Todos los poemas

Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.

12,749 poemas
Mostrando 12,749 poemas

El astuto animal fue ingenuo dos horas por la casa: antes del polvo de las cosas tocó los helechos salvajes, los gruesos valles del jardín diminuto, la piedra que es llanura de lava para su ojo infinito: un viajero aprensivo por las habitaciones casi desiertas alentó inútilmente las plantas prisioneras, rondó la cabeza del perro semidormido que lo espantó como a un remordimiento. La antesala fue el Cañón del Colorado: antes sus poderosos antepasados visitaron otras comarcas ausentes de follaje. Fue curiosidad: Rousseau no pensó en la avispa negra que anida sólo en tierra cuando labró la cara del salvaje […]

“ Aquí en el silencio,/ oigo ” * una brisa nocturna —atraviesa los campos roturados agita las hojas del eucalipto -el crecido follaje de los cañaverales/ roza sonora —las grandes ruedas de un tractor detenido * “Aquí en el silencio/oigo” Eugenio Guasta, Papeles sobre ciudades, 1995.

Me pregunta usted dulce señora Qué veo en estos días a este lado del mar. Me habitan las calles de este país Para usted desconocido, Estas calles donde pasear es hacer un Largo viaje por la llaga, Donde ir a limpiar luz Es llenarse los ojos de vendas y murmullos. Me pregunta Qué siento en estos días a este lado del mar. Un alfileteo en el cuerpo, La luz de un frenocomio Que llega serena a entibiar Las más profundas heridas Nacidas de un poblado de días incoloros. ¿Y el sol? El sol, un viejo drogo que ha lamido esas […]

Como una cinta de vídeo desgastada por el uso el recuerdo que tengo de ti ha perdido el sonido y algunas líneas. París te cubrió de tiempo, como una nevada de años que borra tus facciones y al pensar en Rue Cambon mis manos se llenan de cenizas que no logro componer y que ya no queman. Seguramente te amé. Mi naturaleza es débil como el verso y, a veces, -perdona-, confundo pasión con fuego, amor con Pablo Neruda. Es mejor olvidar el regreso, dejar que la memoria se pose rígida sobre nosotros. Nuestros labios aún se besan, sin sabernos, […]

Una ciudad y un hombre. Un hombre solo Que avanza por las calles atestadas En busca de la paz. No encuentra a nadie. Pronto será de noche y siente frío. Busca su propio rostro, el rostro efímero Que va cambiando el mundo, las razones De esta ciudad vacía de razones, Perdida en el espacio y en el tiempo. Entonces acompañan los recuerdos. Entonces las palabras acompañan. Sin nada por hacer, también entonces Sucede en ocasiones la ternura.

Antes de partir A la izquierda está el mar. La alta montaña con su ermita y su senda entre los pinos se recorta en lo azul y las gaviotas van hablando de viajes, llegadas o naufragios. Recuerdo los primeros días en la isla, el verano de fuego y, en la alta madrugada, el olor de la sal, el aroma e los pinos y las voces de las muchachas escondidas entre las ruinas. Una de ellas, la más alta, flameó su cabellera al lado de una columna rota, irguió el pecho, abrió los brazos al cielo y me dejó, adolorido y […]

Una vez, un pescador se fue cortando al viento; tiró la red, la recogió vacía; en tanto ensangrentado el sol con todo el peso de su cuerpo se arrimaba en la tarde; de pronto, el mar comenzó a sacudirse como animal mojado; el pescador cayó en brazos de las algas; en la espina de un pez se fue su corazón, aguas abajo, y en la porosa playa ese día encontraron un pedazo de sal semejante a una lágrima.

Aquí llega el noche el que tiene las estrellas en las uñas, con caminar furioso y perros entre las piernas alzando los brazos como relámpago abriendo los cedros echando las ramas sobre sí, muy lejos. Entra como si fuera un hombre a caballo y pasa por el zaguán sacudiéndose la tormenta. Y se desmonta y comienza a averiguar y hace memoria y extiende los ojos. Mira los pueblos que están unos en laderas y otros agachados en los barrancos y entra en las casas viendo como están las mujeres y repasa las iglesias por las sacristías y los campanarios espantando […]