Cree el hermoso que la vida es hermosa que el fluir de sus favores abarca a todo el mundo; pues él tiene un carácter como…
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12,749 poemasLuz fantasmal se posa sobre el jardín sobre el techo de las casas en la altura de los árboles quietud de luna llena inunda mi cuarto retroceden las sombras presurosas mi rostro en la ventana atestigua la magia nocturna el hechizo de las estrellas portal del misterio abierto a mis sueños avanza la noche hacia la muerte luminosa que asoma, tímida, con sus rayos de muerte…
Se suicidó la estatua del dictador. La estatua vivía en el centro del estanque. Una noche de viento la estatua se lanzó al agua. La estatua del dictador murió ahogada. Sólo las gaviotas la echaron de menos.
Una mujer y un hombre llevados por la vida, una mujer y un hombre cara a cara habitan en la noche, desbordan por sus manos, se oyen subir libres en la sombra, sus cabezas descansan en una bella infancia que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz, una mujer y un hombre atados por sus labios llenan la noche lenta con toda su memoria, una mujer y un hombre más bellos en el otro ocupan su lugar en la tierra.
El vuelo de esta avispa en el azul del aire, contra un fondo de cipreses y falsas columnas medievales, mientras Paula desanuda con paso azorado el jardín y advierte fugazmente cada tronco, la trama ensimismada de setos y empedrados, viene tal vez de muy lejos, de un tiempo anterior a los tiempos que recuerdo, cuando el simple existir de las cosas se imprimía en los ojos con limpieza, y el vuelo recto y absorto de la avispa era tan sólo acción y asombro, humilde acontecer como este fondo azul que afirma a los cipreses de repente crecidos, igual que ahora […]
Dime, dime el secreto de tu corazón virgen, dime el secreto de tu cuerpo bajo tierra, quiero saber por qué ahora eres un agua, esas orillas frescas donde unos pies desnudos se bañan con espuma. Dime por qué sobre tu pelo suelto, sobre tu dulce hierba acariciada, cae, resbala, acaricia, se va un sol ardiente o reposado que te toca como un viento que lleva sólo un pájaro o mano. Dime por qué tu corazón como una selva diminuta espera bajo tierra los imposibles pájaros, esa canción total que por encima de los ojos hacen los sueños cuando pasan sin […]
Estas certidumbres vienen a cada momento Tal pareciera ser lo único que puede suceder Otra vez saqué el diccionario busqué la palabra precisa -rondó una mariposa rojaoscura en la cama- apagué la luz y me puse a dormi
Sobre dos urnas de cristal labradas, De vidrio en pedestales sostenidas, Llorando está dos ninfas ya sin vidas, El Betis en sus húmidas moradas, Tanto por su hermosura dél amadas, Que, aunque las demás ninfas doloridas Se muestran, de su tierno fin sentidas, Él, derramando lágrimas cansadas: «Almas», les dice, «vuestro vuelo santo Seguir pienso hasta aquesos sacros nidos, Do el bien se goza sin temer contrario; Que, vista esa belleza y mi gran llanto, Por el cielo seremos convertidos, En Géminis vosotras, yo en Acuario».
Mago de espina seca astrada medialuna bajo el carmen perfecto vio dos mañanas de fuegos azules ardiendo entre cristales sabios el amor lejos siempre de la sabiduría más calor, más agua verde, amenazando qué estirpe religiosa tras la cortina el pasillo laberinto el silencio y la letra creció el humo y nació la piedra la virtud.
Entre la espuma y la marea se levanta su espalda cuando la tarde ya iba cayendo sola. Tuve sus ojos negros, como hierbas, entre las conchas brunas del Pacífico. Tuve sus labios finos como una sal hervida en las arenas. Tuve, en fin, su barbilla de incienso bajo el sol. Un muchacho del mundo sobre mí y los cantares de la Biblia modelaron sus piernas, sus tobillos y las uvas del sexo y los himnos pluviales que ancen de su boca envolviéndonos si como a dos nautas enlazados al velamen incierto del amor. Entre sus brazos, vivo. Entre sus brazos […]
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A mis dos hijos El pez terrícola Traza el rumbo con su cola de risas Y es la espuma su tren de fiesta En la marea de castillos y murallas Conque insemina las pupilas del mundo El Quijote de mar Enciende plétoras olas Y son los remolinos de su angustia La batalla salada que tensa contra Neptuno Quien pensativo se marcha Sentada en la arena La Mona Lisa los observa Mientras el viento suelta almohadas En donde descansan los sueños rotos De estos tres argonautas