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Tanteamos en un cuarto a oscuras esa palabra que alumbre mundos interiores y testimonie grandeza y miseria de nuestras pequeñas vidas pero algunas veces, mientras buscamos, son otras las palabras que se encienden (como sueños todavía no soñados por nosotros) y que iluminan con mayor claridad más allá de la razón de amor que empuja a nuestra mano cuando escribe: y entonces el poema.

"Que vuelvas a ver la enorme catedral y la erizada Capilla y sientas el paso distante, los rumores de los Cruzados y de San Luis.…

Hoy dejé la ciudad mientras dormía. Sé que no he de volver, y ella lo sabe. Tal vez, pasado el tiempo, todo acabe por ser tan sólo el sueño en donde huía la sombra vertical de un mediodía cuya imagen conservo como un grave ciprés que va a caer. Giré la llave y entonces comenzó la lejanía y un ámbito de luz prendió el reflejo del árbol inclinándose a la tierra. Otro ya en mi lugar lleva el idioma. Otro toma el avión en que me alejo, y otro más la ciudad donde alguien cierra un portón de metal que […]

Grata la voz del agua a quien abrumaron negras arenas, grato a la mano cóncava el mármol circular de la columna, gratos los finos laberintos del agua entre los limoneros, grata la música del zéjel, grato el amor y grata la plegaria dirigida a un Dios que está solo, grato el jazmín. Vano el alfanje ante las largas lanzas de los muchos, vano ser el mejor. Grato sentir o presentir, rey doliente, que tus dulzuras son adioses, que te será negada la llave, que la cruz del infiel borrará la luna, que la tarde que miras es la última.

Ni el corazón cortado por un vidrio en un erial de espinas, ni las aguas atroces vistas en los rincones de ciertas casas, aguas como párpados y ojos, podrían sujetar tu cintura en mis manos cuando mi corazón levanta sus encinas hacia tu inquebrantable hilo de nieve. Nocturno azúcar, espíritu de las coronas, redimida sangre humana, tus besos me destierran, y um golpe de agua con restos del mar golpea los silencios que te esperan rodeando las gastadas sillas, gastando puertas. Noches con ejes claros, partida, material, únicamente voz, únicamente desnuda cada día. Sobre tus pechos de corriente inmóvil, sobre […]

Una historia narcótica empapa a esta ciudad suspendida en la nada. ¿Qué sueño no se oxida en este invierno, donde segregan voces los silencios y la ceniza acalla en vez las voces? A solas extendemos, para que se oiga lejos, entre la retractación de los espejos, la inútil lealtad de nuestro viaje. Se llevará un naufragio su mensaje. Todo es península, para quien sabe, en su camino oculta, hiedra o mina. Sea la niebla aliada y no enemiga.

Mío este cuadro, este sueño, esta verdad de polen. Cruzas sobre mi abierta herida en la trunca esperanza en esta tarde de ostracismo. He visto al mundo desde el plano del mundo, desde un peldaño más abajo del mundo, desde ninguna floración de trinos. Le he visto con estos ojos turbios de pobreza, con la raída ropa de mi sueño. ¿Cómo decirte? ¿Cómo absorber tu nombre marinero? Mejor te digo, hermana, camarada. Hoy ya no temo. Hoy destrozo mi lámpara ilusoria y me descubro. Voy a iniciarte en este nuevo encuentro de ver las cosas sin ningún paisaje. A veces […]

Los espejos ocultos están frente al Paseo del Prado para que tú los atravieses. Del otro lado esperan todas las ilusiones las piedras en el centro de otro orden los rastros y los pasos. Los espejos descubren los caminos sin saber demasiado hacia dónde penetran en las estridencias de los sueños fantásticos como nunca antes ilusorios reales para los que olvidaron la esperanza. El azogue de los espejos parece una tentación a la que pocos renuncian los otros yacen sobre las baldosas sin tiempo para más esperando en la raíces de una ciudad que cada día se evade sin dejar […]

Un pastel en los labios, un olvido con nata en la memoria de la frente. De chocolate y oro la pendiente del seno, las ardillas del vestido. La bizarra silueta de un bandido en los ojos. La imagen balbuciente del aquel primer amor, su negligente porte de adolescente forajido. Fresas y soledad en las mejillas, celofán de los hombros, tulipanes de brisa y risa y mar y tierna veda de minúsculos tigres, o abubillas al acecho de fieros gavilanes. El cremoso susurro de la seda.

Tras el dolor, el cambio, ese signo celeste de la gloria traza el sendero más firme el más difícil. la ruta de los astros para siempre, camino de sangre y soledad. Sólo la redención puede lavarnos del veneno en el espejo estéril soledad amortajada. Tras el dolor, la paz esa cosecha de esfuerzos absolutos plena de sueños semillas de esperanza.

Cuánto trabajo cuesta, cuando la dicha acaba, admitir que acabó y aceptar dignamente esa nada terrible que sigue a la hermosura. Ha cesado el encanto y ya no somos dueños de aquella llamarada: tanta luz, maravilla de lo que siendo efímero semeja eternidad. Ahora vuelven los días a ser hábito triste, tiempo destartalado en el que va cumpliéndose nuestro destino de hombres. ‘No puede ser-decimos- verdad esta indigencia en que nos ha dejado, de repente, la vida; un mal sueño nos tiene.’ Y removemos, tercos, la escoria de la luz. Pero nada encontramos. Y respiramos muerte.