Yo conocí la edad de la palmera Y el verbo de los blancos arrozales. El mundo de los seres vegetales Me dio la anunciación de Primavera. Las rosas visitaban a la higuera, El bálsamo curaba a los maizales, El pino repartía madrigales, La pascua su encarnada cabellera. Hermano era el abeto de las tunas, Amigo era el maguey de la gladiola, Y novios tulipanes y aceitunas. ¡Amor, se respiraba verdemente! ¡Amor, gritaba al viento la corola! ¡Amor fue la canción de la simiente!
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12,749 poemasYo, un hijo del Caribe, precisamente antillano. Producto primitivo de una ingenua criatura borinqueña y un obrero cubano, nacido justamente, y pobremente, en suelo quisqueyano. Recorrido de voces, lleno de pupilas que a través de las islas se dilatan, vengo a hablarle a Walt Whitman, un cosmos, un hijo de Manhattan. Preguntarán ¿quién eres tú? Comprendo. Que nadie me pregunte quién es Walt Whitman. Iría a sollozar sobre su barba blanca. Sin embargo, voy a decir de nuevo quién es Walt Whitman, un cosmos, un hijo de Manhattan.
"(Mientras Carlos Cañas e Isabel de Sola escribían) Triste vergüenza del hombre que camina, que marcha puliendo su agonía, retocando con alambres sus escaramuzas. Vergüenza…
¡Oh, mi amada! ¿te acuerdas? Esa tarde tenía el cielo una sonrisa azul, vestía de esmeralda la campiña y más linda que el sol estabas tú. Llegamos a las márgenes de un lago. ¡Eran sus aguas transparente azul! En el lago una barca se mecía, blanca, ligera y grácil como tú. Entramos en la barca, abandonándonos, sin vela y remo, a la corriente azul; fugaces deslizáronse las horas; no las vinos pasar ni yo ni tú. Tendió la noche su cendal de sombras; no tuvo el cielo una estrellita azul… Nadie sabrá lo que te dije entonces, Ni lo que […]
He abierto mi puerta ...para que incies hoy tu ruta de salida.
Naces, entre dolores para dar a la muerte un nuevo cuerpo que llevas a la nada, seguir entre quimeras, para alcanzar hasta los desengaños; amar sin ser amado para saber de las desolaciones y conocer entonces que la grandeza del alma es una horrible ironía de Dios… Y tener un cerebro que nos haga saber serenamente que nuestro propio mal a nadie importa; y, al fin de la jornada, abandonar el cuerpo a los gusanos y seguir caminando.
Tus brazos como blancos animales nocturnos afluyen donde mi alma suavemente golpea. A mi lado, como un piano de plata profunda parpadea tu voz, sencilla como el mar cuando está solo y organiza naufragios de peces y de vino para la próxima estación del agua. Luego, mi amor bajo tu voz resbala, Mi sexo como el mundo diluvia y tiene pájaros, Y me estallan al pecho palomas y desnudos. Y ya dentro de ti yo no puedo encontrarme, cayendo en el camino de mi cuerpo, Con sumergida y tierna vocación de espesura, Con derrumbado aliento y forma última. Tú me […]
hasta que las puertas de tu ciudad fortificada con estatutos inviolables me acojan como habitante de la vida que en ti se desenvuelve igual que la lluvia de silencio sobre tu cabeza Gradualmente me impregnaré de ti hasta que sea humo en tu voz luz en tus ojos y haga sobre mis hombros tu futuro Cuando llegue el otoño te descubriré al rostro de los hombres para que en tus vasos alimenticios vengan a nutrirse de esperanza
Ella parece una hogaza recién horneada de tan sabrosa que se ve de tanta vida que la inunda Una mujer que espera un hijo es eso ¿qué si no? Una hogaza de pan recién horneada Debería cantar y reír cerrar sus oídos a las tinieblas las falsas profecías y buscar a dios en donde está en el milagro redondo de su vientre.
Qué deberá asentarse de mi viaje: ¿la caricia en el aire y los olores o la inclemencia de los tiempos? ¿el esplendor oriundo del paisaje o la humana aflicción? ¿la dicha de vibrar en lar nativo o la fugacidad de esa vivencia? ¿la acogida de mi país en ti o el ulterior redoble del destierro? Antes me reconocerían en Siena, donde acaso nunca esté, que en la ciudad donde cumplí los veinte y hago mía por licencia de ensueño. Celebran mi dicción: no reconocen mi piel, ni la orfandad que me dio voz ni el gran rechazo en que forjé […]
Es un embrión varón el ser que extrajeron los médi- cos. Sabemos que crecerá con una luz violeta en una máquina y que su madre vendrá todos los días. Sabemos que el corazón pequeño del durmiente está agitado como una nube negra y que se chupa el pul- gar y juega con los líquidos. Tiene un ojo sin párpado con sueños estelares y cen- tellea su piel como la de los peces. Sabemos que domina el blanco en su cabeza y un manantial azul resuena en su cianosis. Sigilosamente, alguien desconecta la máquina y la luz. Ha muerto dulcemente envuelto […]
Camino sobre el río. La luz del sol alumbra suavemente. Mecida por un haz de extrañas flores, lianas, peces y algas, voy bogando. Una fuerza me empuja y no lo sé. Un marino de cobre me contempla desnudo. Mecido por un haz de extrañas flores, voy bogando entre peces, lianas y algas. Estamos, lado a lado, mirando hacia la orilla. Unas mujeres hablan. Otras mujeres cantan. Tú y yo, marino, nos dejamos llevar, nos dejamos llevar. Camino sobre el río. Caminas sobre el río. Aquellos ojos nos señalan, sus pupilas desprenden el fuego más profundo. Una fuerza me empuja y […]