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El vuelo de esta avispa en el azul del aire, contra un fondo de cipreses y falsas columnas medievales, mientras Paula desanuda con paso azorado el jardín y advierte fugazmente cada tronco, la trama ensimismada de setos y empedrados, viene tal vez de muy lejos, de un tiempo anterior a los tiempos que recuerdo, cuando el simple existir de las cosas se imprimía en los ojos con limpieza, y el vuelo recto y absorto de la avispa era tan sólo acción y asombro, humilde acontecer como este fondo azul que afirma a los cipreses de repente crecidos, igual que ahora […]

para la ciudad de León, Guanajuato Suave doncella, madre de celeste manto recibo los pétalos de tu amor inmenso para vencer a la pantera negra a la bestia enrarecida que me habita. Madre Santísima de la Luz, bajo tu media luna todo se transfigura: bajo tus pies, mi llanto bajo tu velo, el alba bajo tu amor, mi vida.

Soy el objeto que soy y a veces también soy otro y estoy lejos sentado en agua y tierra y en el eco de las lenguas ardientes Y duermo, sí, duermo la colosal aventura de la palabra humana acuchillada y ebria sangrante en el recuerdo de los muertos que parecieran venir de adentro y sollozaran al verme escribir sus nombres Y ahora, cuando sale de mi boca esa tonada de lluvia y sol mojado me recuesto por todas partes y respiro cicatrices y recojo las migajas que le sobran a mi alma y tengo frío y me despierto en medio […]

Crepusculaba amenazas y con fingidos jazmines carne daba a miserias o batallas por conseguir ponerse nombre a través de papeles o misterios sepultados: cinturas con livianas mordeduras de hambre, martillos, rojos, clavados adioses y ojos con demasiadas tortugas como para ser fotografiados: crepusculaba, del cielo precisamente huérfano nostalgias de sí o de nada crepusculaba.

Me cuenta un biógrafo que a través de un resabio de cristal Pudo visitar Rusia y tertuliar un rato Con Marina Tstatieva. Ella lo recibió con su rostro de hambre Y el vestido raído y con el vaso de agua desbordado por la vendimia de los años Y le brindó rodajas de salmón desesperadamente Después de haber tomado El vaho del día y las temibles noticias, de deudas Muertes y encarcelamientos de vecinos y seres queridos. El salmón –eso me cuenta- fue un regalo de Pasternak Desde muy lejos, desde su cabaña donde podía ver el sol Y el hielo […]

Vuelven los caballos Ágiles, Elásticos, Piafantes, Resueltos, Las ancas lustrosas, Los ojos eléctricos, Los nervios tensados como cuerdas de arco, Las crines al viento Y la historia patria montada, Tatuada, Estereotipada sobre todos ellos. Vuelven los caballos remascando el freno, Arrollando fechas, Saltando recuerdos, Repicando nombres de conquistadores, De héroes, De clérigos, De altivos virreyes, De descamisados, Y de comuneros. Vuelven los caballos de relincho hispano, Inmenso, Ecuménico, Los que le arrancaron chispas al camino Porque iban herrados con cuatro relámpagos, Los caballos negros, Los caballos pintos, Los caballos bayos, Los que se bebieron la savia de América En el […]

Vuelvo a clavar por los marcos rajados de humedad las chinchetas de cabezas rosadas y puntas fieles que ingresan en la madera y se asientan como flechas para soportar el peso invariable de las manitas de mis muñecas. Con vestidos de niña aterciopelada. Vuelvo a observar el susto aterrado de las caras andrajosas de mis muñecas hembras. Y vuelvo a temer (imaginar) un temblor en sus ojos. De harina.

De pronto vuelvo a la noche con mis zapatos de agua. Me desnudo en el lento ejercicio de mis manos y busco solamente un objeto mío, un pequeño barco, un cometa, un circo de inventadas cosas, figuras cotidianas, tuyas y mías, que amo. Pero sé que de pronto me vuelvo inaccesible y vuelvo a ser silencio y llama oscura, donde mi barco se escapa de tu orilla.

“Tras un hombre que amé en la primavera se marchó mi vestido, enamorado. Él me abrazó diciendo “”vuelvo pronto””. La flor que me dejó arrugó mis manos. Mi chal de Cachemira se llevó quien me acostó a la sombra del verano, y mudó a sus mejillas mi color, y la sal de sus besos a mis labios. Mi abrigo beige que calentó un otoño me lo quitó, sobre el sofá, jugando, el hombre de otra, que me dijo hallar de soledades llenas nuestras manos. Que todo se llevaron. Fue muy fácil bajar el cierre de mis dos leopardos, arrugar mis […]