When you are smiling ocurre que tu sonrisa es la sobreviviente la estela que en ti dejo el futuro la memoria del horror y la esperanza la huella de tus pasos en el mar el sabor de la piel y su tristeza When you are smiling the whole world que también vela por su amargura smiles whith you.
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12,749 poemas"Nunca te tengo tanto como cuando te busco sabiendo de antemano que no puedo encontrarte. Sólo entonces consiento estar enamorada. Sólo entonces me pierdo en…
Yo le tenía miedo. No sabía que un delgado cuchillo entra en la carne sin despertar la piel. Como entra el frío. Como una piedra agujerea el agua. Pensaba que su grito subiría, como una lagartija, por mi brazo, haciendo que soltara mi cuchillo. ¿Qué debe uno decir en estos casos? Pensaba que en sus ojos hallaría la sonrisa cansada de la noche. Aquella que yo solo causaba. Antes. Pero no hubo mirada ni hubo grito. Un delgado cuchillo entra en la carne sin despertar la piel. Como entra el frío. Y sabe hallar la vida allí escondida con rápido […]
No reparaste en mí, sino en los otros cuando nos conocimos. Me miraste fríamente, indiferente y enseguida conversaste animada con los otros. Las casas no conocen la piqueta que roerá sus cimientos algún día. Ni conoce la lluvia el sitio exacto en que caerá, agarrada a su alta nube. Te adulé largamente y fui paciente. Fui ingenioso contigo. Fui agradable. Soporté tus caprichos y desprecios sin dejar de halagarte tenazmente. Y un día descubriste que tu nombre sabía dulcemente si mi boca lo ponía en tus labios. Aquel día dejaste de ocuparte de los otros. Yo no reparo en ti, […]
Un hombre muerto es nada. Sólo un bulto pequeño, ahí tirado sobre el suelo. Su incómoda postura en la calzada, molesta de aquel peso tan inmóvil, más bien causa aversión que no respeto. No hay grandeza en la muerte de esos hombres que mueren, o los matan, en la calle.
debe de ser pecado este mundo lleno de teléfonos de sellos, de correo electrónico de faxes …debe de ser pecado que no llames, que no escribas, que no navegues …que no dejes de dolerme…
"El sol deformado tras un culo de botella en un cielo con emplomaduras sobre la cabecera del puente, negros los fierros, negra el agua, gris…
Sospechan de nosotros. Ha pasado el primer autobús, y nos sorprende en el lugar del crimen, desatados los cuellos y las manos a punto de morir, abandonándose. Nos da el alto la luz, sentimos su revólver por la espalda, demasiado indeciso, su temblor en nosotros, encubierto bajo el pequeño bosque de las sábanas. ¡Corre! ¡Coge el amor y corre cuerpo adentro! Hay un desfiladero sin leyes en los labios, un laberinto ardiendo de salidas. Mira tu corazón o tu cintura, ese castillo en alto que mis muslos coronan como un lago de niebla. ¡Corre! Atiende sólo al viento de la […]
A tu orilla he venido. Tengo un otoño, un pájaro y una voz desusada. Tú me esperas: un río, una pasión y un fruto. Y tiene nuestro encuentro el vuelo, la corriente, seguros, proclamados. He venido a tu orilla con los brazos tendidos y ahora ya soy la hierba que no termina nunca, el barro donde el agua sujeta sus mensajes y la cuna del cauce para mecer tu sueño. Dime si estoy pendiente de mi diario trabajo, si basta a tus oídos mi tristísimo verso o si a mi sombra vive mejor mayo tu carne. De tu orilla me […]
Buey que vi en mi niñez echando vaho un día bajo el nicaragüense sol de encendidos oros, en la hacienda fecunda, plena de la armonía del trópico; paloma de los bosques sonoros del viento, de las hachas, de pájaros y toros salvajes, yo os saludo, pues sois la vida mía. Pesado buey, tú evocas la dulce madrugada que llamaba a la ordeña de la vaca lechera, cuando era mi existencia toda blanca y rosada, y tú, paloma arrulladora y montañera, significas en mi primavera pasada todo lo que hay en la divina Primavera.
(Homenaje a Chuang Tzu) Anoche te soñé. Llevabas una gabardina de piel, y abajo nada. Era otoño y estabas empapada de lluvia; caminabas en alguna estación de Madrid hacia ninguna parte. Detenías tus pasos, cada tanto, para sentir azafranada tu piel resplandecer ante la luna de un espejo invisible donde había un hombre que soñaba una mujer, y una mujer semidesnuda, hermosa, mojada en el orvallo. Todavía me parece mirarte sostener la mirada de aquella mariposa.
Hace siglos llovieron sonrisas a mi solitario caracol padecí tus fiebres y alcancé tu pecho para anidar. De vos, ni un solo gesto queda tan sólo el pincel de tu recuerdo que te dibuja en mi soledad, ya no volveré a tus labios ni a tu almohada piedra de volcán. Sea por vos que devoro inviernos con los ojos y trenzada a tu muerte mantengo mi munición de amor para esparcirte en todas mis galaxias en punto del disparo con profundo amor a mis compañeros y el odio más temido a la implacable ave de rapiña enemiga del futor, del […]