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En la pelvis de la noche reposa el poema. La oscuridad es un cuerpo restirado, un cataplasma de tequila donde bebo los componentes de la euforia detonante. Levanto a nivel de la pupila el trompo de la alucinación, octaedro de imágenes ficticias contoneándose sobre la barra. En la taberna de los pensamientos -armada por el ansia de relajo- improviso un mural entre la turba con la reciedumbre del deseo. Me engaña la humareda de los andamios que ofuscan, y entonando una cantinela tras de un espectro salgo. Sobre el vaivén del mar etílico me apoyo en barandales de neón. Camino […]

Se apuesta en el café las últimas partidas de baraja. Din, dan. Din, dan: Las campanas domingo en la ciudad tarde que avienta el viento hasta la orilla. Y los muchachos sueñan, en las paredes, con posters que se clavan trayéndoles recuerdos de París y de su audacia: Melenas, pantalones, largos jerseys, tristeza, vacío en las espaldas. Y un guateque moral atardece el domingo en las casas lujosas. El resto, la ciudad, los chicos y las chicas de ordinario, pasean vagamente por los porches.

No quiero melodía. Ruedan suaves, sin melodía, las esferas. Giran inmelódicas, suaves. ¿Ruedan, giran? Tácito vals de las esferas suaves Oh luminoso vuelo de las…

A veces cae el velo de la noche y nos muestra su faz incuestionable, sus pozos, su espiral, el latido último de un palpitar de fuegos pavorosos. A veces somos noche sin disfraz, cuerpo oscuro que clama el sacrificio, y es ella quien pronuncia nuestro nombre desleído en las gotas del lenguaje. A veces somos carne de penumbra, soliloquio enterrado por la nieve que afirma el devenir de los espectros a la senda más íntima del alma. A veces ella duerme en la sinuosa cavidad de un islote mercenario, y así se prostituye en pesadillas que muestran el temor a […]

"¡Qué sorpresa tu cuerpo, qué inefable vehemencia! Ser todo esto tuyo, poder gozar de todo sin haberlo soñado, sin que nunca un ligero esperar prometiera…

Cuando la naturaleza respeta tu vida Y te salva por un tris en el momento En que estás a punto de perecer Es porque ya se la habrá arrebatado a otro. La naturaleza no suelta prendas. Pero cuando es a ti a quien, en una segunda vuelta, La arrebata, es porque sabe que No tienes derecho a réplica. Ni más alternativa.

Agónico fuego de la tarde, triste, sediento; camino despedazado, viento de luna, nocturno pájaro tenue, obelisco de lo fugaz, filosa piedra de rápido golpe. Aquí estoy. He llegado hendiendo el silencio de estas calles, horadando con mi sombra cada pecho de aquellos hombres ya idos. He emergido sin saber el momento, -musgo olvidado- sucumbiendo ante la estricta medida del dolor y la nostalgia, perdiendo batallas, escapando a mis manos, derribando tiempos hasta llegar a ti, espuma de soledades, y gritar desde mi subterráneo silencio que no hubo nunca un adiós, que mis manos no conocieron nunca el vuelo de una […]