Con sus rápidos ojos que cortan el viento, los tranvías halan, copian la ciudad; las frías nubes despliegan, intensifican la vida… ……………………….! Mi pensamiento rueda y se alarga hasta mi casa, derramando sus lunas de sed en la tormenta; burgueses y mendigos y vehículos, todo lo que a mi encuentro viene, se agranda a su contacto, resplandece, y anula su existencia, acábase, en mí mismo. Entonces canto mis límites, mi alegría desbordada como un collar de olvido en la extremidad de un verso; contra el rumbo de la noche voy ganando hojas de plata, y he de estar dormido cuando […]
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12,749 poemasA Eduardo …¿ quién, qué hombre o qué dios puede, ha podido, podrá decirme a mí qué es mi vida y mi muerte, qué no es ?… Juan Ramón Jiménez La luz sube en oleadas vagido en lo callado inmenso del nombre mortal y sola en su errancia la traspasada palabra a tientas la oficiante vieja madre cómplice intercede Ay convocada nocturna como un charco de miedo Con tus ojos de viuda abriéndote en tu hambre te clavas en lo extenuante del amor y la noche temblando con todas sus ramas se arrodilla ante el abismo me cubre helada como […]
El poema de esta tarde es un sordo rumor que trepa en las esquinas de esta mujer alerta bajo el árbol frondoso de los cables las lámparas de mercurio las sirenas de los fuegos ¿De dónde vendría el ánimo como un potro a echarse a mis pies vuelto un perro de mirada seria? ¿O el águila afilada que resplandece en el costado de esa máquina que brama y salpica las buenas conciencias? Es como lanzar un zapato a la otra orilla apoyado en un pie descalzo sin camisa Al evocar el rumor de la ciudad que celebra la nueva noche […]
En un trozo de papel con un simple lapicero yo tracé una escalerita, tachonada de luceros. Hermosas estrellas de oro. De plata no había ninguna. Yo quería una escalera para subir a la Luna. Para a subir a la Luna y secarle sus ojitos, no me valen los luceros, como humildes peldañitos. ¿Será porque son dorados en un cielo azul añil? Sólo sé que no me sirven para llegar hasta allí. Estrellitas y luceros, pintados con mucho amor, ¡quiero subir a la Luna y llenarla de color!
Las vertientes las órbitas han perdido la tierra los espejos los brazos los muertos las amarras el olvido su máscara de tapir no vidente el gusto el gusto el cauce sus engendros el humo cada dedo las fluctuantes paredes donde amanece el vino las raíces la frente todo canto rodado su corola los muslos los tejidos los vasos el deseo los zumos que fermenta la espera las campanas las costas los trasueños los huéspedes sus panales lo núbil las praderas las crines la lluvia las pupilas su fanal el destino pero la luna intacta es un lago de senos que […]
¡Criollo, no: ¡Criollazo! Canta en el tono que rasques. Le llaman El Amigazo, Su nombre: ¡PORFIRIO VÁSQUEZ! Escúcheme, por favor, escúcheme aunque no quiera: cómo canta marinera, yo lo creo un trovador. Soy su fiel admirador, lo oí y le di un abrazo; donde él fui pasito a paso por sentir su melodía. Le digo, desde ese día ¡criollo, no: ¡Criollazo…! Es el adjetivo justo que merece un decimista, zapateador, jaranista, compositor de buen gusto. Perdóname si te asusto pero por Dios, no me atasques, que aunque la lengua me masques repetiré que es tan ducho que sin esforzarse mucho […]
…Hela aquí con nosotros, noche que entreabre con delicadeza la corola del convólvulo violáceo y las puertas del lupanar. Las rameras son sordas como chacones escurriéndose entre las grietas de la tapia, pero llevan entrañados como canteras un gesto y una belleza de estatua. ‘Ah, nosotras éramos suaves y lozanas como un navío cuya carga es toda de azahares, pero nos ha tocado dar de frente en los puertos tras una deriva ineluctable.’ ‘Ah, nosotras creíamos antaño en el beso de ámbar bajo la luna, cuando dos cuerpos adolescentes se reclinan en la barda donde una vez estampara su silueta […]
Dicen que conocí la nieve en una terraza, pero jamás la he tocado, su blandura o su dureza desconozco. En cambio recuerdo esa terraza por un pino enorme en una maceta, por mis padres bailando Lady day en voz de Sinatra, por la felicidad que ofrecía mirar hacia todos lados. No, yo no conozco la nieve, aunque me muestren una fotografía y casi me convenzan. Sólo sé que cuando nos despedimos de ese espacio -propio para la sobremesa en el verano- comprendimos que éramos de ningún lado.
Un monte azul, un pájaro viajero, un roble, una llanura, un niño, una canción… Y, sin embargo, nada sabemos hoy, hermano mío. Bórranse los senderos en la sombra; el corazón del monte está cerrado; el perro del pastor trágicamente aúlla entre las hierbas del vallado. Apoya tu fatiga en mi fatiga, que yo mi pena apoyaré en tu pena, y llora, como yo, por el influjo de la tarde traslúcida y serena. Nunca sabremos nada… ¿Quién puso en nuestro espíritu anhelante, vago rumor de mares en zozobra, emoción desatada, quimeras vanas, ilusión sin obra? Hermano mío, en la inquietud constante, […]
"A mí dame las nubes, ellos pueden quedarse con el viento ahora sin nada para empujar. El grito del afilador, las hojas curtidas de enero…
Frío y beato el crepúsculo Calla visiblemente Habría que aprender de los encinos Ese modo sencillo y concentrado De estar magistralmente En la mitad del aire pálido Y atender con entera reverencia A esta mudez e intensidad el tiempo Que se hace ver solemne Detenido en lo alto antes del salto Todo el conmovedor egoísmo del mundo Indiferente a su belleza E incapaz de pactar Que sólo fatalmente llama Que sólo atándonos con el destino Se deja amar.
Te necesito, amor con tus metales. Agrio tu aliento de tabaco y cerveza. Tu pecho por mi espalda tobogán que madura en húmedos carbones. Te necesito a trancos galopando en mi nuca.