He hecho los mayores esvuerzos por salir de la multitud y hacerme notar por alguna cualidad: ¿qué he hecho sino ofrecerme como un blanco y mostrar a la malevolencia dónde podía morderme? Lucio Anneo Séneca Cuánto rumor innecesario para una vida tan pequeña, dicen como quien deja demasiados rastros tras de sí. No es bueno, sin embargo, atender a las voces de quienes exaltan el color del cielo queriendo confundir su terror con el mío. Las últimas palabras que no pronuncié fueron tu nombre, aunque me refería a un alba luminosa. Mírame, no temas: no diré nunca nada de tu […]
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12,749 poemasBusco la hebra exacta para comenzar a desenredar el ovillo de recuerdos y olvidos que dejan maniatado el corazón Busco una aguja para seguir pinchándole el pulgar a la nostalgia
Al norte hay niños que esperan la madrugada para ponerle una raya más al tigre. Al sur, las nativas bailan descalzas sobre la arena, al mediodía. Al este, la tarde es un bostezo que se consume a sí mismo. Al oeste, el amanecer encuentra a los viejos con el libro sagrado entre sus manos. Al anochecer sólo se escuchan los pasos del visitante.
Insistió. La garganta en las verjas, las pendientes, los flancos rosas del derrumbe, el martillo del agua del envés, la madera sellada en el balcón de una larga clausura. Quién sabe, su soledad estaba plagada de refugios, levitaba en la cola de la niebla, rotaba aún sin saber donde vuelven las corrientes. Formábanse la sombra rota, la pezuña del luto, el baúl, la maleza, la piel sustituida. Formábase lo repartido. – Permiso, licença, o rodopio do mar dónde se olvida.
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Terribles son las palabras de los amantes, aunque estén bañadas de falsa alegría, cuando llega la desolada hora de la separación. Fuera la lluvia galopa tercamente y su eco retumba tras la ventana. Los poderosos pájaros de la dicha un breve instante anidaron en sus brazos y dorados plumajes cubrieron los cabellos que ahora sudor y hastío sólo guardan. La estatua que quiso ser eterna herida de reproches tiembla y cae. Ya el combate de anhelo ha terminado y húmedos restos las sábanas acogen. Hombre y mujer en traje y documento ceremoniosamente se despiden. Sus manos por costumbre se enlazan […]
Mi soledad es una virgen desnuda. En la niña de sus ojos se refleja mi nudez de ermitaño. Mi soledad me sirve café y tabaco de húmicas promesas. Me eleva en aromadas volutas y me acaricia con cualquier pretexto. Oficia un santo silencio cuando empiezo a cantar y cuando callo Ella canta enamorada. Mi soledad es una piel de oso en cualquier invierno.
Las mariposas rondan el espejo. Tiembla el corazón, tan solitario. En el jardín cercano el perfume rompe distraídamente sus veleros. El aire tiene perfiles raros. La sombra es casi aroma. Y en toda la casa el silencio impone sus brevedades de oro. Dentro de mí hay claridad, verano, puro asombro. Y, claro, tiempo detenido: espuma Que nadie puede aprisionar, gotas de un vivir vivido, irreparable. Todo vibra: las casas, las paredes, las puertas, las mesas, las sillas, las ventanas. Los libros tan habladores, el techo y el piso tan francos, todo vibra. En reposo estoy. Miro hacia la calle. Veo […]
Este hueco iba cavando en mí como con manos cava el tiempo el lenguaje escuchándose sin voz nadando en el eco de una idea que fluye palmo bajando gimiente palabra del origen.
"Amarrado al duro banco. A. Errol Flynn Siempre supimos que la traición fue un arma de dos filos o que la muerte deja por los…
"Con el vaso en la mano, mirando las montañas, le acaricio el lomo a mi perro. Estas montañas nuestras del interior, casi olvidadas de tan…
https://www.poemas-del-alma.com/gaspar-melchor-de-jovellanos-de-jovino-a-anfriso.htm