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En invierno, al llegar el tiempo de las plantaciones, me gusta contemplar ese desfile de jardineros desarmados cruzando la ciudad, llevando sobre sus hombros en lugar de fusiles árboles dormidos. Esa imagen es para mí tan hermosa que vence toda la sinrazón de la barbarie en la que estamos, algo así como asistir a la poderosa fragilidad de las raíces de la menta levantando las piedras.

Árbol antiguo visto desde una infancia, el tiempo se deshoja, floreciendo, siempre reintegrándose a sí mismo, firme ante los aires de cualquier viento, ante los vientos de la muerte, el viento iracundo de la nada. Suspiro interminable es caminar el tiempo, jugar un juego que no acaba dentro del árbol de las horas, muy adentro del ramaje más caudaloso. Si los pasos se detienen en su marcha los abandona el tiempo a la intemperie, pasos perdidos son hasta reencontrarse. !Y qué laberinto es el camino! (Pero encuentra el pie su huella, y al momento retoma su destino y se desborda.) […]

En el frío de tu sonrisa no quedaba ya resplandor… pero aun la carne se me eriza cuando pienso en aquel amor!. Veinte años apenas los míos. ¡Pudiste haberme dado el ser! Tú eras crepúsculo sombrío y yo era un claro amanecer!. En ti no había ya memoria de la pasada juventud. Tu último sueño era la gloria para después del ataúd. La nieve a blanquear comenzaba en tu sien. ¿Por eso te amé?… y en una larga arruga surcaba las frías manos que adoré. Llegué yo – mariposa loca- ¿ Qué había en ti, qué había en ti que […]

Otro sentido No tenemos adonde ir somos como un área devastada Sobre la tarima de madera el muchacho cierra los ojos, las ojeras -delineadas con khol negro- le dan una imagen extraña, como si fuesen dos ojos aplastados. Él se calla y me dice: ‘el paradero y las varas amarillas, recuerdo el parque de diversiones y el carrusel con los caballitos de madera descascarada o los conejos, gigantescos y rosados, la Montaña Rusa, un enjambre de rieles y chatarra, apiñados. No sé dónde estábamos, si en Buenos Aires o en Viena. Me tocaste la mano helada y yo boté el […]

Romerico, tú que vienes De donde mi vida está, Las nuevas de ella me da, Dame nuevas de mi vida Así Dios te dé placer, Si tú me quieres hacer Alegre con tu venida. Que después de mi partida De mal en peor me va. Las nuevas de ella me da.

Señor: yo sé que en la mañana pura de este mundo, tu diestra generosa hizo la luz antes que toda cosa porque todo tuviera su figura. Yo sé que te refleja la segura línea inmortal del lirio y de la rosa mejor que la embriagada y temerosa música de los vientos en la altura. Por eso te celebro yo en el frío pensar exacto a la verdad sujeto y en la ribera sin temblor del río: por eso yo te adoro, mudo y quieto: y por eso, Señor, el dolor mío por llegar a Ti se hizo soneto.

Ya antaño fue cantada por bardos y juglares en floridos romances más dulces que mis versos pero tú, cantor henchido de pensar transparente le pusiste a la página vendimias olvidadas ni altar ni linaje ni providencia alada puede tener más sueño que tu negada lira donde sólo la luna desciende a tu morada vibración del instante que se desata en agua en el torrente lívido que los sentidos ponen y copulan de frío criaturas repentinas que sorbo a sorbo tiemblan sus éxtasis extraños engendrando tus flores en las ventanas húmedas las corolas del ansia fornican con las piedras y se […]

“ Brillante eternidad ” * el impulso -que recorre oscuros canales licuificados/ ardientes esponjas magmáticas –recibe en la latencia de cada uno de sus corpúsculos –fluctuantes destellos eléctricos/ voluntad -que el ojo no podrá percibir, mucho menos cuantificar en el espejado campo de la memoria –ese impulso, su refracción digo: ondula giros centrífugos (derrama la virtud de su latido) * “Brillante eternidad” Juan Calzadilla, Tácticas de vigía, 1982.

Vendrán los besos, y traerán silencio, y nos preguntaremos quiénes somos, dónde nos conocimos, qué buscamos, y tal vez nos respondan nuestros ojos, ignorantes del miedo a la palabra, pues la verdad les grita desde el fondo. Y al mirarnos, habrá una luz recóndita de tibio colorido melancólico, que abrirá perspectivas imprevistas, y que será en sí misma testimonio de algo que fue, que ya es insostenible, tan quimérico como el unicornio. Ayer los besos, aunque amortiguados, llevaban un clamor de intenso gozo, entretejían lágrimas y risas en verdes primaveras y en otoños, calendario de pétalos dormidos, dormido el tiempo […]

Quiso el niño Cutufato Divertirse con un gato; Le ató piedras al pescuezo, Y riéndose el impío Desde lo alto de un cerezo Lo echó al río. Por la noche se acostó; Todo el mundo se durmió, Y entró a verlo un visitante El espectro de un amigo, Que le dijo: ¡Hola! al instante ¡Ven conmigo! Perdió el habla; ni un saludo Cutufato hacerle pudo. Tiritando y sin resuello Se ocultó bajo la almohada; Mas salió, de una tirada Del cabello Resistido estaba el chico; Pero el otro callandico, Con la cola haciendo un nudo De una pierna lo amarró, […]