando tocan el himno nacional y ella rezonga como un bandoneón mojado hasta los huesos por la llovizna nacional/ esa mujer pide limosna en un crepúsculo de ollas que lava con furor/con […]