Como el primer día de mi llegada aquí, a veces la memoria se me pierde y me encuentro yacente por el suelo sin hueso ni contorno ignorando qué vida de qué mundo de qué recuerdo es ésta. -Pero tú no me olvides, dulce tierra sin rostro cuyo recuerdo pierdo a cada instante, cuyo sabor me escapa, cuyos ojos de amor no reconozco. Oh, no me olvides, me memoria es viento; me disuelvo en la noche día a día si tú no guardas algo de este turbio latido que derramado apenas humedece tu vasta frente donde la memoria es oscura y […]
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12,749 poemasTu carne olía ricamente a otoño, a húmedas hojas muertas, a resinas, a cítricos aceites y a glisinas y a la etérea fragancia del madroño. Hábil como una boca era tu coño. Siempre había, después de tus felinas agonías de gozo, en las divinas frondas de tu deseo, otro retoño. Te aflojabas de pronto, exagüe y yerta, suicidada del éxtasis, baldía, y casta y virginal como una muerta. Y poco a poco, dulcemente, luego, absuelto por la muerte renacía tu amor salvaje y puro como el fuego.
Ocioso entumecido Jornalero de amor desempleado Sólo despiertas ya brumosamente Cuando te atreves a mirar con vértigo El boquete abismal de lo perdido Qué hiciste pues de tu fortuna En qué usaste tus títulos de amor y de milagro Dónde has puesto las llaves de las arcas Qué no habrás traicionado Qué don no habrás malbaratado Qué radiante cometa no habrás desatendido Ves ahora aflojándote Cómo el invierno baja su alta espada Pero no sube en ti la savia Poco a poco el deshielo Va dejando de nuevo a descubierto todo Tú sigues ocultando las manos en tus ropas Te […]
Sal a la liza envidiosa condena Me arrojo de cabeza sobre tus pretiles Me precipito al fondo Dejo caer todo mi peso inerme En el desprestigiado pozo en ruinas De la nostalgia de imposibles ojos No renuncio ya a nada Todo lo que ha sido mío es mío Todas mis agobiantes trashumancias Perdido de avidez y de no pertenencia Todo el metódico descorazonamiento Mi sorda espera mi hosca delicadeza Y este amor asfixiante de la vida Que me impide vivir Nada de eso está muerto La prohibición no mata desfigura Con todo ello hablo Todo vuelve a ser mío si […]
Desperdigados pájaros ociosos A pie por la lodosa hierba En la que día gris Deposita en silencio Un leve sedimiento de luz turbia Tan tenue dicha interminablemente Ahora que no nos mira el mudo cielo Y sólo ahora lo sabemos Por un rato apeados del estruendo A estirar nuestros miembros a aclarar los pulmones En el ligero frío liso Sin cenit y sin hora En el lago de tiempo redimidos Por un rato seguros de que un día Ya curados por fin de esta torpeza Para soltar los bultos Que la avidez abraza Empujando al deseo entristecido Un día oscuro […]
Frío y beato el crepúsculo Calla visiblemente Habría que aprender de los encinos Ese modo sencillo y concentrado De estar magistralmente En la mitad del aire pálido Y atender con entera reverencia A esta mudez e intensidad el tiempo Que se hace ver solemne Detenido en lo alto antes del salto Todo el conmovedor egoísmo del mundo Indiferente a su belleza E incapaz de pactar Que sólo fatalmente llama Que sólo atándonos con el destino Se deja amar.
Mi tienda siempre fuera de los muros. Mi lengua aprendida siempre en otro sitio. Mi bandera perpetuamente blanca. Mi nostalgia vasta y caprichosa. Mi amor ingenuo y mi fidelidad irónica. Mis manos graves y en ellas un incesante rumor de pen- samientos. Mi porvenir sin nombre. Mi memoria deslumbrada en el amor incurable del olvido. Lastrada en el desierto mi pala- bra. Y siempre desnudo el rostro donde sopla el viento.
(Cuadro de Ramón Gaya) Es el sitio intocado de una lujuria antigua Que tanto olvido ha vuelto finalmente sagrado La mirada entra en puntas de pies y se santigua Nada queda del viejo fragor decolorado Por el santo silencio sino la mancha ambigua Del tenue resplandor con que aún anaranjado Ya sin deseos llama fielmente intemporal Se consume el Deseo en un frágil fanal.
Tu grupa blanca y ciega se remueve Bajo la seriedad de las caricias Tu inquieta grupa zalamera Entrevero de fiebres y de fríos Tu grupa de molicie inaplacada Nudo vivaz y obtuso de tu cuerpo En el coloquio a oscuras de las pieles Le prestamos al mundo nuestra carne Para que inscriba en ella sus musitaciones Tu grupa sensitiva gesticula Bucea perseguida y habitada De una mudez que se debate en muecas En su estertor no logra articular La voz con que decirnos Que es con nuestra mudez con la que calla Tu tierna grupa inerme desfallece Y una inaudible […]
Por entre unas matas, seguido de perros, no diré corría, volaba un conejo. De su madriguera salió un compañero y le dijo: «Tente amigo, ¿qué es esto?». «¿Qué ha de ser?», responde; «sin aliento llego…; dos pícaros galgos me vienen siguiendo». «Sí», replica el otro, «por allí los veo, pero no son galgos». «¿Pues qué son?» «Podencos». «¿Qué? ¿podencos dices? Sí, como mi abuelo. Galgos y muy galgos; bien vistos los tengo». «Son podencos, vaya, que no entiendes de eso». «Son galgos, te digo». «Digo que podencos». En esta disputa llegando los perros, pillan descuidados a mis dos conejos. Los […]
(Tonadilla pastoril) Ya alegra la campiña la fresca primavera; el bosque y la pradera renuevan su verdor. Con silbo de las ramas los árboles vecinos acompañan los trinos del dulce ruiseñor. Este es el tiempo, Silvio, el tiempo del amor. Escucha cual susurra el arroyuelo manso; al sueño y al descanso convida su rumor. ¡Qué amena está la orilla! ¡Qué clara la corriente! ¿Cuándo exhaló el ambiente más delicioso olor? Este es el tiempo, Silvio, el tiempo del amor. Más bulla y más temprana alumbra ya la aurora; el sol los campos dora con otro resplandor. Desnúdanse los montes del […]
El té, viniendo del imperio chino, se encontró con la salvia en el camino. Ella le dijo: «Adónde vas, compadre?» «A Europa voy, comadre, donde sé que me compran a buen precio.» «Yo», respondió la salvia, «voy a China, que allá con sumo aprecio me reciben por gusto y medicina. En Europa me tratan de salvaje, y jamás he podido hacer fortuna. Anda con Dios. No perderás el viaje, pues no hay nación alguna que a todo lo extranjero no dé con gusto aplausos y dinero». La salvia me perdone, que al comercio su máxima se opone. Si hablase del […]