Aunque estoy a punto de renacer, no lo proclamaré a los cuatro vientos ni me sentiré un elegido: sólo me tocó en suerte, y lo acepto porque no está en mi mano negarme, y sería por otra parte una descortesía que un hombre distinguido jamás haría. Se me ha anunciado que mañana, a las siete y seis minutos de la tarde, me convertiré en una isla, isla como suelen ser las islas. Mis piernas se irán haciendo tierra y mar, y poco a poco, igual que un andante chopiniano, empezarán a salirme árboles en los brazos, rosas en los ojos […]
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12,749 poemasA Lezama, en su muerte Por un plazo que no pude señalar me llevas la ventaja de tu muerte: lo mismo que en la vida, fue tu suerte llegar primero. Yo, en segundo lugar. Estaba escrito. ¿Dónde? En esa mar encrespada y terrible que es la vida. A ti primero te cerró la herida: mortal combate del ser y del estar. Es tu inmortalidad haber matado a ese que te hacía respirar para que el otro respire eternamente. Lo hiciste con el arma Paradiso. -Golpe maestro, jaque mate al hado-. Ahora respira en paz. Viva tu hechizo.
Tigre, tigre: El poeta está sobre las ramas. Allí lo veo como un ángel cotidiano. El poeta vive sobre esas ramas verdes o está tratando de vivir como quien pone el pie en la tierra y el otro en lo infinito. La eternidad, el tiempo todo, eres tú: tigre, tigre. Dios mismo está en las rayas de tu traje. Eres fiero como un ángel defendiéndose en el mundo. El poeta no desciende sino para quedar dormido. Y cuando duerme, salta el tigre. Hay un tigre en las ramas. Hay un tigre sobre el árbol. Hay un poeta dispuesto a saltar […]
Con esos mismos ojos miras a través de la ventana, y ves el movimiento efímero y eterno. Con esos mismos ojos desnudaste el cuerpo y sus prodigios, el paisaje estelar. Te sirvieron como peces, te abrieron los caminos. Mira como miran las distancias, cómo observan el amor. Desperaron tu sed, demudaron tu silencio. Son expresivos como cuencas de estrellas y aunque los encierres con cristales mirarán, mirarán, mirarán toda la vida.
Hacia dónde me pides que marche, hacia qué Vellocino, hacia cuál Ítaca, si toda marcha será la de Ícaro mirado por Narciso en una tarde de lluvia? ¿He de irme hacia dónde, cuál fue el sitio que me vio partir huyendo de la nada? Un ángel sólo es un nuncio y yo quiero ser mucho más que un ángel, que ese ángel mirando al horizonte, con las manos extendidas en espera de nadie.
Junto a Dios en mis manos, oro, truena el viento, se filtra, anuncia lluvia torrencial. Junto a Dios. Reúno en la oración palabra y sueño. Dejo tenue el vuelo del poema entre algas reflotadas de un pantano. Dios me perdona el ansia de imitarlo y conversa, baja a la montaña, me da sus Tablas con diamantes colocados por voz en tablillas áuricas. El verso palidece en la juntura del vocablo y el silencio. La tarde se deja acariciar casi una seda crujiendo entre mis manos. Y el poema se extiende hacia la luz de la Isla, hacia la vida nuestra.
Hundirme en tu belleza tan hondo, tan en ti que yo perezca en tu caricia, que ni el agua de mis ojos o el silencio mismo sean más que tu piel. Soledad, milagro de tu frente, en ti se advierte el ciervo que dormita en el claro del bosque y de pronto se pierde entre la yerba. Qué más quisiera yo: ser ese ciervo, entrar en tu piel como en un bosque y escuchar el silencio del amor.
Creo en la grata mansedumbre de una manzana. Y si de creer se trata, yo creo en el día de Dios repartido en el cosmos como un abanico que se abre y cuyos rayos son caminos, tumultuosos caminos por los cuales se despeña el hombre. Creo en la santísima voluntad de estar vivo donde estoy, bajo el fatalismo de haber nacido una vez y dirigirme hacia la muerte, sitio irreal, inconcebible, donde es imposible permanecer. Creo en la soledad del dulce sueño erótico en la casa rodeada por el sueño y la soledad en cuyo interior converso con el aire. […]
A Juana Rosa Pita Mañanica de diciembre luminosa y perfumada, ha llegado Juana Rosa nacida en esta mañana. Pastorcillos la anunciaron, negras cantaron sus nanas, y chiquillos sobre el Prado líneas de luz dibujaban. El sol sali?calentito sobre toda nuestra Habana y un Carnaval parecían el Gran Faro y La Cabaña. A los Festejos llegaron Reyes Magos de la Arabia, Tulipanes hechos hombres con collar de Santa Juana. Como si fuera domingo de fiesta la calle estaba, y una estrella reluciente precedi?a las Siete Hadas. Una vino con su rueca otra trajo un pentagrama, la más vieja hacía hilo y […]
Una rosa es una mano es una rosa es una linfa es una isla es una luna es una nube que viene en la tormenta. Una tormenta es el otoño es el verano es la infancia es el desaste es el viento que arrastra consigo las nubes y las islas. Una isla es una rosa es una mano es una patria es una manta voladora es un cristal hecho del polvo de la arena. Una rosa es una ciega y soterrada fantasía hecha al borde histérico de un sueño al mediodía. Una mano es una rosa es un silencio moviéndose […]
Mi mentor era un viejo de ojos claros y vivos que al llegar los exámenes a su terminación, pronunciaba un discurso de muchos adjetivos, y alcanzaba del pueblo una gran ovación. Mientras cura y alcalde cobraban sin retrasos y en duros relucientes la nómina mensual, el maestro cambiaba sus haberes escasos por viandas, en la tienda del cacique rural. El sabía retórica, y sabía latines. Si cualquiera moría por aquellos confines, él era fatalmente el fúnebre orador. A pesar de su celo y labor constante, por mambí lo tuvieron y dejaron cesante cuando vino Laureano Sanz de gobernador.
Fuera de mí, en el espacio, errante, la música doliente de un vals; en mí, profundamente en mi ser, la música doliente de tu cuerpo; y en todo, viviendo el instante de todas las cosas, la música de la noche iluminada. El ritmo de tu cuerpo en mi cuerpo… El giro suave del vals lejano, indeciso… Mis ojos bebiendo tus ojos, tu rostro. Y el deseo de llorar que viene de todas las cosas. Traducción: Carmen Gloria Rodríguez y Vania Torres