"Buscad labios perdidos, lejos del eco imaginario que despiertan unas plumas. Buscad corazones que saluden, más allá del parpadeo que nos une a la rosa.…
Todos los poemas
Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.
12,749 poemasLa voz se hunde en la voz como la desnudez en la desnudez *** Todo principio es blanco. *** La poesía es destierro, al origen. *** Sola se mueve el alma cuando acompañada. *** Breve el tiempo, la flor; eternidad la abeja. *** Más que creación, asunción de lo creado. *** El hallazgo es la invención de lo vivido. *** Era el peregrinar su morada, su linterna *** Toda luz moviliza la raíz. *** Todo destino tiene su destino. *** La sombra, sin límite, ardería. *** Sólo una mirada que siente se salva *** Fuerte es la sombra de buena […]
Mira cómo, desde este exilio de cemento, se extiende la ciudad, a nuestras plantas. De aquí partían los mercaderes rumbo a España. Mira el humo en aquellas azoteas, el resplandor del sol en los tinacos, aquellas sucias fábricas a plomo. Mira el papel que cae desde un alto edificio: pájaro que ablandara sus alas. Encabritadas garras afilando, águilas junto al cielo se desploman. En este oscuro cuarto un pedazo de historia se fabrica; en aquel otro, un hombre sueña con mujer pero en su lecho sólo la luna abraza sus muslos y torso. Huele la lluvia. Mira cómo de la […]
El amor es monstruoso. Ya no recordamos si alguna vez fuimos otro distinto de quien sólo existe para escuchar una voz, una exigencia brutal, la dulzura inenarrable de un ‘te adoro, te adoro, te adoro’, un sarcasmo helado, un sol bajo el cual todo florece de nuevo. (Cuando ella gritaba ‘loco’ y la espuma de su vientre desbordaba fresca y ávida). El amor es mortal: te congela los pies si huyes de él.
Rosa completa en olor. Sol terminante en ardor. Serenidad de lo uno. (Rompevida del amor). Tú queriendo y sin poder. Yo pudiendo y sin querer. ¡Pobre rosa con el hombre! ¡Triste sol con la mujer!
Todo yo me abro como una ventana y justa quedas enmarcada en ella. Me acodo en mí mismo. Te siento, a veces, como pulpa, tal vez como semilla o como fruto íntegro, y algo que es mucho más que fruto sólo: alta perpetuidad de tu delicia. Ventana, horizonte y vigía, están en mí, y yo estoy en ellos confundido, como mi propia muerte está en mi propia vida.
-«Sol, padre fiel de mis padres, A ti me acuso contrito: Oye, y lava mi pecado: Di veneno al hijo mío». Dice el Inca; vuelve el paso A las márgenes del Tingo, Lava su frente y sus manos, Y prosigue en alto grito: -«Dije al Sol mi enorme crimen, Recibe el crimen, oh río: Ve, y sepúltale en el fondo De los mares cristalinos». Oye al Rey culpable un cuervo, Y se aleja en raudo giro, Y por campos y ciudades Va diciendo en su graznido: -«(Horror, horror al Monarca! Es horrendo su delito. El Monarca es filicida: Dio mortal […]
¿Se va la poesía de las cosas o no la puede condensar mi vida? Ayer -mirando el último crepúsculo- yo era un manchón de musgo entre unas ruinas. Las ciudades -hollines y venganzas-, la cochinada gris de los suburbios, la oficina que encorva las espaldas, el jefe de ojos turbios. Sangre de un arrebol sobre los cerros, sangre sobre las calles y las plazas, dolor de corazones rotos, podre de hastíos y de lágrimas. Un río abraza el arrabal como una mano helada que tienta en las tinieblas: sobre sus aguas se avergüenzan de verse las estrellas. Y las casas […]
"A G.E. por haber ayudado a recuperarme a mí misma) ""Vamos, esto es realmente un espectaculo que ha sacado a los muertos de sus tumbas…
"Que viajo Que pasa el tiempo. Que existe el agua y el hombre Que firman la paz Que no duermen Que chocan Que se preparan…
¡Cómo me entristece la paloma del valle que se balancea sobre una rama trémula y tierna! Juega porque nunca sufrió la altanería de Zaynad, ni la aparición constante de su imagen en sueños. No esperes vivir, si Zaynad te ha roto el corazón, porque no se puede vivir sin corazón.
Cuando la vida, como fardo inmenso, Pesa sobre el espíritu cansado Y ante el último Dios flota quemado El postrer grano de fragante incienso; Cuando probamos, con afán intenso, De todo amargo fruto envenenado Y el hastío, con rostro enmascarado, Nos sale al paso en el camino extenso; El alma grande, solitaria y pura Que la mezquina realidad desdeña, Halla en el Arte dichas ignoradas, Como el alción, en fría noche obscura, Asilo busca en la musgosa peña Que inunda el mar azul de olas plateadas.