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Insistió. La garganta en las verjas, las pendientes, los flancos rosas del derrumbe, el martillo del agua del envés, la madera sellada en el balcón de una larga clausura. Quién sabe, su soledad estaba plagada de refugios, levitaba en la cola de la niebla, rotaba aún sin saber donde vuelven las corrientes. Formábanse la sombra rota, la pezuña del luto, el baúl, la maleza, la piel sustituida. Formábase lo repartido. – Permiso, licença, o rodopio do mar dónde se olvida.

Ahora me comen. Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas. Oigo su roer llegarme hasta los testículos. Tierra, me echan tierra. Bailan, bailan sobre este montón de tierra y piedra que me cubre. Me aplastan y vituperan repitiendo no sé qué aberrante resolución que me atañe. Me han sepultado. Han danzado sobre mí. Han apisonado bien el suelo. Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado. Este es mi momento. (Prisión del Morro. La Habana, 1975)

"Sin saber por qué, has vuelto, y miras la tarde soleada: la misma enredadera verde, las flores junto al muro, la verja de hierro carcomido,…

"Sentir de niña el alma es poder apretar fuerte el ahora entre los brazos, hasta que no se vaya. Es saber dejar atrás dolores y…

Así la eternidad era el minuto . Vicente Aleixandre Desnuda, y nada existe en este anillo funeral que inclina su sombra bajo el tiempo, y es tan sólo letargo la estancia, aquella lámpara que se apagó de pronto en la caricia de una ciudad celeste, mientras estoy tomándote en la complicidad helada del silencio, y más lejos el mundo enciende su cosmética nocturna. O descansa la imperceptible púrpura de un labio contra el cristal ilímite de una copa vacía.

Volvía a casa entre disparos y engañadas multitudes ciegas en su tormenta, amado pueblo mío. Qué trágico, qué duro, qué cruel nuestro destino de arar sobre el mar y que la luz te enlute. Desasosiego físico, que podía palpar como un dolor de muelas en el alma, me saturaba el cuerpo: zozobra que era náusea, entre certeza y duda de tu verdad mañana. Yo soy mi pueblo ciego con los ojos abiertos. Mi pueblo luminoso embarrado de sombra. La realidad y el sueño, la raíz y el lucero. La guitarra que siembra la semilla del alba. Por igual me dolían […]

Despidióse el francés con grasa buena, (Con buena gracia digo, señor Momo), Hizo España el deber con el Vandomo, Y al pagar le hará con el de Pena. Reales fiestas le impidió al de Humena La ya engastada Margarita en plomo, Aunque no hay toros para Francia como Los de Guisando, su comida y cena. Estrellóse la gala de diamantes Tan al tope, que alguno fue topacio, Y aun don Cristalïán mintió finezas. Partióse al fin, y tan brindadas antes Nos dejó las saludes de Palacio, Que otro día enfermaron Sus Altezas.