La vida es música que se aleja. Contemplas desde una ventana el mundo con la pasión de quien lo ha tenido. El río salta como una sorpresa. Una piedra que no es suya lo ve correr. ¿Oyes? Hasta el aire parece alejarse. Ya no se ven los rostros. Eres una más, ausente, jugando en tu casa a morir.
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12,749 poemasJunto a la ventana está tu rostro, la tierra firme de tus ojos. Me acerco y toco tu mano, tus rodillas, paso mi mano por tu pelo. Yo te conozco. Me pasaré la vida tentando el fondo hasta que suba una imagen que se te parezca. No duermo: acecho. Cerco con flores y con dientes a un hombre. ¿De Dónde me llegó esta enorme sed?
Aquí quedó oscilando mi última furia. Engullo cada mancha de la pared, cada clavo. Y me siento dueña de mi voz descolgándose, palpo sus aristas y me quedo quieta, absorbo su semilla y ya no se esparce. Me tiendo sin una piedra o talismán. Recorro el cuarto con los ojos abiertos: no hay visiones, sólo la noche que cae después del trabajo.
Las calles son un taller oscuro donde vi cosas que no dije. Fui poeta, no pensé en las actas, quise dar con el peligro. Una noche llovió y quebré mi espejo. Las damas se tienden unidas, los monos tañen sobre ellas, cargados de flores. Este no es el lugar. Voy por un poco de agua, voy lejos de mi casa a lavarme, voy más allá de los cipreses, voy a pensar qué hago, quiero un clavo de olor para sobresaltarme. No estoy tan sola; di mi sombra a los árboles. Crecí y volví a la fuente oscura que me llevo […]
Cerca está el tiempo. En la arcilla se refrescan algunas formas; un hombre trabaja un cantero. Alguien levanta la voz que reposa en las piedras, oculto dice una alabanza a los jardines que un día recorrió, con la mitad del cuerpo hundida en la luz y la otra mitad hundida en la sombra. Se sonríe despacio. Y pobre es el regreso.
Mejor levantarse a tiempo, antes que los poemas y la vieja música de la infancia. No se ve el otro brazo del sol. El día empieza como una marcha de soldados, caen al suelo blancos de papel los amigos. Vámonos por las calles donde nadie es intruso, pisando nuestros dolores, hasta encontrar el sitio donde la vida irrumpa como desde la boca de un hechicero loco
No podría llegar aunque camine mucho. Todo, absolutamente todo, es horizonte. El movimiento de tus párpados me aleja. Busco y te escondes, lanzo al agua una piedra y no se rizan las ondas, vuelvo donde tu estás y pasamos sin vernos, nada busco en ti que no sea mío. ¿Dónde apacientas tus rebaños? Abro una puerta y otra puerta se cierra. En esta habitación tú giras y yo giro, no hemos dejado de perseguirnos, de mirarnos por el ojo de la cerradura
Debiste haber cumplido años hoy y ya no estás, para tu bien. Guardo tus palabras y tu postrera ansiedad por mi destino, porque la historia no te permitió vislumbrar este momento, mucho menos comprenderlo. El juicio ya fue dado. te cuento que conservo para mí sola tu amor generoso. Tu mano en la cuchara dándole el último desayuno al nieto, haciendo más ligera la pesada atmósfera de la despedida. Cada uno en su lado, como dos caballeros antiguos y nobles abrazándose, antes el duelo final, fatal.
Karla Dolores es un poema japonés. Sus ojos fueron hechos de palabras rasgadas. y su piel, de finísima porcelana, fue robada a Lin Fu, el alfarero. Karla Dolores, el mejor poema que tu madre no escribió: tú te hiciste. Karla Dolores es un poema japonés que en su pequeñez mueve inmensidades.
Analiza tu vida que ya está programada. A lo mejor ya vieja, las canas te pesen y te hagan bajar la cabeza porque tu herencia será lastre y tus descendientes, indefensos insectos adheridos.
Alguna noche insomne, sentada al borde de la cama los pies en mullidas zapatillas y la tristeza enroscando como un gato su cola en mis tobillos, contemplo su tranquilo descanso, su confinado sueño, como si aún flotaran en la acuosa seguridad de mis entrañas.
Sueño, luego existo. Pienso que sueño tan hondo y cierto que el sueño me despierta en mitad del pensamiento. Y me duele este soñar, pensando que es tan sin sueño, que los sueños se me rompen -espumas del pensamiento- en las arenas del mar en que soñando, navego. ¿Pero existo? ¿Dónde y cómo? Aquí, encerrado, me encuentro en el sueño sin salida que teje mi pensamiento, preguntándome, doliéndome, de ser, soñándome, cierto. Soledad de soledades: ya ni yo mismo me sueño, pensando que existo y soy sueño de mi pensamiento.