Mi abuela no me dejó una muñeca una joya un te quiero me dejó -en cambio- muchos rencores envueltos en un pañuelo rojo que decía:…
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12,749 poemasSoy el olfato de ese perro esa dirección que llega pone el hocico entre mis piernas y manso reconoce Es entonces cuando mi hembra se queda sin mujer.
Balbuceas algo sobre nuestra amistad y retrocedes como delimitando una zona de seguridad ante la inevitable guerra Yo pongo mi índice sobre tus labios después de claramente acercarme a tus fronteras Digo que bien sabes el afecto que te tengo Artero debilito tus posiciones artilladas dejando caer besos explosivos haciendo que mis labios desciendan paracaidistas al sur al sur entre la fronda Y debe ser cierto que el sur es estratégico importante a juzgar por lo encarnizado de la batalla que ahora allí se libra mientras contraes contraes desesperada como queriendo expulsar la avanzada de mi ejército que golpea acompasadamente […]
Pero el agua recorre los cristales musgosamente: ignora que se altera lejos del sueño todo lo existente. Y el reposo del fuego es tomar forma con su pleno poder de transformarse. Fuego del aire y soledad del fuego al incendiar el aire que es de fuego Fuego es el mundo que se extingue y prende para durar (fue siempre) eternamente. Las cosas hoy dispersas se reúnen y las que están más próximas se alejan: soy y no soy aquel que te ha esperado en el parque desierto una mañana junto al río irrepetible adonde entraba (y no lo hará jamás, […]
La Voz I El viento recorta el perfil de su lomo inclinado El corazón del volcán está encendido fiesta de luces, cuando el sol caprichoso aparece quemándolo todo En el centro de la tierra estallan nubes Piedras y ceniza brota de un corazón de fuego cálida intocada Apenas un mal presentimiento una vaga tristeza que se escucha el panal de la memoria con su miel de humo. II Yo que no sé lo que es vivir entre flores ni abrirse paso entre las hojas o sobrevivir al cortejo de los colibríes y al acecho continuo de pájaros e insectos ¿cómo […]
Las rosas de papel no son verdad y queman lo mismo que una frente pensativa o el tacto de una lámina de hielo. Las rosas de papel son, en verdad, demasiado encendidas para el pecho.
Canta en la noche, canta en la mañana, ruiseñor, en el bosque tus amores; canta, que llorará cuando tú llores el alba perlas en la flor temprana. Teñido el cielo de amaranta y grana, la brisa de la tarde entre las flores suspirará también a los rigores de tu amor triste y tu esperanza vana. Y en la noche serena, al puro rayo de la callada luna, tus cantares los ecos sonarán del bosque umbrío. Y vertiendo dulcísimo desmayo, cual bálsamo süave en mis pesares, endulzará tu acento el labio mío.
Mediodía, pero sombrío el aire. Hay tormenta, la lluvia retumba y el relámpago hiende. De pronto estamos siglos atrás. La tierra humea, se arremolina, hierve. Titanes de agua en ráfagas, el aire resuena cuando el fuego quema la cortina. La evolución ha comenzado apenas aquí, yo, en Rijmenam. ¡Dios!, ¡Dios!, pudiera mañana encontrarse unos miles de quintillones de eones y más tarde aún, quiero escribir: el cumplimiento de los esfuerzos, de tanto esfuerzo la solución, por fin, el resultado más consumado.
El temor atrapa lo que queda de tus ojos el destello fijo en la carrera terrible claridad sin muerte como agua en la pureza de tus pies tan blancos conejos que saben huir.
“La tarde se tiñó de pájaros, fue preñándose de plumas… La vi alzarse profunda como una campanada. Pero fue quedándose quieta, tornándose lejana: se borraron las plumas, su tintura de pájaros fue muriéndose toda…
Pensar, robar, gozar todo un único espasmo. Arpegia y pica, Lázaro. Salta de los tejados cuando nadie te vea y muestra el interior de la sonata. Aquella criatura desenfrenó la nada. Es la maldad tan natural lo que te bambolea. Veo tu insomnio a su manera veo el disco girar y a los hombres veo charcos, tranvías veo enormes pedazos de La Habana. A los negros los veo resonando a sus pies el toque de los siglos. Negros espirituales. Blanco el mantel del primer desayuno blanco mi abuelo blancos en el exilio, desconcertados borrachos de blancura blancos los hospitales negro […]
que dejara de soñar/ me dijo/ que basta de andar pintándolas/ a ellas/ mujeres solas/ detrás de niños solos/ con madres muertas/ por campos tristes/ qué es esta subversión de estilo/ me increpó/ esta inversión de la letra/ reclamó a los gritos / basta de metáforas/ a la edad/ de andar derecha/ basta de indagar las claves / entre cifras inclementes/ porcentajes/ que si insistes / te llegarrá el castigo/ amenazó/ tarde o temprano/ te cortarán las alas