Más pulidos que el mármol transparente, más blancos que los blancos vellocinos, se anudan los dos cuerpos femeninos en un grupo escultórico y ardiente. Ancas de cebra, escorzos de serpiente, combas rotundas, senos colombinos, una lumbre los labios purpurinos, y las dos cabelleras un torrente. En el vivo combate, los pezones que se embisten, parecen dos pitones trabados en eróticas pendencias, y en medio de los muslos enlazados, dos rosas de capullos inviolados destilan y confunden sus esencias.
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12,749 poemasQue vengan esos primeros sueños, Que vengan con su quemante copa de voces, No los recordaré Porque mi cara es otra, y ya no hablo. Entre tantos afanes, He deseado que lleguen; Que llegue, porque sólo es uno. Y quizás vaya conmigo, Con su vida fija pegada a mi cuerpo Como una piel transparente. Pero ya no lo conozco: He estado solo, cavando en mi arcilla. Sale el habitante con su libro de horas Y se va por entre las cosas, Con una figura inanimada. ¿Recuerdo, recuerdo todo? En la noche que brota de la respiración, Besando el camino pegado […]
el hipódromo de unicornios es un sitio especial y bien discreto sólo pueden entrar en él los aficionados a soñar despiertos los que aún llevan un niño dentro los que nunca hayan pisado la cola a un gato aquellos que cada noche le dan un beso a su vieja los que escriben con el corazón los que besan a las feas los nacidos en año bisiesto quienes duermen con la luz encendida los que dan sin recibir los pieles rojas del asfalto y los de las llanuras aquellos que siempre dicen no los que apuestan por lo desconocido y sobre […]
Busco la hebra exacta para comenzar a desenredar el ovillo de recuerdos y olvidos que dejan maniatado el corazón Busco una aguja para seguir pinchándole el pulgar a la nostalgia
En la morada de la luz escribo, con una transparencia contenida que me hace hueco, que me desenvuelve de tanta noche cruel y su amenaza. Voy de camino, siempre voy, a solas por las estancias donde iba antes de saber que ya no tengo regreso. En la morada de la luz, del cálido perfume que conforta mis poemas, escribo hacia delante, como vivo.
Oyendo aquí los pinos, miro el cielo; mis ojos, inocentes; soy el niño que se esconde a mirar y oír el mundo, a sorprender la noche cómo roba. Sigo oyendo los pinos, sigue el cielo, y mis ojos se apagan, ¿qué será del que soy? Ya no es posible el daño; sereno el corazón aguarda todo. Y sigo oyendo el tiempo, sombras crecientes que penetran flacas en mi cuerpo vacío, hospicio de algún mal inacabable. Posible es la alegría, me consuela la noche: creía carecer de bien alguno, y siguen devastando mi inocencia.
Este melón es una rosa, este perfuma como una rosa, adentro debe tener un ángel con el corazón y la cintura siempre en llamas. Este es un santo, vuelve de oro y de perfume todo lo que toca; posee todas las virtudes, ningún defecto, Yo le rezo, después lo voy a festejar en un poema. ahora, sólo digo lo que él es: un relámpago, un perfume, el hijo varón de las rosas.
Tibia el alma arde en la brisa afina el viento su breve latir en tu cintura sueño a flor de agua donde una luz seduce el íntimo retozo de tu vuelo.
No siempre es poderosa, Carrero, la maldad, ni siempre atina la envidia ponzoñosa, y la fuerza sin ley que más se empina al fin la frente inclina; que quien se opone al cielo, cuando más alto sube, viene al suelo. Testigo es manifiesto el parto de la Tierra mal osado, que, cuando tuvo puesto un monte encima de otro, y levantado, al hondo derrocado, sin esperanza gime debajo su edificio que le oprime. Si ya la niebla fría al rayo que amanece odiosa ofende y contra el claro día las alas oscurísimas estiende, no alcanza lo que emprende, al fin […]
the imposibility of being human… Ch. Bukowski Releyendo 10 años después El árbol de la ciencia Me pregunto -entre otras cosas porque no lo sé- si este magistral desharrapado conoció a ese otro Doctor de los Infiernos que fue Céline. Descarriados hijos de una gran familia de balas perdidas en el eco canalla de los siglos: Villon considerando el peso de su propio culo la víspera de su frustrada ejecución; Dostoyevski asesinando a Dios; Baudelaire copulando con las cenizas de Satán; Céline prendiendo fuego a los nueve caminos de la perdición en el hipocentro de la noche; Baroja escupiendo los […]
El arquero agita la cuerda y se enternece al ver la piel en espiral, el arquero mira los párpados de la gacela inconsciente, apuntala la flecha: su piel es cuerda de la que surge la vibración certera que desgarra el silencio con tonos agudísimos. Sus pestañas, al deslizarse por el rostro, revelan una luz brotar entre los dos. El arquero detiene la flecha y acaricia el pelambre de su presa.
"Yo soy flor que se marchita al sol de la adversidad, el arbolito en mitad de la llanura infinita. La paloma, pobrecita que arrastran los…