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"Un trozo de azul tiene mayor intensidad que todo el cielo, yo siento que allí vive, a flor del éxtasis feliz, mi anhelo. Un viento…

VENTANA de los cerros! Valparaíso, estaño frío, roto en un grito y otro de piedras populares! Mira conmigo desde mi escondite el puerto gris tachonado de barcas, agua lunar apenas movediza, inmóviles depósitos del hierro. En otra hora lejana, poblado estuvo tu mar, Valparaíso, por los delgados barcos del orgullo, los Cinco Mástiles con susurro de trigo, los diseminadores del salitre, los que de los océanos nupciales a ti vinieron, colmando tus bodegas. Altos veleros del día marino, comerciales cruzados, estandartes henchidos por la noche marinera, con vosotros el ébano y la pura claridad del marfil, y los aromas del […]

Dieciocho cuadraditos de cielo con lombrices y cables… -digámosle ventana- azules, rojos, brillos-. La noche tiene garras lentas, Algodón de pezuñas Que te matan en forma horizontal… Más allá del cerco y sus colmillos de madera, algunas jirafas tuercen sus cuellos luminosos para comer pastito de banderas… VIVA LA PATRIA.

Carnales tras las últimas casas, ebrias a las tres en un bar, errantes en la marcha de un tren. Quizá alguien busque un petirrojo en la enramada, huellas en el barro, lugares más allá de la distancia. Alguien con otra forma de mirar, otro fondo de escena y la misma sospecha de estar equivocado mientras la noche cae y se enciende una luz dejándonos indeciblemente solos.

"Ven aquí, olvida el decorado, siluetea mi cuerpo con tus ojos. Voy a restregar estas flores en tu barba de dos días. Y aunque pienso…

Las manos de la diosa no prodigan calor. Vale mil veces más la humilde ternura de esas otras, comunes y encontradas en la noche del puerto, que toda la destreza de Praxíteles.

Aunque pinceles amarillos rodaron ya en la tierra sobre las bóvedas caídas, mi pie protesta entre las sábanas. No hay carros llameantes tras el desfile de carrozas al sol de mediodía sino un corcel empecinado y verde que dispersa, cual viento, plumas de ave degollada y el río del revés que fue pleamar de toses me coloca sus algas de peluca. Luego, con las orillas despuentadas, lograron recostarme como una ausencia ecuestre que al fondo se buscase. Todo el no ser echado sobre este omóplato bendito.

A la criatura angélica que me precede no por génesis sino por finalidad. ¿Escucháis madurar los duraznos a la hora del estío, a la venida del sol, mientras un príncipe danza en víspera de su coronación? Yo pienso en el gusano. ¿Oís podrirse los duraznos en el granero, al atardecer, mientras las fechas del reino caen de los tronos y el viento las amontona, las dispersa y olvida? Yo pienso en el gusano. Si veis montar el agua de la noria, con un niño fijamente asomado al brocal frente a frente al abuelo, y se siente el bese de los […]

Tu presencia en mi sombra se divulga como el vuelo de un pájaro escarlata con el que un pardo atardecer comulga. Y tu alegría matinal desata un sonoro esplendor sobre mi vida; es una esquila de cristal y plata que, en silencio de muerte sacudida, me lleva del pavor del Viernes Santo al júbilo de la Pascua florida. Absuelto el corazón de su quebranto, con el hechizo de tu primavera, se agita en rosicler y en amaranto. Así pinta la nube -pasajera en el navio ardiente de la aurora- la habitual palidez de su bandera. El instante de nuevo se […]

Veo a una mujer maquillarse cualquier mujer y cambia primero está pensando en otra cosa (porque cuando una mujer comienza a maquillarse aún no ha separado este acto del resto del día) Pero luego disponiendo los objetos varios que la ceremonia determina preciosamente en su exacto lugar en torno de sus manos la mujer sabe que algo ha ingresado de nuevo a este mundo Se abstiene sin embargo de nombrar eso que viene Polvos cremas pinturas para la delicada construcción lápices que escribirán otras palabras que estas palabras que intentarán decir a la que esconde La otra como ella se […]

hay hombres con los ojos llenos de candados siempre cargan consigo algún secreto sórdido una estampita de bordes carcomidos y la foto borrosa de un amor sin retorno los domingos la tienden como un mantel sobre el recuerdo hacen su fiesta de un material sin brillo fumando lentos pueden ver en el humo el más fino detalle de ese rostro ganar en el alcohol la melodía innata de los héroes suspirar quebradito hasta la noche de no ser por la yegua soledad que pide piel a gritos y que le abran de una puta vez