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Gracias te doy por tan poco y por tanto a la vez gracias te quiero dar por esta boca que no olvida por este abecedario de pechos que se tocan y que arden cuando besas Tú solamente me conoces tú solamente sabes quien soy hacia donde van mis manos y mis pasos tú solamente llegas con arrugas y sábanas tú solo llegas a buscarme tú llegas a fuego lento y me divides y me arañas y me traes toda la sangre nueva de mi alma Qué importa amor si ya no somos qué importa si venimos o nos vamos A […]

Lo verdadero ocurre en aguas profundas y las palabras poco pueden con eso Los pescadores han traído un lobo de mar que por error o azar cayó en la red de congrios y jureles Su cabeza ladeada hacia el este cuelga de un escalón del muelle No respira Tiene un fulgor lechoso en la mirada y en un breve intervalo pasó de ser protagonista a convertirse en obstáculo Es un hecho fortuito un punto irrelevante en la mañana este lobo muerto por error o azar Me recuerda a mi padre el último día que lo vi.

"Se llevaron las rejas del balcón desde donde la casa se avistaba. Las rejas de plata. Se llevaron la sombra de los limoneros por donde…

Me desconozco», dices; mas mira, ten por cierto que a conocerse empieza el hombre cuando clama «me desconozco», y llora; entonces a sus ojos el corazón abierto descubre de su vida la verdadera trama; entonces es su aurora. No, nadie se conoce, hasta que no le toca La luz de un alma hermana que de lo eterno llega y el fondo le ilumina; tus íntimos sentires florecen en mi boca, tu vista está en mis ojos, mira por mí, mi ciega, mira por mí y camina. «Estoy ciega», me dices; apóyate en mi brazo y alumbra con tus ojos nuestra […]

De la mañana el resplandor incierto, cuando el órgano eleva sus cantares, te he visto comulgar entre azahares de la iglesia en el ángulo desierto. Así también mi corazón ya muerto llega de tu piedad a los altares, implorando les des a mis pesares la comunión de tu cariño yerto. Pero tú te resistes, hostia ingrata, a venir al enfermo peregrino, y aunque tu eterna negación me mata aguardo humildemente, amada mía, de rodillas al borde del camino la luz de mi radiosa eucaristía.

Si pudiéramos decir: el árbol, simplemente, sin viento que lo inquieten, sin pájaros que lo pinten. Y luego, la mujer, simplemente, sin adjetivos, sin paisaje que la desnude. Después, el hombre, simplemente, sin miedo que lo agigante ni sombra que lo entretenga. Si pudiéramos decir: el árbol, la mujer y el hombre, simplemente, sin vientos, sin pájaros, sin adjetivos, sin paisaje, sin miedo y sin sombra. Simplemente.

Repica el agua en la verde maleza que ahoga las tumbas de los antepasados: estelas inclinadas y hundidas en la tierra llevan grabadas frases que en su vida los muertos idearon. Sentencias y deseos, sueños tallados en la piedra. Y ahora la lluvia toca sus pensamientos y resuena también, verde y furiosa, en la maleza que es su única amiga. Dentro parpadean las lámparas de la mezquita y se inclinan las sombras de los fieles. Aquí fuera la lluvia, la lluvia que viene de ese cielo tan gris, como el polvillo viejo de los huesos; tan gris como el destino […]

Arrecia en mí la vida con las primeras sombras. Al término del día, concluida la tarea, cuando la luz se inflama, anaranjada, en muros y parterres, cuando el limpio negror de la pizarra finge la transparencia de un espejo que baña por igual a cuervos y gaviotas, algo insiste en mi ánimo, algo que azuza y dicta en mi silencio con urgencia inequívoca. Semejante al deseo, aunque desnuda de su terca ceguera, esa voz me conmina al desconcierto. Con la chaqueta puesta, abstraído testigo de mis pasos, desciendo la escalera. La frescura del aire de septiembre da en mi rostro […]

… antes de tiempo y casi en flor cortada. G.DE LA V. Hubierais visto llorar a las yedras cuando el agua más triste se pasó toda una noche velando a un yelmo ya sin alma, a un yelmo moribundo sobre una rosa nacida en el vaho que duerme los espejos de los castillos a esa hora en que los nardos más secos se acuerdan de su vida al ver que las violetas difuntas abandonan sus cajas y los laúdes se ahogan por arrollarse a sí mismos. Es verdad que los fosos inventaron el sueño y los fantasmas. Yo no sé […]

Sal a la liza envidiosa condena Me arrojo de cabeza sobre tus pretiles Me precipito al fondo Dejo caer todo mi peso inerme En el desprestigiado pozo en ruinas De la nostalgia de imposibles ojos No renuncio ya a nada Todo lo que ha sido mío es mío Todas mis agobiantes trashumancias Perdido de avidez y de no pertenencia Todo el metódico descorazonamiento Mi sorda espera mi hosca delicadeza Y este amor asfixiante de la vida Que me impide vivir Nada de eso está muerto La prohibición no mata desfigura Con todo ello hablo Todo vuelve a ser mío si […]

Yo rivalizo conmigo: No estoy a la altura de mi condición. Me topo con sorpresa contra mi propio yo. Me sucede que no canto como quisiera. Balbuceo y escucho una lejanía. Tímidamente me alzo en lluvia. Escojo, por no dejar, un nombre para darme. Y no me siento interpretada. Tan torpe como soy. Tan solamente. Tan única y tan ella y tan dolida. Y la gran carcajada que me gasto. Y las ganas de ser y de quebrarme. Rivalizo conmigo y esta pugna vagamente grosera me invalida las mejores gestiones amatorias. Y mi propio amor, mi boca para el beso […]

El perturbado camina por el pasillo con una vela en la mano. Entre la velocidad y la luz de su paso se ven sus lágrimas azules. Desviado del mal su voz es indefensa. Rodeado de moscas blancas, encerrado en su círculo, camina toda la noche por el hospital, mientras la cristalina luz de la inocencia le protege.