Piedad para los equivocados, para los que apuraron el paso y los torpes de lentitud. Para los que hablaron bajo tortura o presión de cualquier tipo, para los que supieron callar a tiempo o no pudieron mover un dedo; perdón por los desaires con que me trata la suerte; por titubeos y blabuceos. Perdón por el campo que crece en estos espacios de la época trabajosa, soberbia. Perdón por dejarse acunar entre huesos y tierras, sabihondos y suicidas, ardores y ocasos, imaginaciones perdidas y penumbras.
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12,749 poemasNo sé por qué piensas tú, soldado, que te odio yo, si somos la misma cosa yo, tú. Tú eres pobre, lo soy yo; soy de abajo, lo eres tú; ¿de dónde has sacado tú, soldado, que te odio yo? Me duele que a veces tú te olvides de quién soy yo; caramba, si yo soy tú, lo mismo que tú eres yo. Pero no por eso yo he de malquererte, tú; si somos la misma cosa, yo, tú, no sé por qué piensas tú, soldado, que te odio yo. Ya nos veremos yo y tú, juntos en la misma […]
Cuánta ceniza ardiente llueve el cielo, ecos antiguos de una voz que pasa, ese enemigo que inventó el espejo y me instaló sin verme en…
Aquí estamos las madres negras petrificándonos como un raro ejemplar de otras edades. Sin que estas palabras puedan cambiar las decisiones de los hombres que mantienen los pueblos en la sombra. Aquí estamos las mujeres poderosas rodeadas de atormentadores reducidas a cenizas por la mano del hombre. ¿Dónde va a florecer nuestra familia si se contamina la vida en el Pacífico y hacen estallar el espacio rompen el aire de dragones imaginarios si desequilibran las nieves de los Polos y también las profundidades de la tierra? Dónde alimentar la sonrisa de los hijos con peces muertos, vegetales muertos, aire muerto […]
¿Qué decía, Ulises, el canto de las sirenas que tu pobre astucia no se atrevió a escuchar? ¿Qué fue de la armoniosa perfección que tus naves esquivaron? ¿De qué sirvieron tus viajes, para qué las arenas de Troya, la victoria a traición, la embriaguez de Polifemo? ¿Para qué la gloria de los siglos, insensato, si, hombre al fin, tuviste el milagro al alcance de tu mano –más importante que la gloria más efímero que la fama, y por eso sólo por eso, eterno– y te negaste, cobarde, a descifrarlo? Pero las sirenas, Ulises, son eternas. Otros son los que escuchan […]
Mira cómo, desde este exilio de cemento, se extiende la ciudad, a nuestras plantas. De aquí partían los mercaderes rumbo a España. Mira el humo en aquellas azoteas, el resplandor del sol en los tinacos, aquellas sucias fábricas a plomo. Mira el papel que cae desde un alto edificio: pájaro que ablandara sus alas. Encabritadas garras afilando, águilas junto al cielo se desploman. En este oscuro cuarto un pedazo de historia se fabrica; en aquel otro, un hombre sueña con mujer pero en su lecho sólo la luna abraza sus muslos y torso. Huele la lluvia. Mira cómo de la […]
En este abril cuando la brisa de marzo no está conmigo he recordado el brillo de tu mirada que acechó en las esquinas, mientras, mayo, furtivo y sediento, se reía de un junio cobijado entre sombras… En este julio los luceros inventaron el amor que febrero olvidó atendiendo vitrinas expuestas al mejor postor aunque en silencio agosto, conspirara contra el amor que le heredó el vecino del norte como si la ternura estuviese confinada al mercado de tus ojos… Ah, pero no me hables de septiembres conmemorando la flecha y el arco de falsos profetas independentistas que usurparon la quietud […]
Soy el hombre casado, soy el hombre casado que inventó el matrimonio; varón antiguo y egregio, ceñido de catástrofes, lúgubre; hace mil, mil años hace que no duermo cuidando los chiquillos y las estrellas desveladas; por eso arrastro mis carnes peludas de sueño encima del país gutural de las chimeneas de ópalo. Dromedario, polvoroso dromedario, gran animal andariego y amarillo de verdades crepusculares, voy trotando con mi montura de amores tristes… Alta y ancha rebota la vida tremenda sobre mi enorme lomo de toro; el pájaro con tongo de lo cuotidiano se sonríe de mis guitarras tentaculares y absortas; acostumbrado […]
"Impertinente signo del olvido las llaves dónde están la cita era antes no después y ese nombre en la punta de la lengua. Impertinente te…
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. Al primer muerto nunca lo olvidamos, aunque muera de rayo, tan aprisa que no alcance la cama ni los óleos. Oigo el bastón que duda en un peldaño, el cuerpo que se afianza en un suspiro, la puerta que se abre, el muerto que entra. De una puerta a morir hay poco espacio y apenas queda tiempo de sentarse, alzar la cara, ver la hora y enterarse: las ocho y cuarto. Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. La que murió noche tras noche y era una larga despedida, un tren […]
AMO, Valparaíso, cuanto encierras, y cuanto irradias, novia del océano, hasta más lejos de tu nimbo sordo. Amo la luz violeta con que acudes al…
Hay palabras que ya no decimos, que se quedan varadas entre el deseo y los labios, que se arrastran por nuestro cansancio y son espuma. Van cayendo los días sobre nosotros como una tormenta de costumbres que ha empapado de inviernos el libro que guarda nuestra ruta de regreso.