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"Viene el calor desde el potrero, sudario errante de la noche. En el viento quemado se encrespan murales de lumbre, pintados por matorrales incendiados con…

Acalla ya la voz de los traidores, que nunca más musiten en tu seno grandes palabras con que armar la historia. Redúcelos a polvo, a destino, a ceniza intangible y dislocada, a sombra entre tinieblas permanentes. Tuya es la poderosa senda inmóvil que se ancla en la verdad más primigenia, desnuda de motivos y arrebatos. Tañerán tus campanas milenarias con el fuego de las mismas estrellas que borrará los pasos de sus nombres. No hay más verdad que tú, la noche oscura, que aprende a bendecir la madrugada con acopio de piel y de deseo.

A Manuel Altolaguirre Sí, sí, es verdad, es la única verdad; ojos entreabiertos, luz nacida, pensamiento o sollozo, clave o alma, este velar, este aprender la dicha, este saber que el día no es espina, sino verdad, oh suavidad. Te quiero. Escúchame. Cuando el silencio no existía, cuando tú eras ya cuerpo y yo la muerte, entonces, cuando el día. Noche, bondad, oh lucha, noche, noche. Bajo clamor o senos, bajo azúcar, entre dolor o sólo la saliva, allí entre la mentira sí esperada, noche, noche, lo ardiente o el desierto.

Siguiendo un collar vengo hasta la puerta de la casa, en que la llave no se necesita, porque el ladrido del perro la abrió apenas vio el hilo del tornillo de la cerradura. Alcanzó el viaje del hilo sin fin, y así como la sombra en las ‘altas horas de la noche’ de los periodistas, gira alrededor de su cola, su mirada rodeada de pelos dio vueltas en torno al tornillo. Y allí lo cazó la muerte. Yo entré, ignorante de todo, y derribé las paredes divisorias, hasta que, ante mi terror, la casa se convirtió en un campo plano. […]

Las desearon. Se les irguió lo caballo. Después de tanto navegar, después de tanto andar luchando, batallando, poniendo nombres, decapitando ciudades, templos, guerreros. Al entrar en sus reinos, al desflorar universos, cómputos, edades para siempre, ¡las desearon! Se desabotonaron, se quitaron las correas, las espadas, los arneses. Y fue ahí sobre la tierra. ¡Oh mujeres, madres, viejas y doncellas! Lo que se construyó después fue mentira. Hubo un instante humano, una sola vez verdadero. Después edificaron falsedades, separaciones, convenios. ¡Hay que ver cómo venían! Les hirvió la carne y se la desabrocharon. Las desearon a la orilla de la playa, […]

Yo no quiero mirar lo que he mirado a travéz del cristal de la experiencia, el mundo es un mercado en que se compra amor, voluntad y conciencia. Amigos…es mentira…no hay amigos, la verdadera amistad es ilusión, ella cambia, se aleja y desaparece, con los giros que da la situación. Amigos complacientes sólo tienen los que disfutan de ventura y calma, pero aquellos que abate el infortunio, sólo llevan tristezas en el alma. En éste laberinto de la vida, donde tanto domina la maldad, todo tiene su precio estipulado, amores, parentesco, y amistad. El que nada atesora, nada vale, en […]

Por el verde, verde verdería de verde mar Rr con Rr. Viernes, vírgula, virgen enano verde verdularia cantárida Rr con Rr. Verdor y verdín verdumbre y verdura verde, doble verde de col y lechuga. Rr con Rr en mi verde limón pájara verde. Por el verde, verde verdehalago húmedo extiéndome. -Extiéndete. Vengo del Mundodolido y en Verdehalago me estoy.

Verde verderol ¡endulza la puesta del sol! Palacio de encanto, el pinar tardío arrulla con llanto la huida del río. Allí el nido umbrío tiene el verderol. Verde verderol ¡endulza la puesta del sol! La última brisa es suspiradora, el sol rojo irisa al pino que llora. ¡Vaga y lenta hora nuestra, verderol! Verde verderol ¡endulza la puesta del sol! Soledad y calma, silencio y grandeza. La choza del alma se recoje y reza. De pronto ¡belleza! canta el verderol. Verde verderol ¡endulza la puesta del sol! Su canto enajena (¿se ha parado el viento?) el campo se llena de […]

Verdes juncos del Duero a mi pastora Tejieron dulce generosa cuna; Blancas palmas, si el Tajo tiene alguna, Cubren su pastoral albergue ahora. Los montes mide y las campañas mora, Flechando una dorada media luna, Cual dicen que a las fieras fue importuna Del Eurota la casta cazadora. De un blanco armiño el esplendor vestida, Los blancos pies distinguen de la nieve Los coturnos que calza esta homicida; Bien tal, pues montaraz y endurecida, Contra las fieras sólo un arco mueve, Y dos arcos tendió contra mi vida.

Inminencia, celeste inminencia de días que son pájaros, de pájaros que son venas. Frescas corolas que se imantan más allá de mi abismo. Un ritmo aparte que mitiga la ausencia en que me hallo. Algo como un dolor que acorta la distancia del cielo. Tendré un nuevo ser. Un ritmo cenital que me hace libre de todos los augurios de la tierra. Verdor incontenible. Verdor que salta hasta alcanzar el triunfo de lo que ha sido en mí la noche plena.