"Han venido. Invaden la sangre. Huelen a plumas, a carencia, a llanto. Pero tú alimentas al miedo y a la soledad como a dos animales…
Todos los poemas
Explora, filtra y descubre poemas por emoción, tema, longitud o movimiento.
12,749 poemas“Ay, mis esposos, todos mis esposos se fueron a la mar, ayer, mañana. Guardé sus blancas ropas, la fortuna de pobres con que hicimos las moradas. Viuda me quedé. Vestí de luto y fui por pueblo esquivo saludada. Un perro, la comida justa, un lecho, es todo cuanto tengo por cordura, porque al romperse el viento de la noche, los búhos al rezar, y andar la lluvia, qué loca voy diciendo por las calles verdades, si vestida, mal desnuda. La espina ¿para qué? ¿Por qué la rosa? Amor y desamor no dan descanso. Pasar por esta vida y a esta […]
Bienvenido, nuevo día: Los colores, las formas vuelven al taller de la retina. He aquí el vasto mundo Con su envoltura de maravilla: La virilidad del árbol. La condescendencia de la brisa. El mecanismo de la rosa. La arquitectura de la espiga. Su vello verde la tierra sin cesar cría la savia, invisible constructora, en andamios de aire edifica y sube los peldaños de la luz en volúmenes verdes convertida. El río agrimensor hace el inventario de la campiña. Sus lomos oscuros lava en el cielo La orografía. He aquí el mundo de pilares vegetales y de rutas líquidas, de […]
Dormiremos aquí donde la hormiga acumula su sórdida riqueza. Aquí, donde el verano no se atreve a hincar la azada ni a plantar la flecha. Aquí donde el festón de las raíces se agazapa y enreda. Dormiremos. Donde el agua inefable del invierno se filtra, leve, queda, hasta mojar los párpados y la sonrisa yerta. Aquí, taller sombrío en que se forjan las cosechas. Dormiremos aquí. Cerrad la puerta.
LA TORTUGA que anduvo tanto tiempo y tanto vio con sus antiguos ojos, la tortuga que comió aceitunas del más profundo mar, la tortuga que nadó siete siglos y conoció siete mil primaveras, la tortuga blindada contra el calor y el frío, contra los rayos y las olas, la tortuga amarilla y plateada, con severos lunares ambarinos y pies de rapiña, la tortuga se quedó aquí durmiendo, y no lo sabe. De tan vieja se fue poniendo dura, dejó de amar las olas y fue rígida como una plancha de planchar. Cerró los ojos que tanto mar, cielo, tiempo y […]
En la pelvis de la noche reposa el poema. La oscuridad es un cuerpo restirado, un cataplasma de tequila donde bebo los componentes de la euforia detonante. Levanto a nivel de la pupila el trompo de la alucinación, octaedro de imágenes ficticias contoneándose sobre la barra. En la taberna de los pensamientos -armada por el ansia de relajo- improviso un mural entre la turba con la reciedumbre del deseo. Me engaña la humareda de los andamios que ofuscan, y entonando una cantinela tras de un espectro salgo. Sobre el vaivén del mar etílico me apoyo en barandales de neón. Camino […]
Las lluvias perfuman la soledad de las ventanas. Un apresurado ademán asciende en las manos que gritan su incomunicación. Mientras los fuegos de la lluvia chillan como un niño que perdió sus ojos. Cada gota escribe su intolerante geografía; canta una y otra vez atropelladamente. Allí rechina el asfalto en los pies, y allí es donde el hombre que soy sufre su condena ciudadana y gris.
"Te he visto, por el parque ceniciento que los poetas aman para llorar, como una noble sombra vagar, envuelto en tu levita larga. El talante…
"Adoro las ciudades que son viejas ciudades de provincia y los puentes de piedra y los de hierro y los puentes en ruinas, viejos puentes…
Si me voy este otoño entiérrame bajo el oro pequeño de los trigos, en el campo, para seguir cantando a la interperie. No amortajes mi cuerpo. No me escondas en tumbas de granito. Mi alma ha sido un golpe de tempestad, un grito abierto en canal, un magnífico semental que embarazó a la palabra con los ecos de dios, y no quiero rondar, tiritando, mi futuro hogar, mientras la nieve acumula con además piadoso sus copos a mis pies. Yo quiero que la boca del agua me exorcise el espíritu, que me bautice el viento, que me envuelva en su […]
Todas la muerte y la vida se colmaron de tul. Y en el altar de los huertos, los cirios humean. Pasan los animales del crepúsculo, con las astas llenas de cirios encendidos y están el abuelo y la abuela, ésta con su vestido de rafia, su corona de pequeñas piñas. La novia está todo cargada de tul, tiene los huesos de tul. Por los senderos del huerto, andan carruajes extraños, nunca vistos, llenos de niños y de viejos. Están sembrando arroz y confites y huevos de paloma. Mañana habrá palomas y arroz y magnolias por todos lados. Tienden la mesa; […]
en los confines de nuestra selva un hilván de truenos jolgorio jolgorio bebes del jarro de una alfarera bebes y no derramas ni un sorbo…