"Una larga carretera entre grises peñascales, y alguna humilde pradera donde pacen negros toros. Zarzas, malezas,jarales. Está la tierra mojada por las gotas del rocío,…
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12,749 poemas"Como un agujero en el mar Que de profundo y salado No pueda explicarse Algo diferente al sueño Como un intento de soñar Quizás algo…
Por el perdón del mar nacen todas las playas sin razón y sin orden, una cada cien mares. Yo nací en una playa de África, mis padres me llevaron al norte, a una ciudad febril, hoy vivo en las montañas, me acostumbré a la altura y no escribo en mi lengua, en ciertos días del año me dan vértigos y mareos, me vuelve la llanura, parto hacia el mar que puedo, llevo libros que no leo, que nunca abrí, los pájaros escriben historias más sutiles. Mi mar es este mar, inerme, muy temprano, cede a la tierra armas, juguetes, sus […]
Sin que otros lo sepan ya he profanado todo lo que dictaminamos sagrado en nuestro amor y sin que vos lo escuches digo que sí,…
Yo me tengo que reconocer. No soy prisma. No soy camaleón. Dios es mi mentor, el curador de mi sala de exposición más alumbrada y yo su espejo.
Cómo has cambiado, pelona, cisco de carbonería. Te has vuelto una negra mona con tanta huachafería. Te cambiaste las chancletas por zapatos taco aguja, y tu cabeza de bruja la amarraste con peinetas. Por no engordar sigues dietas y estás flaca y hocicona. Imitando a tu patrona has aprendido a fumar. Hasta en el modo de andar cómo has cambiado, pelona. Usas reloj de pulsera y no sabes ver la hora. Cuando un negro te enamora le tiras con la cartera. ¡Qué…! ¿También usas polvera? permite que me sonría ¿Qué polvos se pone usía?: ¿ocre? ¿rosado? ¿rachel? o le pones […]
¿De dónde vengo?… El más horrible y áspero de los senderos busca; las huellas de unos pies ensangrentados sobre la roca dura; los despojos de un alma hecha jirones en las zarzas agudas, te dirán el camino que conduce a mi cuna. ¿Adónde voy? El más sombrío y triste de los páramos cruza, valle de eternas nieves y de eternas melancólicas brumas; en donde esté una piedra solitaria sin inscripción alguna, donde habite el olvido, allí estará mi tumba.
La Grotesca sufre en las piedras de cianuro. Arrojadas al fuego, abatidas por la furia de cerebros desahuciados son el polvo de la bruma. La mansedumbre abraza los cabellos del ángel besa sus alas de ciruela y se recuesta en las costillas del demonio. De tanto en tanto nos vemos como somos desplazando el filo del cuchillo en la crueldad de la madrastra.
"Ausente! La mañana en que me vaya más lejos de lo lejos, al Misterio, como siguiendo inevitable raya, tus pies resbalarán al cementerio. Ausente! La…
¿Quién colocó mentira sobre el suelo para las descansadas bienvenidas? ¿Para qué fe sin luz, ansias mullidas arropan al dolor con terciopelo? Quien cabalgue amargura, vaya a pelo con las roncas espuelas doloridas, fluyéndole la sangre por las bridas, sobre las ancas de la bestia en celo. De rodillas aquéllos, los que ignoren que pueden encontrarte en una rosa o en la terrible soledad espesa. Que es muy fácil, Señor, que aquí te lloren con una bienvenida presurosa y la sangre rotundamente ilesa.
Prefiere verse rubia de polen que llenarse de perfume. Lleva en la mirada la luz de las luciérnagas y bajo sus alas blancas, una canción de niña que arrulla a sus muñecas. Hace sonar sus piedrecillas de colores y lee mis libros con sus vocales sueltas. Cuando empieza la lluvia, llena su cuarto de sonrisas, porque caen cristales del cielo y se alfombra el suelo con charquitos. En un rincón de sueños, trae el cuento del ‘Patito Feo’ para que yo le invente paisajes de fresas con leche y nubes de azúcar, de redondas toronjas y mangos rosados. Enlaza al […]
Cuando la lluvia tenue detiene los recuerdos sobre el mar solitario; cuando el tren ha pasado dejando en los durmientes sus metálicas furias; cuando tiembla el almendro tocado por los muertos; cuando la breve música te borra las distancias y silencioso escuchas que tu cuerpo ha partido, que sólo estás en otro cuerpo que te recuerda, vibra tu mano rota mordida por la lluvia. Murmullos de la muerte, que ascienden lentamente por tu cuerpo deshecho, hace brotar la lluvia, cuando alguien pisotea tu cabello extendido y tu ramaje yerto poblado por el viento.