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no se ha colmado la medida lo que has dicho lo que has amado se tiene ahora bajo el sol para ser despedazo o festejado no estás todavía del otro lado se ha dicho que tienes cosas por decir no se acabo esto mientras brille implacable la luz que desordena todo lo que debe decirse o ser amado

No ya mi corazón desasosiegan las mágicas visiones de otros días. ¡Oh Patria! ¡oh casa! ¡oh sacras musas mías!… Silencio! Unas no son, otras me niegan. Los gajos del pomar ya no doblegan para mí sus purpúreas ambrosías; y del rumor de ajenas alegrías sólo ecos melancólicos me llegan. Dios lo hizo así. Las quejas, el reproche son ceguedad. ¡Feliz el que consulta oráculos más altos que su dueño! Es la Vejez viajera de la noche; y al paso que la tierra se le oculta, abrese amigo a su mirada el cielo.

X Mas bien acatada tu varia mudança, por ley te goviernas, maguer discrepante, ca tu firmeza es non ser constante, tu temperamento es distemperança, tu más cierta orden es desordenança, es la tu regla seer muy enorme, tu conformidat es non ser confforme, tú desesperas a toda sperança.

Para mi amada Cuando de nuestro amor la llama apasionada, dentro de tu pecho amante contemples extinguida, ya que sólo por ti la vida me es amada, el día en que me faltes me arrancaré la vida. Porque mi pensamiento lleno de este cariño, que en una hora feliz me hiciera esclavo tuyo, lejos de tus pupilas es triste como un niño, que se duerme soñando en tu acento de arrullo. Para envolverte en besos quisiera ser el viento, y quisiera ser todo lo que tu mano toca; ser tu sonrisa, ser hasta tu mismo aliento, para poder estar más […]

Están así hasta hoy nuestras banderas. El pueblo las bordó con su ternura, cosió los trapos con su sufrimiento. Clavó la estrella con su mano ardiente. Y cortó, de camisa o firmamento, azul para la estrella de la patria. El rojo, gota a gota, iba naciendo.

La vida se nos va, ya ves, como leímos en los libros antiguos: en un soplo. Lo supimos entonces, acuérdate, admirando los versos de Virgilio. También a estas alturas, llevamos con nosotros los oscuros penates, y su lista se expande como en una batalla. ¿De qué nos sirve -dices- lo aprendido en los tratados de filosofía? Pues todo lo bailado terminarán quitándonos. No hay consuelo detrás de ese túnel, ya lo has visto: las lágrimas, el silencio de los corderos y la espada asesina del ángel. Toda una vida andando, andando, andando. Y lo peor resulta que es llegar.

Y la noche terrible se te entrará en los huesos. (Acaso en nuestras horas de amor lo presentiste). En tu morada oscura, la canción de mis besos pondrá un temblor de almohada sobre la tierra triste. Mi espíritu a tu lado velará sin descanso, disipando las nieblas oscuras de la muerte. Sentirá que la vida se va como un remanso, y frente a los misterios, se creerá más fuerte. Tú no estarás inerte. Te abriré mi memoria. y olvidaré, a tu lado que tengo que vivir, y junto a tus despojos, apuraré la gloria de vivir como un muerto, mirándote […]

Cuando nací me pusieron una pieza de Lego en mi mano con una nota que decía: sólo hay otra pieza – de entre un millón – que pueda encajar con la tuya, podrás encontrarla a lo largo de tu vida, o no. Esa pieza está hoy a mi lado, eres tú.

Idioma vencido de tus labios: palabras muertas de nieve brotan, como almendra antigua, amenazada de males, de albas, de murmullos. Y la roca, y la arcilla, sin alas se aferran al aluvión, huyen del viento y funden su soledad en la extraña máscara: rasgos fijos del amante en la edad, imprecisa y sin tiempo, de la amada. Fuente alerta, estrella detrás de la mañana, tu cuerpo se impacienta sin tormentas y sin nadie. Arco de sol y hierba mordida porque las cenizas del vencedor urgen la agonía de la flor tenaz. Fardo de placer, que nunca soporta te vence, con […]

“Si intentaras abarcar con la mirada toda la tempestad que nubla mis sentidos, tú -pequeño dios errante- dudarías entre el llanto y la rabia de tus ojos vencidos. Y acaso, náufrago indeciso, querrías compartir mi tempestad, en este universo donde el calor y la furia de mis besos, te dejaran -apenas-, sensación, olor, quietud de olvido…

Mañana. Acaso el sol golpea en dos ventanas que entran en erupción. Antes salen los indios que pasan al mercado tiritando con todo el trópico a la espalda. Y aún antes los amantes se miran y se ven tan ajenos que se vuelven la espalda. Antes aún ese ángel de la guarda que se duerme borracho mientras allí a la vuelta matan a su pupilo: ¿Qué va a llevar más que el puñal del grito último a su Amo? ¿Qué va a mentir? ‘Lo hiciste cieno y vuelve humo pues ardió como te amo’. Tal vez mañana el sol en […]

"Es como si estuviera en medio de una niebla espesa José Saramago: Ensayo sobre la ceguera Hay historias para no contarse nunca Hay encuentros al…