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"el hambre su alquimia pertinaz transmutación violenta en la costilla tener un hombre vivo entre los dedos tirárselo a la muerte el hambre es una…

Lloviznó sueños sobre la ciudad se amaron libres los gatos flotaron besos enamorados la gente común tuvo prisa la noche sintió miedo de ser etiquetada se alejó de los conceptos y detuvo la vida dibujó estrellas en el suelo bebiéndose un dolor rosado para no llorar el cielo es un lugar lejano sin estatuas de poetas

Ya ni versos escribo, sólo queda este soñar de lágrimas teñido, y una queja distante en el olvido azul lejano de tu voz de seda. Amor no es, es algo que remeda la desmembranza del rosal caído, donde ya ni las sombras hacen nido, ni el viento en rondas de cristal enreda. Algo que ayer fue lirio de mi fuente, frescura de mi noche, y suavemente luminar en mi senda florecida. Algo que en mi agonía aún retengo, porque es la única verdad que tengo y no puedo arrancarla de mi vida.

A veces el amor como un intruso, como un pelo en el plato de comida. A veces el amor como enfermarse, como estar ahogándose, como si hubiésemos robado y nos buscaran. Otras veces con él qué borrachera, qué jubilosa azúcar inundándonos, qué tropel en las venas, qué cosa nunca vista, qué fiebre de colores. A veces el amor como pudriéndose.

Es la tarde gris y triste. Viste el mar de terciopelo y el cielo profundo viste de duelo. Del abismo se levanta la queja amarga y sonora La onda, cuando el viento canta, llora, Los violines de la bruma saludan al sol que muere. Salmodia la blanca espuma: ¡Miserere! La armonía el cielo inunda, y la brisa va a llevar la canción triste y profunda del mar. Del clarín del horizonte brota sinfonía rara, como si la voz del monte vibrara. Cual si fuese lo invisible… cual si fuese el rudo són que diese al viento un terrible león.

Manoli, atravesando una calle --yendo hacia la Renfe-- me vi reflejado de cuerpo entero en la vidriera de un bar. Me miré como me vería…

El silbato de las hirvientes jarrillas rompe el silencio oloroso a cebolla en las limpias y pacíficas cocinas que se llenan de su música arcaica de viejo ferrocarril en miniatura. Las jarrillas de silbato han sido hechas para aquellos que olvidan siempre apagar la hornilla, como yo, para preocupación tuya. Hoy, estrené la jarrilla esmaltada de rojo y asa negra que confiados compramos ayer para evitar catástrofes frecuentes por mis constantes olvidos. Al principio fue sólo su &quotgor-gor’ suave como ronronear de gato el que cautivó embelesada. luego, fue su agudo silbato -imperioso y mágico- el que hizo irrumpir en […]

Puto es el hombre que de putas fía y puto el que sus gustos apetece, puto es el estipendio que se ofrece en pago de su puta compañía. Quevedo ¿Que reír no podemos con poesía? ¡Aquí estoy yo para mirar contrario! Trompada, sexo y risa son ternario también en el poeta noche y día. Si la gente no entiende mi osadía, ¡se estanque el hombre en el común agrario!: se quede hartando del afán gregario sobre el retrete de su hipocresía. No es maña, no es veneno, no es porfía; ¡es estricta divierta de estepario! Es gana de mostrar que […]

El paraguas en el piso, desmayado en su estatura negra, me había dicho: “lo siento”. Advierte el cristal un ave que con ademanes blancos vuela persignando el cielo. Por demolidas parcelas del alma llueven plumas tiznadas de quejas. El paraguas en el piso, de luto aplastada su impotencia.