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No te conoce el toro ni la higuera, ni caballos ni hormigas de tu casa. No te conoce el niño ni la tarde porque te has muerto para siempre. No te conoce el lomo de la piedra, ni el raso negro donde te destrozas. No te conoce tu recuerdo mudo porque te has muerto para siempre. El otoño vendrá con caracolas, uva de niebla y montes agrupados, pero nadie querrá mirar tus ojos porque te has muerto para siempre. Porque te has muerto para siempre, como todos los muertos de la Tierra, como todos los muertos que se olvidan en […]

"Soy un alma desnuda en estos versos, Alma desnuda que angustiada y sola Va dejando sus pétalos dispersos. Alma que puede ser una amapola, Que…

Alma mía, pobre alma mía, tan solitaria en tu dolor. Enferma estás de poesía, alma mía llena de amor. Crees que la vida es un cuento, crees que vivir es soñar… Pobre alma sin entendimiento, hora es esta de razonar. Ve que la vida no es aquella que te forjaste en tu candor: la vida con amor es bella, pero es más bella sin amor. Ve, alma mía, pobre alma mía ve y empéñate en comprender que el amor es melancolía y es amargura la mujer. Sin amor y sin sentimiento serás fuerte, podrás triunfar. Alma, la vida no es […]

Alma mia gentil, que partiste tan pronto de esta vida descontenta, reposa allá en el Cielo eternamente, y viva yo aquí en la tierra siempre triste. Si allá en el asiento etéreo, en donde subiste, memoria de esta vida se consiente, no te olvides de aquel amor ardiente que ya en los ojos míos tan puro viste. Y si vieras que puede merecerte alguna cosa el dolor que me quedó del pesar, sin remedio, de perderte; ruega a Dios que tus años recortó, que tan pronto de aquí me lleve a verte, cuán pronto de mis ojos te llevó.

Alma que mueres de amor, dime lo que es despertar en la alborada de Dios, cuando se muere de amor. Yo sé lo que es enfermar y agonizar de pasión, pero no he sabido amar para morirme de amor. Alma que mueres de amor, dime lo que es enfermar para morirme de amor… ¡Yo sólo sé agonizar! Y, para hacerme morir, sé que no habrá otro dolor: ¡en el curso del vivir no he sentido otro mayor! Y no me quiero morir si no me muero de amor, porque yo quiero vivir la agonía del amor… Alma que mueres de […]

Viento, viento de nuevo en la tarde de octubre. Mirando la calle pensaba en la muerte. La muerte y él. Dos trazos paralelos que no habrían de cruzarse ni en el más improbable infinito. Los fármacos, la fiebre, la tos. La ventisca, la hojarasca. Las convulsiones de fuera y las de dentro. Señales de vida tan ciertas como el viento en la tarde de octubre y ese olor a almendras amargas en su alcoba antes y después de su fallecimiento.

“ En el medio de la plaza del pueblo de Pehuajó hay un letrero que dice: la puta que te parió… ” J.L.Borges … te cuento que he ordenado calamar relleno con arroz amarillo. Acompáñalo ahora: un vinito patero y soda de sifón: “A. Villares e Hijos” y te preguntas: “ en estos versos, donde a fijado residencia, la poesía?…” te respondo: en la parte en que leerás como en sueños, que el cefalópodo concluye de gemir orondo su voz de muerte y de sal, dentro de mi bocotota de gordo…

Todo el año caído, todo el año, polen sin rumbo, tierra sin semilla, algo que muy adentro se apolilla y algo que por afuera se hace daño. El aire huele como a desengaño, algo se pudre, algo está en la orilla y mientras el otoño se amarilla el ambiente se torna más huraño. Miedo tal vez. Tal vez el primer miedo. Otoño en hojas su derrota. Por esta alondra última intercedo mientras el frío su rencor azota. La alzo, entre los senos me la hospedo y a la intemperie mi ternura explota.

El cazador sabe el truco para apresar a las alondras: Cubre una mediana esfera con espejos y la sostiene de la rama más alta de un árbol. Cuando la luz la toca la esfera es una flor de agujas luminosas y somete la borrosa voluntad, el fuego sutil de las alondras. Entonces el cazador hace un hábil uso de las redes y el ave cae. Muy pocas veces el artificio fracasa. su fina pasión por la luz quiere que mueran deslumbradas.