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Voy hacia ti como una rosa viva deshojada en distancias y en esperas… No lo sabes aún. Y no aceleras el encuentro en la hora decisiva. Voy hacia ti con precisión altiva y antes que yo -oscuras mensajeras del porvenir- las grises hilanderas van tejiendo la trama fugitiva. Estás en mí. Y no eres el culpable: algo de tu presencia indescifrable me dilata en las venas el latido y se estira en mi piel con grave alarde. Mis pájaros se alargan en la tarde y todo es tan perfecto, que ya ha sido.

por este campo estéril y ascondido; todo calla y no cesa mi gemido y lloro la desdicha de mi estado. Crece el camino y crece mi cuidado, que nunca mi dolor pone en olvido; el curso al fin acaba, aunque estendido, pero no acaba el daño dilatado. ¿Qué vale contra un mal siempre presente apartarse y huir, si en la memoria se estampa y muestra frescas las señales? Vuela Amor en mi alcance y no consiente, en mi afrenta, que olvide aquella historia que descubrió la senda de mis males.

Voz

Elsa Cross · 2025

Tu voz contra el atardecer. El viento empuja sobre el cristal las ramas de los altos encinos. Tu voz llena el espacio. Y no hay instrumentos para tu canto. Tu voz dibuja signos en el viento La noche va bordeando en silencio ese núcleo donde la luz se detiene todavía mientras tu voz, tu voz sola borra el instante.

Estoy solo en el grito inesperado que lanzo en mi sabor de oscuridades para llenar de voz mis soledades y revivir mi ser deshabitado. Mi cuerpo se atormenta, desolado, en una larga sombra de crueldades y el pensamiento rueda en tempestades de presencia de infierno exasperado. Corre miedo de muerte por mis venas y mi sangre dolida se adelgaza en una pena que temblores llora. Si muerto estoy entre las muertes llenas de la inquietud de muerte que me abraza ¿con qué muerte podrá salvarme ahora?

al General Eduardo Hay No sé quién soy en esta llama cruenta de angustia, de dolor, de goce y llanto, en que nace el misterio de un encanto que destruye mi vida y la alimenta. No sé quien soy en esta red que inventa peces de espuma en vértigos de espanto y un venero de siglos que levanto para saciar la sed que me atormenta. En un mundo de sombra y amargura me interrogo con voz desconocida que parece una voz ajena y dura. Y queda mi razón desvanecida porque todo el dolor de mi locura me duele fuera de […]

No sé cómo mirar para encontrarte, horizonte de amor en que me excito, distancia sin medida donde habito para matar las ansias de tocarte. No sé cómo gritar para llamarte en medio de mis siglos de infinito donde nace el silencio de mi grito movido por la sangre de buscarte. Mirar sin que te alcance la mirada; sangrar sin la presencia de una herida; llamarte sin oírme la llamada; y, atado al corazón que no te olvida, ser un muerto que tiene por morada un cuerpo que no vive sin tu vida.

Musa de juventud, que a la eterna distancia del olvido dilatas tu perenne armonía, el último vestigio de una ideal fragancia hoy sube del jardín de mi melancolía. Verdor de las praderas cuajadas de rocíos, tu recuerdo minora la fatiga doliente con que los corazones de ilusiones vacíos se pierden en la noche pacífica y doliente. Hoy que, mudas las voces de todas las virtudes, me devora el supremo dolor del egoísmo, purísima visión de muertas juventudes, cómo pensar que un día naciste de mí mismo. Cuando, tras horas crueles de fiebre y desaliño, un minuto de paz me concede […]

Desde que se perdió en el horizonte, llevando, como un manto, mis miradas, no he dado un paso más en el sendero. Si vuelve a estos caminos otoñales, conocerá que, como en una fosa, yo me he echado a morir en el recuerdo. Y le diré: ‘En el viento del otoño, con los ojos cerrados, percibía la sutil pena del perfume tuyo. ‘Yo sabía de ti: nubes de encaje, empapadas de azul desde los cielos, tus altos pensamientos dibujaban. ‘La última luz violeta conseguía tender sobre los cielos y la tierra la triste paz de una mirada tuya. ‘Y el […]

Vuela, pensamiento, y diles A los ojos que te envío Que eres mío. Celosa el alma te envía Por diligente ministro, Con poderes de registro Y con malicias de espía; Trata los aires de día, Pisa de noche las salas Con tan invisibles alas Cuanto con pasos sutiles. Vuela, pensamiento, y diles A los ojos que te envío Que eres mío. Tu vuelo con diligencia Y silencio se concluya, Antes que venzan la suya Las condiciones de ausencia; Que no hay fiar resistencia De una fe de vidrio tal, Tras de un muro de cristal, Y batido de esmeriles. Vuela, […]

Sólo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto que sea como el pájaro más leve y fugitivo? Hundiendo va este odio reinante todo cuanto quisiera remontarse directamente vivo. Amar… Pero ¿quién ama? Volar… Pero ¿quién vuela? Conquistaré el azul ávido de plumaje, pero el amor, abajo siempre, se desconsuela de no encontrar las alas que da cierto coraje. Un ser ardiente, claro de deseos, alado, quiso ascender, tener la libertad por nido. Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado. Donde faltaban plumas puso valor y olvido. Iba tan alto a veces, que le resplandecía sobre la piel el cielo, […]