Todos los poemas

Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.

12,749 poemas
Mostrando 12,749 poemas

Endurecí mis ojos para que ya no vieran más pobreza acallé mis oídos para que ya no oyeran más dolor mutilé mi esperanza para que ya no hablara más Justicia emparedé mi alma para que ya no amara la Verdad y cuando así maté lo más hermoso me hice duro caucho que no sonrió, no amó, ni siquiera lloró mi propia muerte porque la merecía para siempre.

Al íntimo cuadrante del Nosotros la Vida nos reclama, imposible imposible oponerse, nuestros cuerpos se atraen con la fuerza del Cosmos, en medio del plasma primigenio sabores luz olor sonidos bordes se mezclan imprecisos dedos boca pezones pene vulva se encuentran y confunden en el fragor vital, tu piel mi piel resiste en creciente tensión en palpitantes cúmulos de energía genésica que irradia desde el núcleo del Nosotros, imposible imposible aguantar se desborda la piel estalla el gozo!

Voy a apagar la luz para quedarme a oscuras con tu rostro, para inventar de nuevo aquel instante: Intimidad etérea y fulminante, piel en la voz, voz en el canto, en la mirada… Voy a apagar la luz porque la oscuridad me obliga a dibujarte, me da la dulce libertad de juntar las ternuras, de calcar las ansias y borrar las soledades… Voy a apagar la luz para pensar en ti.

Se me antoja que la vida es hermosa, sintiéndola entera, profunda – ilimitada bajo la piel – se me antoja inventar una manera nueva de decirte mil cosas y siempre termino sonriéndote en silencio, sonriéndome, sn fin una sonrisa –yo– toda vertical.

¿Hay alguna diferencia, acaso, entre las piedras y los pasos? ¿Quién atropella primero y quién cede el espacio para que el otro camine? La lentitud del hombre, su torpeza y la existencia azul de los silencios se funden quietamente, se hacen polvo, tierra y sedimento. ¿Y qué pregunto ahora, si ya sé cómo se llega? Un lamento a la izquierda, dos cuadras adelante y al final unos se van camino adentro, otros se pierden y se olvidan. Queda la piedra, el árbol, la nostalgia y la soledad absurdamente vieja de los niños… Entre flores y hormigas se abren puntos invisibles […]

Ferviente en los inmensos templos de la vida, en las calles, bajo los techos, por encima del sol -entre los dedos-. Tierno. Sobre el alma: dulce y silencioso. P.D. Así es mi amor.

Pienso violar todas las leyes, los órdenes, los ritos, los sistemas. Voy a treparme a un árbol y a patear cientos de piedras, y caminando boca abajo quizá le vea el trasero a este mundo embalsamado donde todo lo que brilla apesta… Quiero robarme un manojo de estrellas, pintar la luna de verde y al sol ponerle una careta. Así, cuando me tomen de la mano y me lleven a una celda, cantaré un himno al desacato, me pondré las rejas en los ojos y entonces quedarán encerrados los de afuera…

Dejaré las notas en su sitio, miraré más allá de los objetos, cantaré hacia adentro, como siempre, lloraré hacia fuera, tomaré el peso acostumbrado de mi cuerpo, giraré los pasos: el futuro es un enigma… Sentiré no sé qué cosas y en las cálidas noches de estas tierras dormiré como muchos, con los ojos abiertos, con el alma despierta y mis pies sólo cubriendo la cama, en silencio. Yo no sé conjugar los infinitos verbos del idioma eterno… No te conozco, compañero. Mi vida es agradable comparándola con otras, pero es escasa frente a mis expectativas. Por eso te cuento […]

Siento no tener el equipaje que exigen todas las absurdas circunstancias. Me excuso por las cien torpezas diarias, por los errores grandes y chiquitos, por la bella tontería, por la cuerda voluntad de mi vergüenza. Soy aldea pequeña, de diminutos espacios, selvas y llanuras adornadas con flores que tiemblan silenciosas. Soy la dulce respuesta de la pregunta que no nace.

Como un pájaro ciego que vuela en la luminosidad de la imagen mecido por la noche del poeta, una cualquiera entre tantas insondables, vi a Casal arañar un cuerpo liso, bruñido. Arañándolo con tal vehemencia que sus uñas se romían, y a mi pregunta ansiosa respondió que adentro estaba el poema.

I Nadie medita la murena. Un tema de la romanidad: yo no sugiero los esclavos, no digo la voracidad. Entre la cabeza y la cola, en ese espacio sin salida la murena se desola. No es un problema de comida. Todo el mundo pontificaba que la murena resolvía un punto de gastronomía. Quizá si el césar sabía… El esclavo bajo las aguas era un pretexto romano; el pueblo chocaba las manos, la murena se oscurecía. La beatitud de la murena no salía a la superficie. ¿Qué cabellera para asirla? si la murena es la calvicie. La salvación por un cabello, […]

La maldita circunstancia del agua por todas partes me obliga a sentarme en la mesa del café. Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer hubiera podido dormir a pierna suelta. Mientras los muchachos se despojaban de sus ropas para nadar doce personas morían en un cuarto por compresión. Cuando a la madrugada la pordiosera resbala en el agua en el preciso momento en que se lava uno de sus pezones, me acostumbro al hedor del puerto, me acostumbro a la misma mujer que invariablemente masturba, noche a noche, al soldado de guardia en medio del sueño […]