Un esplendor oscuro bajo el deleite de profanarte esta noche de cristales de algún fulgor desamparado sobre la súbita espesura de tu más profunda carne. La inocencia es el licor que, sorbo a sorbo, embruja las manos sin otro ultraje que el más profano silencio de buscarte. Una misma pasión de hervorosos tigres de luz y mármol cazando en el fino fermento de la luna una oración que nos da, grávidos de muerte, su pureza más atroz.
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¿Pero dónde, dónde has de compartir mi nada, mi momento de magia novicia del humo que en vilo remontará la altura fehaciente de los universos? ¿Dónde el secreto azaroso de mis restos moverá un espasmo al pasar como caricia sin víspera tus desahogados cabellos? ¿No hay en el amor una danza que sugiere el más allá? ¿Eres sólo estatua de ritmos, hielo espléndido de un cuerpo que mis manos nombran en el tacto y elevan en su fuego?
¿Pero dónde, dónde has de compartir mi nada, mi momento de magia novicia del humo que en vilo remontará la altura fehaciente de los universos?…
Cuando inabarcable tu voz se cumple como el primer día no es palabra esa voz, no tiene rostro de oscilante esfinge: es turbulencia coloidal de apetitosas llamas químicas, masa de lo mutante en su amargor confuso que repite la selva de sus vivientes aguaceros, las desvalidas formas de su vértigo y el pasmo del tacto que las ciñe. De cuerpos se llena la muerte, de un helado beso el río nos funde eternizados: figura, danza, humedad, olvido.
Cuando inabarcable tu voz se cumple como el primer día no es palabra esa voz, no tiene rostro de oscilante esfinge: es turbulencia coloidal de…
Quizá no hay más amor del que cabe una noche entre la manos Quizá un hombre y una mujer jamás llegan juntos al cielo. Son el oleaje y musgo que le pega plumas a sus brazos, apenas plumas de furia que se deshacen en el viento. Quizá en el invierno el amor es un lecho mutuo y dos platos, el alma colgada a secar en el balcón de los silencios donde se roba y se recibe la agria leche del escarnio, derribados por el gran polvo de la tierra y de los años.
Quizá no hay más amor del que cabe una noche entre la manos Quizá un hombre y una mujer jamás llegan juntos al cielo. Son…
¿A dónde voy entonces sino a ti placer, a ti morir? ¿A dónde lleva lo más profundo que esconde mi desear? Si la llama al arder consume, el instante que recogí del árbol de la vida el simple fruto de la muerte da. ¿Qué salvación espera en el cauterio del otro dormir, en esta errancia fantasmal de los sentidos, qué lugar es la amarga raíz del calor y el canto? ¿Y qué otra certeza tuviera de mí sino es este deseo, que muda y tiembla?
¿A dónde voy entonces sino a ti placer, a ti morir? ¿A dónde lleva lo más profundo que esconde mi desear? Si la llama al…
"Señor, señor, me vendes emoción Antes que todo descarte el machismo Evada la lujuria Desvístame de la sumisión Joven, joven, te vendo mis años mozos…
El amor del río traía peces y camalotes sobre el agua profunda, la resaca de las islas. La playa se colmaba de silencio y de sombras y era como si compartiéramos la cena con los muertos queridos. Aquella noche una alta fragata encendió sus jarcias llenas de fanales en el arrabal del cielo. Nunca algo tan cercano al hombre y lo divino como esa nave de luz que se llevaba también a la otra orilla nuestras almas.