Me desconozco», dices; mas mira, ten por cierto que a conocerse empieza el hombre cuando clama «me desconozco», y llora; entonces a sus ojos el corazón abierto descubre de su vida la verdadera trama; entonces es su aurora. No, nadie se conoce, hasta que no le toca La luz de un alma hermana que de lo eterno llega y el fondo le ilumina; tus íntimos sentires florecen en mi boca, tu vista está en mis ojos, mira por mí, mi ciega, mira por mí y camina. «Estoy ciega», me dices; apóyate en mi brazo y alumbra con tus ojos nuestra […]
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12,749 poemas"(Ante una muerte) Cae tu muerte en mi corazón, llenándolo de vergüenza. Le grito a mi corazón: «¡Nunca!» Pero él levanta una nota y me…
Por las ventanas, por los ojos de cerraduras y raíces, por orificios y rendijas y por debajo de las puertas, entra la noche. Entra la noche como un trueno por los rompientes de la vida, recorre salas de hospitales, habitaciones de prostíbulos, templos, alcobas, celdas, chozos, y en los rincones de la boca entra también la noche. Entra la noche como un bulto de mar vacío y de caverna, se va esparciendo por los bordes del alcohol y del insomnio, lame las manos del enfermo y el corazón de los cautivos, y en la blancura de las páginas entra también […]
Bienvenido, nuevo día: Los colores, las formas vuelven al taller de la retina. He aquí el vasto mundo Con su envoltura de maravilla: La virilidad del árbol. La condescendencia de la brisa. El mecanismo de la rosa. La arquitectura de la espiga. Su vello verde la tierra sin cesar cría la savia, invisible constructora, en andamios de aire edifica y sube los peldaños de la luz en volúmenes verdes convertida. El río agrimensor hace el inventario de la campiña. Sus lomos oscuros lava en el cielo La orografía. He aquí el mundo de pilares vegetales y de rutas líquidas, de […]
La muerte es esa pequeña jarra, con flores pintadas a mano, que hay en todas las casas y que uno jamás se detiene a ver. La muerte es ese pequeño animal que ha cruzado el patio, y del que nos consuela la ilusión, sentida como un soplo, de que es sólo el gato de la casa, el gato de costumbre, el gato que ha cruzado y al que ya no volveremos a ver. La muerte es ese amigo que aparece en las fotografías de la familia, discretamente a un lado, y al que nadie acertó nunca a reconocer. La muerte, […]
"...................................................................................... ni escribir de amor a ojos que no sean verdes. Miro esa fotografía, difunto recuerdo en blanco y negro de aquella boda que nunca…
La tarde muere como una eremita. Sobre la espalda de la noche el cielo se estremece apretado de estrellas. La noche crispada y lenta se apega a los faroles, pequeños y suaves como una luna nueva. Plaza: sobre tu umbral de sombras su voz sube como una letanía al silencio verde de tus árboles. Los caminos son temblores de dicha bajo la llamarada azul de tanto cielo. La ciudad se rompe bruscamente contra el regazo de tus esquinitas verdes.
Versos de amor, conceptos esparcidos, engendrados del alma en mis cuidados, partos de mis sentidos abrasados, con más dolor que libertad nacidos; expósitos al mundo, en que perdidos, tan rotos anduvistes y trocados, que sólo donde fuistes engendrados fuérades por la sangre conocidos; pues que le hurtáis el laberinto a Creta, a Dédalo los altos pensamientos, la furia al mar, las llamas al abismo, si aquel áspid hermoso nos aceta, dejad la tierra, entretened los vientos, descansaréis en vuestro centro mismo.
Amaneció un revuelo el atrio de la iglesia. La Virgen Concepción, que desembarcó engalanada de tafetanes, sedas y oros de Aragón y Castilla, amaneció completamente desnuda. No hubo robo ni ultraje. Sólo eso: que amaneció completamente desnuda. Y allí está: tiritando de frío, como si nada mostrando la mercancía, mirando con extrañeza a las indias vestidas de pájaros, frutas, soles, lagos y amaneceres.
Ante el dentudo acoso de sus sabuesos, nosotros salíamos siempre en debandada. Así, dejábamos coches, gallinas, chuchos y, ardiendo todavía sobre la leña, la sagrada y redonda tortilla. Así andábamos: como pedazos despedazados de un solo y único cuerpo que debe ser el pueblo. Poco a poco, sin embargo, las uñas están regresando a sus manos, las manos a sus brazos, los brazos a su cuerpo. Y también los ojos, que cada vez ven más claro en medio de la noche más cerrada y llorosa.
Alegre es mi enfermera como viernes por la tarde o sábado en la mañana. Los deshausiados vuelven a su color al solo paladeo de su nombre. En tres letras encierra el festival de todas las campanas. No nació de la costilla de nadie, Dios preparó la harina para vestirla. La tierra deja de girar en su eje para contemplarla. A veces mi corazón se detiene para nacer de nuevo entre sus manos. Y soy feliz cuando ella pasa alegre como un trébol en su pókar de ases. Su cofia escribe la crónica de los hospitales del mundo. En su día […]
"A menudo me toca jugar Con la soledad o el olvido Da igual cerrar las puertas Abrir las ventanas Hacer puentes donde no hay ríos…