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Desde el paisaje huraño y desvelado que acogió entre la niebla mi figura, rescata mi memoria la más pura imagen que guardara del amado. Revivo silencios del pasado en el beso amarrado a mi cintura, y descubro una llama que perdura en el minuto ayer eternizado. Entre la brisa fresca del verano, brotando desde el cuenco de su mano la nota del laúd llegó a mi oído. Me cubre nuevamente su fragancia y a golpe de encenderse en la distancia treinta años retoñaron del olvido.

Nadie le empuja Nadie lo retiene nadie le advierte nadie le cede el paso ni le espera Indiferentes le ven pasar con su sentencia oculta como un zorro robado en la cintura royéndole hasta el hueco de los dientes Nadie le impide el paso ni le espera porque todos quisieran ser los últimos. Nadie le toca. Nadie le empuja. Llega solo llenándose sin nadie del silencio de todos los que llegaron antes tapiándose de nombres olvidados y de palabras sin respuesta Llega solo nadie le empuja nadie le retiene porque todos quisieran ser los últimos

La vida mágica se vive entera en la mano viril que gesticula al evocar el seno o la cadera, como la mano de la Trinidad teológicamente se atribula si el Mundo parvo, que en tres dedos toma, se le escapa cual un globo de goma. Idolatremos todo padecer, gozando en la mirífica mujer. Idolatría de la expansiva y rútila garganta, esponjado liceo en que una curva eterna se suplanta y en que se instruye el ruiseñor de Alfeo. Idolatría de los dos pies lunares y solares que lunáticos fingen el creciente en la mezquita azul de los Omares, y cuando […]

Si no fuera por la rosa frágil, de espuma, blanquísima, que él, a lo lejos se inventa, ¿quién me iba a decir a mí que se le movía el pecho de respirar, que está vivo, que tiene un ímpetu dentro, que quiere la tierra entera, azul, quieto, mar de julio?

Hablábamos de los dones de la tiniebla. De los amores muertos. Cuando se perfiló sobre el Oeste El oro espeso de la media luna. ‘Mira: es la Luna del Dragón’ -me dijiste. Y los dos la miramos Como si algo terrible pesara sobre el mundo. El hemisferio gris parecía lleno De hondos presentimientos. No había una estrella sobre el mar en calma De humaredas y torres. Nadie dijo: ‘Es la luz que hace al Dragón visible’. Nadie dijo: ‘Es la casa donde el Dragón habita’. Nadie dijo: ‘Es la luna que ampara a los dragones’. Miramos simplemente el cuerno rojo. […]

Nacías de continuo, isla matutina, aún no arraigada al fondo de este río, para acrecentar el verano y nuestros mitos, entre vuelos de aves que emprendían sus tempranas migraciones, en las noches de serenas aguas aluvionales. Día a día celebrábamos tu nacimiento, la botadura de las naves recién calafateadas, los viajes a las provincias extranjeras; la fundación de un templo, de un gobierno; la luz de un nuevo astro descubierto por los astrónomos;

Abre sus pétalos de terciopelo Mientras la cubre gélido rocío, Hecho de lágrimas que forman río, De los que sufren sin tener consuelo. Rosa el fulgor ya desvanece el frío De su color bajo un celeste cielo. Ya ni el dolor, el miedo o el flagelo Sobreviven ante su aroma pío. Quiere darnos paz bajo un sol dorado, Esmeralda el cáliz, la faz sedosa… Sentir que al fin el mundo está cambiado… Flor que nos da su fruto, generosa… ¡Debería crecer sobre este prado! ¡En vez de muerte vil y guerra odiosa!

Yo no quiero mirar lo que he mirado a travéz del cristal de la experiencia, el mundo es un mercado en que se compra amor, voluntad y conciencia. Amigos…es mentira…no hay amigos, la verdadera amistad es ilusión, ella cambia, se aleja y desaparece, con los giros que da la situación. Amigos complacientes sólo tienen los que disfutan de ventura y calma, pero aquellos que abate el infortunio, sólo llevan tristezas en el alma. En éste laberinto de la vida, donde tanto domina la maldad, todo tiene su precio estipulado, amores, parentesco, y amistad. El que nada atesora, nada vale, en […]

En la calle silenciosa resonaron mis pisadas; al llegar frente a la reja sentí abrirse la ventana… ¿Qué me dijo? ¿Lo sé acaso? Hablamos con el alma… como era la última cita, la despedida fue larga. Los besos y los sollozos completaron las palabras que de la boca salían en frases entrecortadas. Rézale cuando estés triste, dijo al darme una medalla, y no pienses que vas solo si en tus penas te acompaña. Le dije adiós. muchas veces, sin atreverme a dejarla, y al fin, cerrando los ojos, partí sin volver la cara. No quiero verla, no quiero, ¡será tan […]